Soy mahleriano y amo mi orquesta sinfónica/ El banquete de los pordioseros  - LJA Aguascalientes
24/02/2024

Otra vez es septiembre, mediados del mes y los aniversarios se acumulan uno tras otro y no hay forma de dedicarles un espacio a todos, ya sabes, entre ellos los aniversarios luctuosos de Jimi Hendrix y Rick Wright, tecladista de Pink Floyd, aniversarios de las publicaciones de discos como Close to the Edge de Yes y Wish you were here de Pink Floyd, el aniversario del estreno de la Sinfonía No.8 de Gustav Mahler, la llamada Sinfonía de los Mil el 12 de septiembre de 1910 en Munich Alemania. Tenemos también el aniversario del terremoto en la ciudad de México que le cambió el rostro por completo a la capital del país el 19 de septiembre de 1985 y en donde falleció el Profeta del Nopal, Rockdrigo González después de haber publicado su única producción oficial llamada Huranistorias, no, no está mal escrito, así se llama el disco. Tenemos también el aniversario del Festival de Rock y Ruedas de Avándaro en Valle de Bravo, Estado de México los días 11 y 12 de septiembre de 1971, nuestra versión de Woodstock, rústica tal vez, pero nuestra y muy nuestra.  

Considerando todo lo anterior, vale la pena, por lo menos hacer mención de estos eventos, trascendentes todos en el desarrollo musical del siglo y su definición en el XXI, pero quisiera centrar mi atención en el estreno de la Sinfonía No.8 de Gustav Mahler, permíteme darme ese gusto, finalmente soy mahleriano hasta la médula de los huesos y considero el estreno de la octava un acontecimiento sumamente importante en el desarrollo de la música en el siglo XX.

La Sinfonía octava de Mahler, quien se asumía a sí mismo como tres veces apátrida, representa una ruptura en el lenguaje sinfónico, no obstante que el antecedente inmediato anterior a las sinfonías de Mahler es por un lado Beethoven quien introdujo el concepto de la sinfonía coral con su gloriosa novena, y quizás Liszt con su Sinfonía Fausto, un extraordinario ejemplo de lo que es el poema sinfónico , además de Anton Bruckner, el trovador de Dios con la significativa longitud de sus sinfonías y la cantidad de músicos requerida para la ejecución de su corpulenta estructura de nueve monumentales sinfonías.

Mahler, como máxima expresión del llamado postromanticismo, representa junto con Richard Strauss, la transición del siglo XIX al siglo XX, y aunque vivió apenas poco más de una década de la pasada centuria, lo concibo como el sinfonista más importante del siglo XX, a pesar de las 15 sinfonías de Shostakovich o cualquier otro compositor de ese siglo.

La octava, a diferencia de cualquier otra sinfonía anterior o de su época, no está dividida en dos, tres, cuatro, cinco o los movimientos que sean, su estructura es solo en dos partes, la primera, la más breve de apenas unos 24 o 25 minutos de duración, es el himno católico del siglo IX Veni Creator Spiritus, que ya anteriormente algunos compositores habían musicalizado, y la segunda parte es una adaptación del final del drama del Doctor Fausto de Johann Wolfgang van Goethe. Creo que la pregunta  de qué tienen que ver entre sí cada una de las dos partes de la obra es completamente válida, aparentemente no hay un hilo conductor entre una parte y otra, sin embargo, la intención del compositor es hacernos ver que en cada una de las dos partes que integran su monumental octava, encontramos el poder redentor del amor, ese es el objetivo de esta obra, Fausto se siente perdido al ver su final y arrepentido clama a la misericordia de Dios, es el poder redentor del amor de Dios lo que lo salva ante el arrepentimiento. Una obra musical de tal naturaleza tendría que ser un verdadero monumento. Su inicio es glorioso, monumental con ese órgano soberbio dando pie a la entrada conmovedora del coro y una orquesta de más de un centenar de instrumentistas.

El estreno aquel 12 de septiembre de 1910 en la ciudad bávara de Múnich, o München como dirían los alemanes, fue el éxito más grande alcanzado por Mahler en vida, convocó un coro de 850 voces, una orquesta de 150 músicos y los ocho solistas que pide la partitura, de ahí su apodo, que por cierto, nunca fue del agrado del compositor, pero que ha pasado a la historia con ese nombre, la Sinfonía de los Mil.

Claro, no tienen que ser necesariamente mil músicos, pero sí un contingente importante entre coro y orquesta. En nuestra ciudad se interpretó esta obra en abril de 2004 con la Orquesta Sinfónica de Aguascalientes, el Coro de la Ópera y apoyo coral de otros países, si no me equivoco, con coros de Brasil, Argentina y Cuba, un coro local infantil, además, por supuesto, de la Orquesta Sinfónica de Aguascalientes con músicos extras logrando reunir casi 500 músicos y teniendo como escenario el Teatro Aguascalientes. Hasta ese momento, la de los Mil de Mahler, solo se había interpretado cuatro veces en México, dos veces la Sinfónica Nacional, Xalapa y Aguascalientes, no sé ahora cómo estén las cosas, pero lo que sí sé es que nuestra Sinfónica es una de las pocas que ya han completado el ciclo de las nueve sinfonías terminadas de Gustav Mahler, y créeme, eso no es cualquier cosa. “La Sinfónica de Aguascalientes es una fina pieza de cristal cortado”, -decía el maestro Luis Herreda de la Fuente en una de sus visitas a nuestra ciudad-, “y como tal, hay que tratarla”.

 



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