Kairós, tiempo de decisión/ Opciones y decisiones  - LJA Aguascalientes
02/02/2023

El asedio, ¿ha comenzado en México? Una extraordinaria narrativa nacida un siglo atrás, es capaz de dar cuenta del peligro que ahora parece inminente, precisamente cuando la democracia en nuestro país está en franco asedio por un régimen hambriento de triunfos, que por decisiones voluntaristas propias y del todo antihistóricas ha convertido a lo largo de cuatro años, en verdaderas ruinas de instituciones democráticas; arduamente levantadas desde páramos o llanos incendiados por la violencia y el autoritarismo caudillistas.

Tres décadas, por lo menos, ha costado a nuestro país el febril y azaroso denuedo por construir un sistema electoral confiable y garante de la libertad ciudadana, para erigir gobiernos de razonable tono libertario y democrático contemporáneo. Hoy, esa ambición absolutista -de un solo partido hegemónico- vuelve a campear por el territorio nacional, bajo la máscara de un populismo rasante. Pasemos a nuestro referente. El autor de la narrativa en mención fue Lion Feuchtwanger (Múnich, 1884-Los Ángeles, 1958), autor de la excepcional obra Los hermanos Oppermann (1934), que fuera enviada a la hoguera por los nacionalsocialistas o nazis, mientras él fuese autoexiliado en Los Ángeles, USA, quien se sumó allí a otros notables compatriotas suyos como Bertolt Brecht y Thomas Mann. La pregunta crítica está en el título. (Fuente: El País. México. Cultura. Guillermo Altares. 02 NOV 2022. https://bit.ly/3sTR6bn).

“Lo que había aprendido de la historia es que era asombroso que los amenazados en cada momento pensaran en ponerse a salvo demasiado tarde”, explica el narrador. En el fondo, ese es el tema central del libro: cuándo es demasiado tarde, cuándo los que van a ser perseguidos se dan cuenta de que ya no pueden escapar, cuándo los que creían vivir en una democracia ven cómo están sometidos a una dictadura y ya no pueden esperar más que terror por parte de un Estado que debería defenderles. Y, aunque nada es comparable al nazismo, ese debate tiene ecos contemporáneos demasiado evidentes: ¿hubiese seguido siendo una democracia Brasil si Bolsonaro llega a lograr un segundo mandato? ¿Lo será Estados Unidos si Trump consigue presentarse y ganar en 2024? ¿Lo son Hungría y Polonia? ¿Sobrevivirá intacta la democracia italiana a Meloni? ¿Se respetarán los derechos de las minorías que mayor protección necesitan?

En la lucha política que sostenemos hoy en México, este planteamiento por crudo que suene y por incierto que aún nos parezca, es desde mi punto de vista del todo pertinente. La elección intermedia ya inminente de los Estados Unidos está cargada de presagios nada halagüeños tanto para la Cámara de Representantes como para el Senado,  y sí de una descarnada confrontación bipartidista por la sobrevivencia política en el Congreso. Lo que para estas alturas debería convertirse en un severo desfonde de credibilidad del principal actor del campo republicano, Donald Trump, pareciera mantenerse aún incólume ante los indicios de inculpación obtenidos por el Comité Especial armado por el partido Demócrata y dos notables personalidades del ala Republicana, Liz Cheney y Tom Kinzinger, quienes ya resintieron la cargada descalificadora de su propia bancada; la inquebrantable Representante fue prácticamente desaforada de su asiento en el congreso. Acciones éstas de completo cinismo que pretenden convertir en triunfos tras el deshonor de haber atentado -con probadas evidencias- contra el orden Constitucional del Poder Legislativo del país. Puede más la propaganda racista y descalificadora de los verdaderos agresores de la democracia; que la sensatez de los ciudadanos que aún aspiran a la vigencia democrática de sus instituciones públicas.

Está importando más, la construcción del descrédito popular del Presidente Joe Biden y con él el de su partido, a resultas de la profunda crisis económica, la inflación agudamente restringente que persiste a nivel global, las nocivas secuelas de la Pandemia del Sars-Cov2, y los efectos demoledores a nivel mundial de la guerra instalada por Putin-Rusia en Ucrania. Si observamos, todos ellos factores exógenos al estilo “demócrata” de gobierno, pero que inciden directamente sobre “la popularidad negativa” del partido en el poder, y esto es cantado con aliento épico por el contingente político que asedia la auténtica vía democrática. Este agudísimo contexto emerge como motivo de ataque a lo que parecían vientos a favor y en defensa de la democracia. Hoy, campean vientos huracanados del odio racial, el nacionalismo exacerbado contra las oleadas inmigrantes; y desde luego la exacerbación de las lealtades primordiales por razón de raza, posición económica, situación social y postura partidista beligerante.

El clima sociopolítico de México no dista mucho de aquel. El dominio apabullante de la violencia ejercida por el crimen organizado, su cínico talante de impunidad, la cooptación evidente de funcionarios corruptos, las innombrables alianzas regionales y locales de colusión en la corrupción política, la extrema laxitud del gobierno en funciones, para no implantar la vigencia efectiva del Estado de Derecho; la constante denostación contra los “adversarios” de extracción “neoliberal” y como se decía en el echeverrismo, “los emisarios del pasado”, aunque éstos sean científicos y pensadores de gran calado, con reconocimiento y acreditación internacional de prestigiosos organismos con validez mundial; parecieran la excusa perfecta para derruir los fundamentos institucionales de la naciente democracia mexicana, que por cierto es defendida y anhelada hoy por un poco más del 50 por ciento de los mexicanos; y en cambio se elige exaltar el discurso aparentemente liberacionista de un populismo ramplón, sin argumentos racionales, pura emotividad en torno al “líder” visionario, profeta de la nueva transformación nacional y doctrinario del nuevo mando del pueblo; aunque en su “biblia” sólo puede escribir los escribas domesticados, disciplinados, incapaces de cambiar una sola coma al dicho inmodificable de su santón y ayatola.

Este, sin duda alguna, es el México que yo no deseo obedecer. Lo dice con absoluta claridad el autor citado de estas páginas: “cuándo es demasiado tarde, cuándo los que van a ser perseguidos se dan cuenta de que ya no pueden escapar”; cuándo los que creían vivir en una democracia ven cómo están sometidos a una dictadura. Esta es la coyuntura real en la que estamos enfrascados. Y el signo más inequívoco de que, en efecto, estamos aquí es el de la prisa oficial por sacar la pieza legislativa que anule la prestancia y vigencia del INE, nuestro Instituto Nacional Electoral junto con el Tribunal que le otorga columna vertebral y fortaleza normativa contra caprichos a modo y estructura maleables, acompasables a los aires del tiempo. El emplazamiento del “cambio” está situado a la semana que está por comenzar; el apremio a votar en el congreso la “reforma electoral” obedece a convertir en una supresión institucional, toda la arquitectura y dinámica de un instituto que ha hecho posible la transición política del México contemporáneo.

El asedio. El libro ha abierto un debate sobre si lo que Feuchtwanger escribió en 1933 puede aplicarse al presente, sobre si aquel novelista judío exiliado trata de advertirnos desde los años treinta sobre lo que estamos viviendo en la actualidad, donde fuerzas antidemocráticas avanzan con paso decidido por Europa y Estados Unidos, mientras creemos que las democracias son demasiado fuertes para ser derrotadas desde dentro. (Cfr. Opus cit. El País. México. Cultura. Guillermo Altares. 02 NOV 2022. Ut supra).

El autor de esta reseña, continúa su razonamiento implacable: – Así describe un mundo, como el de Vladímir Putin o Daniel Ortega, en el que lo verdadero y lo falso dejan de tener importancia: “Las nieblas de la mentira se espesaban cada vez más sobre Alemania, entregada a las mentiras que los populares esparcían día tras día en millones de formas, desde los altavoces hasta el papel impreso. Había fundado un ministerio especial con este fin. Con todos los medios técnicos más modernos, se sugería a los hambrientos que estaban saciados, a los oprimidos que eran libres, a los amenazados por la creciente indignación del mundo entero que el mundo entero los envidiaba por su energía y gloria”.


En suma, este anti-discurso resuena en el apremio y en la prisa por instaurar la falsa verdad de la instalación de la democracia en México: – El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, se ha sumado a los señalamientos de su partido, Morena, al Instituto Nacional Electoral (INE), al que acusan de haber mantenido ocultos los resultados de la encuesta que recoge opiniones favorables de la ciudadanía a su iniciativa de reforma electoral. “Fue un pacto de silencio”, ha dicho en su conferencia diaria en Palacio Nacional. “Ayer se dio a conocer que guardaron una encuesta que ellos pagaron. Y como los resultados no les favorecían, ocultaron la información”. (Fuente: El País. Reforma electoral. Zedryk Raziel. México – 03 NOV 2022 – 11:54 CST. https://bit.ly/3T8eUCO).

Para, luego, justificar la destrucción del sistema electoral mexicano, en su estado actual. – “Una vasta mayoría de ciudadanos apoya los puntos centrales de la reforma que envió al Congreso, como que el INE sea sustituido por un nuevo instituto, que se recorten los recursos públicos otorgados a los partidos, que se reduzca el número de legisladores federales y que los consejeros y magistrados electorales sean electos por voto popular. “Esto es lo que ocultan, lo que no querían decir”. Y, para hacerlo irreversible, apremia a la votación de su iniciativa, sin cambio alguno de una sola coma.

Aserto que rubrica con su postverdad: – “Nadie va a desaparecer al INE”, ha dicho el presidente. “Lo que se quiere es que el INE ya no esté en manos de la oligarquía antidemocrática, corrupta, que a través de los partidos nombraban a los consejeros, gente sin principios, sin vocación democrática. Y nombran también a los magistrados del Tribunal Electoral. Enviamos una iniciativa de reforma al Congreso, que está debatiéndose, para que a estos representantes del INE y del tribunal los elija el pueblo de manera democrática”. Palabras ante las que resuenan, fuerte y claro las preguntas iniciales: – ¿hubiese seguido siendo una democracia Brasil si Bolsonaro llega a lograr un segundo mandato? ¿Lo será Estados Unidos si Trump consigue presentarse y ganar en 2024? ¿Lo son Hungría y Polonia? ¿Sobrevivirá intacta la democracia italiana a Meloni? ¿Se respetarán los derechos de las minorías que mayor protección necesitan?

A las que yo añado: – Cuando la democracia en nuestro país está en franco asedio por un régimen hambriento de triunfos, que por decisiones voluntaristas propias y del todo antihistóricas ha convertido a lo largo de cuatro años, en verdaderas ruinas de instituciones democráticas; arduamente levantadas desde páramos o llanos incendiados por la violencia y el autoritarismo caudillistas. ¿Hasta cuándo y cómo reaccionar?

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