Viaje al color de la tersura - LJA Aguascalientes
06/12/2022

El 15 de septiembre parece que llegó demasiado pronto, tanto que siento que me tomó desprevenida. No es que me emocione “disfrazarme de mexicana” para celebrar un aniversario más del inicio de la gesta independentista; pero tampoco puedo decir, como sí lo hizo el poeta Víctor Sandoval, que el Himno Nacional no me conmueve o que nunca he ido a la plaza la noche de las celebraciones. Hace tantos años, décadas de hecho, que no piso una plaza pública en la noche del Grito, suspendido, como todo tipo de reuniones, ya se sabe, por la pandemia por Covid 19, tan prolongada como los estragos en los cuerpos de muchas personas que ya tuvimos la enfermedad. 

Pero no el jueves 15 de septiembre, cuando regresaron las fiestas patrias presenciales, las aglomeraciones, los conciertos, los antojitos en la plaza pública y en reuniones particulares; salvo algunas excepciones, volvieron también los increíbles fuegos de artificio de los que antes, tal vez, no teníamos conciencia del daño que hacen al medio ambiente.

Reconozco que este año lo que esperaba con mucha alegría era el día de asueto posterior a la fiesta, el que me posibilitaría estar un fin de semana largo en mi amada Tierra Adentro, donde habitan muchos de mis más preciados afectos. Y por el centro de la ciudad de Aguascalientes caminé aquella noche luego de un viaje de menos de dos horas desde León. Había muchísima gente. La Plaza de la Patria, donde hay quienes aún piensan que está el meritito centro del país, estaba cercada con unas rejas metálicas y alcancé a ver que había un par de entradas para las filas que avanzaban pero que no terminaban.



 

Decía que hace muchos años que no voy al “Grito” y ese día no era la excepción. Había llegado al centro de Aguascalientes porque desde hacía unos días supe que el artista aguascalentense Jesús Reyna inauguraría precisamente ese día su exposición “Del color de la tersura”. El maestro me envió una invitación electrónica y tenía muchas ganas de ver el resultado final de un proceso que nos fue mostrando de manera cotidiana en su sitio en Facebook. Además, tenía mucha curiosidad por saber si formaría parte de la exposición el cuadro en el que dibujó un tulipán inspirado en una fotografía que tomé y que publiqué en mis redes sociales.

En mi afán por llegar a tiempo me olvidé del Grito, así que, al estar cercada la Plaza, busqué a paso apresurado y un poco desesperado alternativas para llegar al lugar de la exposición, la Escuela Pía o Ex escuela de Cristo – la primera escuela pública de la ciudad-. Sentía que no llegaría nunca y para mitigar la ansiedad me preguntaba, ¿por qué habrán elegido una fecha tan complicada para la inauguración? Por supuesto no especulé en torno a los motivos, no tenía oxígeno suficiente para casi correr y pensar tanto, aunque se me vino la idea de que esa también era una muy buena forma de festejar la independencia; con el disfrute de la creatividad mexicana.

Nada más llegar vi gente conocida, que aprecio y admiro. Tuve tiempo para saludar y platicar un poco porque no fui la única que llegó tarde; Carlos Reyes, director del Instituto Cultural de Aguascalientes, tuvo que sortear vallas y gentes para por fin cortar el listón.

Mensajes breves de los involucrados en la gestión, instalación, museografía y claro, de Jesús Reyna, quien agradeció la nutrida asistencia y se alegró por ver a sus estudiantes y exestudiantes. Por fin entramos a encontrarnos con el color de la tersura, pero yo no dejaba de pensar en lo que alguien comentó cuando el maestro publicó la invitación en redes, “el color de la ternura”, así que traté de encontrarla. Y aunque en una primera impresión no es propiamente la ternura lo que a mi parecer describe el mundo de texturas, colores, sensaciones y volúmenes ahí expuestos, a medida que avanzaba en la cerámica de baja temperatura, los dibujos, el aguafuerte y los lápices sobre papel, parece que sí vi algo tierno en cada obra.

Me refiero a esa acepción de ternura que habla de los organismos vivos cuya existencia es reciente. Y es que aquí abundan las semillas, la fertilidad, el agua, el origen de la vida, todo en un estadio temprano que se fusiona para crear algo nuevo. Por toda la galería hay brotes, puntos -puertos- neurálgicos a los que llegar y flores de pétalos húmedos y frescos.

Platiqué con Jaime Lara, artista plástico quien además de amigo es compañero de trabajo de Jesús en la Universidad de las Artes. Jaime me explicó que en su vida profesional Jesús trabajó como ilustrador con una bióloga. Yo de inmediato lo imaginé como un naturalista al estilo de Alfredo Dugés -aunque sin la parte del coleccionismo de especies-.


Ese oficio parece que rindió frutos en el color de la tersura, plagada de biodiversidad genética, paisajística, de especies animales y de plantas; pero no una realista, dice Jaime, sino figurativa, imaginada y onírica, sexualizada, dual, con una tremenda dosis de poesía y erotismo. Como escribió la poeta Arlette Luévano en la presentación de la exposición: “La fuerza del azar compone la piel de volcanes imposibles, flores sicalípticas, sórdidos brotes, peces en mesnada, mujeres quiméricas, perlas dilatadas, círculos y cubos en pesadillescos ritmos, resplandores y abismos coexistiendo ante pupilas estupefactas”.

Jaime agregó que esta propuesta de Jesús es también la génesis de un universo en el que crea nuevas narrativas; no le es suficiente la bidimensionalidad y explora lo tridimensional, como en un retorno a la infancia, donde todo lo queremos tocar y manipular. Y vaya que sí, hay un par de tulipanes de cerámica, ¡si pudiera esquivar las miradas y pasar mis dedos por sus formas y texturas! Mucho más en tiempos donde lo digital nos ha privado de la exaltación de los sentidos.

Y las orquídeas. Me da la impresión de que esas flores son fauces; atractivas, claro está, ¿de qué otra manera se acercarían las presas? Esta idea primitiva permea toda la obra expuesta, la misma que está realizada con técnicas antiguas; el maestro domina su oficio y nos traduce en un idioma propio y comprensible la tierra, el fuego, el aire, el agua y sus combinaciones. Jaime ha dicho que Jesús es un cromañón del arte, sus recursos son la tierra misma y su propuesta es como las pinturas rupestres, permanentes en su mensaje que no es otro que el continuo origen, el ciclo vital. 

Me emocionó ver el dibujo del tulipán –que es parte de una propuesta más compleja-, así como las altas y estilizadas chimeneas en rojo y blanco que, para mi gusto, y Jaime coincide, se confunden con faros.

Recorrí la pequeña galería unas tres veces y no logré aprender los colores, las formas, las figuras, las texturas. Para ese momento algunos asistentes habían pedido una segunda copa de vino, así que salí a la explanada donde me encontré con grupos que departían alegres. Pedí un tinto. Me alegró haber tomado la carretera más o menos temprano para poder estar en ese espacio y celebrar.

El vino me trajo a la realidad de la fiesta; nutridos grupos de personas caminaban presurosos por enfrente de la Escuela Pía, que está a poquísimos pasos de la Plaza. 

Era tiempo de irme; en el camino vi parejas vestidas de gala que no hicieron fila y por quienes se abrieron las vallas, funcionarios, invitados especiales que en un rato más, al unísono con el gentío, responderían al grito de ¡viva México!

Ahora, mientras escribo, recuerdo que alguien, antes de cortar el listón, nos advirtió acerca de no caer en la tentación de tomar de “Del color de la tersura”, la obra homónima -cerámica de baja temperatura- que abre la exposición, uno de los más de 70 u 80 peces que de todas direcciones intentan alcanzar una instintiva, brillante, húmeda y fresca flor rosada, puerto que es a su vez el punto de partida de algo nuevo.

Si al momento de salir de la galería hubiera tenido un dron que sobrevolara la Plaza y sus alrededores, seguro habría visto el símil entre “El color de la tersura” y los ríos de personas que de todas direcciones intentaban llegar al centro de todo.

Me queda la certeza de que debo volver a encontrarme con esas obras de Jesús Reyna. Tengo hasta el 27 de noviembre para hacerlo. 

 


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