El Ejército, el narcotráfico y los multimillonarios, los beneficiarios de la 4T: Villoro - LJA Aguascalientes
25/11/2022

 

“Nos estamos moviendo en una franja de grises compleja”, comenta a Proceso el escritor mexicano Juan Villoro desde Bogotá, donde recibió el Premio a la Excelencia de la Fundación Gabo 2022. Lopezobradorista tempranero, el galardonado hace un recuento de su alejamiento del tabasqueño y de los errores de gobierno de la 4T y de la contradicción que lo envuelve: “Me preocupa que es un gobierno populista, con una bandera presuntamente de izquierda, que aplica políticas muchas veces neoliberales, a pesar de que su retórica todo el tiempo cuestione esto”.

 



 

 

 

El escritor y periodista mexicano Juan Villoro, quien hace unos días recibió en Bogotá el Premio a la Excelencia de la Fundación Gabo, recuerda que en las elecciones presidenciales de 2006 se involucró de tal manera en la campaña de Andrés Manuel López Obrador que incluso cruzó una frontera y estaba dispuesto a ser funcionario público.

 

“De haber ganado la elección López Obrador, hubiera sido difícil que yo no contribuyera en algo con ese gobierno”, señala Villoro.

 


Seis años después, en la campaña de 2012, Villoro se había desencantado de López Obrador por su conducta poselectoral en 2006, que le pareció “muy negativa” (el cierre de la avenida Reforma, por ejemplo) y que lo condujo a “un desgaste innecesario”, pero, aun así, volvió a votar por el entonces candidato presidencial del Partido de la Revolución Democrática.

 

Lo hizo, según dice, “con escepticismo”, seguro de que perdería la elección ante el priista Enrique Peña Nieto. Piensa que si el perredista hubiera tenido otra conducta tras las elecciones de 2006, “posiblemente” hubiera ganado los comicios de 2012, porque el gobierno de Felipe Calderón fue un desastre”.

 

En entrevista con Proceso durante su visita a Colombia, Villoro sostiene que el mejor escenario para México habría sido que López Obrador ganara la elección en 2006, “cuando estaba en plenitud de sus facultades, cuando no había establecido pactos que a mí no me parecen tan aceptables, con sectores difíciles de defender, y cuando era un candidato con una línea mucho más clara y había planteado un gabinete bastante plural”.

 

En la campaña electoral de 2018, el novelista, cuentista y dramaturgo decidió apoyar a la candidata indígena María de Jesús Patricio, conocida como Marichuy, y votó por ella a pesar de que no logró obtener las firmas necesarias para aparecer en la boleta de aspirantes presidenciales.

 

A esas alturas Villoro ya advertía que López Obrador había dado el paso hacia “un caudillismo avanzado y personalista” y que se alejaba “de proyectos modernos y autocríticos”.

 

En la narrativa de la polarización mexicana, esa sola afirmación bastaría para ubicar al escritor en el bando de los opositores al actual presidente. Pero lo cierto es que él ha ejercido desde siempre su condición de observador crítico de la realidad nacional y que de ello ha dejado constancia en sus artículos, novelas, ensayos y en sus punzantes crónicas sobre los múltiples “desastres” que han causado a México los gobiernos del PRI y del PAN.

 

 

 

Un balance pesimista

 

Villoro plantea que es en ese contexto en el que se debe hacer el balance de lo que ha sido hasta ahora el gobierno de López Obrador, quien el próximo 1 de diciembre cumplirá cuatro años como presidente de México.

 

“Los peores análisis –asegura– son los más ideologizados, los que sistemáticamente dicen ‘todo está mal’ o ‘todo está bien’, y desgraciadamente en la polarización actual podemos ver editorialistas que dedican el mismo editorial, semana a semana, a denostar o a encomiar al presidente”.

 

Y por eso, señala, “por principio de cuentas tenemos que establecer una comparación con los gobiernos anteriores, que practicaron sistemáticamente la cleptocracia, que fueron responsables de matanzas, secuestros y de terrorismo de Estado a lo largo de décadas.

 

“Los desastres del gobierno de Felipe Calderón, comparados con los de López Obrador, pues, obviamente, nos llevan a pensar no en que uno es bueno y el otro malo, sino en que nos estamos moviendo en una franja de grises compleja”, asegura el autor de la novela El Testigo y del libro de relatos ¿Hay vida en la tierra?, quien obtuvo el Premio a la Excelencia 2022 de la Fundación Gabo por el conjunto de su obra.

 

–¿Y qué ve en esa franja de grises? –se le pregunta.

 

–Este gobierno ha cometido muchísimos errores y creo que debe ser criticado puntualmente por cada uno de ellos: la concentración de poder de Morena, que se está convirtiendo en una especie de nuevo partido oficial o partido de Estado, que incluso está convirtiendo al PRI en un partido satélite; el hecho de que haya una verticalidad en el ejercicio del poder; los continuos ataques a distintos sectores de la sociedad, sean las feministas, los científicos, los periodistas, los intelectuales, etcétera. Todas estas cosas están mal.

 

“También –agrega– hay un problema del gobierno: no ha entendido la utilidad social de la crítica y considera como traición o un acto de oposición frontal cualquier cuestionamiento de algo que no está bien, ignorando que muchas veces la crítica no se hace para destruir un proyecto, sino para perfeccionarlo. ¿Realmente era necesario cancelar un aeropuerto en el que ya se había invertido mucho? El hecho de que se cancelara de un plumazo, con un costo tan elevado, pues casi significó un nuevo Fobaproa”.

 

–¿Y qué cree que marcha bien en este gobierno?

 

–Creo que la macroeconomía ha tenido una relativa estabilidad, tomando en cuenta la durísima pandemia y el comportamiento mundial de los mercados. El país ha salido más o menos librado en el tema de la pandemia, de manera muy cuestionada por los muchos errores que ha cometido (Hugo) López-Gatell, con más desastres y más carencias de las que debíamos tener, pero también venía estructuralmente, desde hace mucho tiempo, un desabasto en los hospitales y la salud en general en el país.

 

–¿Y qué le preocupa del país? –se le pregunta al autor de Llamadas de Ámsterdam.

 

–Me preocupa que este es un gobierno populista, con una bandera presuntamente de izquierda, que aplica políticas muchas veces neoliberales, a pesar de que su retórica todo el tiempo cuestione esto. ¿Y quiénes se han beneficiado? Pues ciertos multimillonarios, el Ejército y el narcotráfico, que no deja de tener grandes ganancias. Esos tres sectores son muy preocupantes. Es un México que sigue siendo de plutócratas, de grandes empresarios todopoderosos, de criminales con un gran poder que ejercen la soberanía en buenas partes del país, y de un Ejército que asume funciones cada vez más ajenas a sus tareas originales y que ocupa un espacio político preponderante.

 

–¿Tiene dudas de que este gobierno sea de izquierda?

 

–Este diseño de país no es un diseño de una política de izquierda. En temas como los pueblos originarios, la educación, la ciencia, la nivelación social y la lucha contra la pobreza ha quedado bastante rezagado.

 


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