Las Guacamayas y la elasticidad anímica presidencial/ Bravuconadas  - LJA Aguascalientes
08/12/2022

Pa´ los toros de El Jaral, los caballos de allá mesmo…

Dicho popular mexicano

 



 

Por los rumbos de San Felipe Torres Mochas, camino a Guanajuato, se encuentran los restos de la hacienda de Jaral de Berrio, una de las más grandes y prósperas que hubo en México. Tuvo sus inicios a fines del siglo XVI y se mantuvo vigente hasta los años de la Revolución, y en efecto, se destacaba por la crianza de toros bravos y caballos de excelencia. (Ángeles González Gamio, La Jornada, 05/12/10) De ahí el dicho que encabeza esta columna.

La guacamaya es una especie de ave perteneciente a la familia del loro o papagayo. Habita a lo largo de un amplio rango de distribución que abarca desde el sureste de México hasta las selvas del centro de Bolivia, en bosques húmedos tropicales cercanos a grandes corrientes de agua.

Lo anterior viene a cuento tras la noticia que llenó los espacios noticiosos de México y del mundo del jueves 29 de septiembre, cuando el periodista Carlos Loret de Mola, de LatinUs, hizo público que un grupo de hackers autonombrados “Guacamaya”, le habían dado a conocer que violaron la seguridad de los servidores de las secretarías de la Defensa Nacional y de la Marina.

Pero ¿quiénes son “Guacamaya”? Este grupo de hackers se autodefine así: “Guacamaya somos todas, todas aquellas personas afectadas ancestralmente por la invasión y el despojo de Abya Yala (término elegido por las naciones indígenas para nombrar al continente americano); somos las hijas y los hijos de aquellos que defendieron la vida, con la vida misma, somos del sur, del centro, del norte, del caribe, somos hijas e hijos de la madre tierra, estuvimos, estamos y estaremos en cualquier rincón donde el invasor, colono, neo colono, saqueador, extractivista viole los derechos pasando por encima de las comunidades, culturas milenarias, exterminando bosques, ríos y mares para acumular lo que consideran riqueza”. Aquí la autodefinición del colectivo de activistas y hackers en una entrevista con Laurent Richard y publicada en Forbbiden Stories, una página dedicada a dar a conocer las investigaciones de periodistas a nivel internacional —y que se acercó a Guacamaya tras el ataque cibernético a una minera en Guatemala. (Lucy Sanabria, sopitas.com, 30/09/22. Las negritas son mías).

Regresando al hackeo, resulta que la información revelada, que comprende seis terabytes de material, documentos, correos electrónicos, fotografías, mensajes, y proporciona detalles, entre otras cosas, sobre el verdadero estado de salud de AMLO o las disputas entre los titulares de la Sedena y de la Secretaría de la Marina (Semar), la versión completa del “Culiacanazo”, así como la débil seguridad de las aduanas del país, las diferencias en los informes del número de personas que han muerto en operativos de las Fuerzas Armadas, los contratos del Tren Maya o del Aeropuerto de Tulum, así como la base de datos del número de militares que hay en todo el país. En lo referente a la salud del primer mandatario, se indica que se le diagnosticó con angina inestable de riesgo alto, un preocupante mal cardiaco que puede conducir a infartos.

Si bien LatinUs hizo que Guacamaya resonara en las redes del país y que todo mundo supiera del hackeo a la Sedena, el colectivo señaló que esta información está disponible para periodistas que quieran difundir e investigar más a detalle.


Pero ¿cuál ha sido la reacción del presidente Andrés Manuel López Obrador?

Es de todos conocido el alcance de las responsabilidades y tareas que el presidente ha depositado en las fuerzas armadas del país. Prácticamente desde su llegada, a la Sedena y a Marina se le han encomendado una amplia gama de trabajos que originalmente eran responsabilidades de las autoridades civiles de la nación. Así, se les otorgó el control de los puertos y las aduanas, también fueron responsables de la construcción del Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles; así como edificar las 2 mil 700 sucursales del Banco del Bienestar; dos tramos del Tren Maya; la remodelación de 32 hospitales abandonados en sexenios pasados, en el marco de la emergencia sanitaria por Covid-19, y también la atención de esta enfermedad, a lo largo y ancho del país, con los costos logísticos inherentes. Además, se les instruyó para apoyar el combate al robo de combustible de Pemex (huachicol); la custodia de pipas; implementación del plan de vigilancia en las fronteras norte y sur para frenar la migración hacia Estados Unidos; la construcción de cuarteles para la Guardia Nacional; apoyo a los programas Sembrando Vida y Jóvenes Construyendo el Futuro; la distribución de fertilizantes, así como la vigilancia en la entrega de los recursos de programas sociales.

Así, de ese tamaño es el ámbito de competencia y riesgo de la información que fue objeto del hackeo sufrido por la Secretaría de la Defensa Nacional. Ahora sí, es un asunto de seguridad nacional, según el sentido común de los mexicanos. Pero, regresando al presidente López Obrador, ¿qué determinaciones ha tomado respecto a este peligroso suceso para el país? Hasta ahora ha guardado un singular silencio, raro en su tropical estilo de reaccionar, dicharachero y desenfadado. Sí, el viernes 30 volvió a poner en su mañanera a su paisano Chico Che, pero sin tanta alharaca. Queremos suponer, los mexicanos, que en esta ocasión sí se lo ha tomado en serio el gobierno de la 4t y su inefable líder, y que el fin de semana se dedicó a analizar y evaluar la situación que atraviesa México en esta posición de alta vulnerabilidad en su seguridad.

Aquella arbitraria práctica de “reservar” toda la información de las acciones del gobierno y sus fuerzas armadas por razón de la “seguridad nacional”, y justificar la muchas veces opacidad del ejercicio público de gobierno, hoy, quedó expuesta a la vista de todos, con las consecuencias que necesariamente conlleva ante una situación sin control, de la que es tan afecto el presidente.

Y, regresando al principio, queda claro aquel adagio de que “pa´ los toros de El Jaral, los caballos de allá mesmo”, para conocer la elasticidad del ánimo de un político tropical, era necesario el garrido de una llamativa ave del mismo rumbo, la guacamaya.

 

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