Ulular de sirenas/ Opciones y decisiones  - LJA Aguascalientes
26/01/2023

Para comprender la situación política actual, a nivel continental de América Latina, necesitamos poder entender las fluctuaciones de los tipos de regímenes de Latinoamérica, particularmente durante las dos últimas décadas -primeras del siglo XXI-. Un corte histórico que comprende, digamos, del primer triunfo de Luiz Inácio Lula da Silva, como presidente de Brasil, que refrenda en un segundo ejercicio inmediato, entre 2003-2011, (Fuente: CIDOB. Barcelona Center for International Affairs. Biografías. Líderes Políticos. América del Sur. Brasil.  https://acortar.link/atuIKy), y ahora vuelve a ser candidato al Palacio de Planalto en las elecciones generales del 2 de octubre de 2022. A los 76 años, es así como el ex mandatario, postulante por su partido de toda la vida, el de los Trabajadores (PT, socialista), y de una coalición “de la esperanza” que aglutina a una decena de formaciones de carácter “progresista”, compendia las alternancias entre diferentes estilos de gobierno. Mismas que también hubimos observado en México, cuando corría en paralelo la segunda mitad del régimen de alternancia con Vicente Fox Quesada (2000-2006), post régimen octogenario de partido único hegemónico.  

Aquel de izquierda y éste de derecha, pero significando ambos una transición política anhelada en sus países de origen. Transiciones que más que cerrar ciclos completos y plenamente terminados, abren tramos en espiral que se desplazan en el tiempo como hélices en fuga, y por ello, dejando una estela de gran incertidumbre para comprender su sentido y profundidad hacia adelante, hacia el futuro superviniente. De ahí lo iracundo del régimen actual por conquistar, cueste lo que cueste, su continuidad histórica.

En efecto, hoy, México ve -no sin azoro- que el régimen también llamado “de la esperanza” mediante una 4ª Transformación nacional instalado el 1º de diciembre de 2018, en relevo de “gobiernos neoliberales”, y que fuera postulada desde una izquierda más de membrete que de hechos; este miércoles 7 interviene con furia en el Congreso de la Unión, imponiendo una reforma legislativa de leyes secundarias en materia electoral que más arrebatan que negocian cambios de la estructura, configuración jurídica, atribuciones específicas, alcances de circunscripción, y significativamente el presupuesto tanto del INE como del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, TEPJF. Lo que hace una intervención unilateral, autoritaria y ambigua de perfil que no es ni de izquierda ni de derecha. Instituciones axiales del sistema electoral mexicano y, que paradójicamente ellas mismas venían siendo garantes precisamente del relevo pacífico de los gobiernos y del pasaje democrático asentido en la alternancia del poder. Notas fundamentales a las cuales no se sujeta y sí se sustrae el actual grupo en el poder.

Añadamos a esta escena política, la declaratoria de vacancia de la presidencia del Perú, con Pedro Castillo, el mismo día 7 de diciembre. A saber: Resolución del Congreso que Declara la Permanente Incapacidad Moral del Presidente de la República y la Vacancia de la Presidencia de la República. (Fuente: Diario Oficial del Bicentenario. El Peruano. Fundado el 22 de octubre de 1825 por el Libertador Simón Bolívar. https://acortar.link/qtRqxY). Cuyo primer considerando versa: – Que, ante la grave situación generada por el Presidente de la República, Pedro Castillo Terrones, por pretender disolver el Congreso e impedir su funcionamiento de forma inconstitucional. Resuelve: Artículo 1. Declaración de permanente incapacidad moral del presidente de la República. Declárase la permanente incapacidad moral del presidente de la República, José Pedro Castillo Terrones, según lo establecido en el inciso 2 del artículo 113 de la Constitución Política del Perú, concordante con el artículo 117 de la Carta Política. Artículo 2. Declaración de vacancia de la Presidencia de la República. Declárase la vacancia de la Presidencia de la República y, en consecuencia, la aplicación del régimen de sucesión establecido en el artículo 115 de la Constitución Política del Perú. José Daniel Williams Zapata. Presidente del Congreso de la República. Martha Lupe Moyano Delgado. Primera Vicepresidenta del Congreso de la República.

Esa sucesión de fluctuaciones en los esquemas políticos fundacionales de nuestras democracias nacionales, queda bien ejemplificada mediante la apertura y cierre de los corchetes de este amplio periodo histórico, y hace mayormente comprensible el arribo de las nuevas ondas fluctuantes en nuestra realidad política. El columnista Carlos Granés lo comprime en una cápsula afortunada: – “Más que una ola rosa, lo que parece avanzar sobre América Latina es una tsunami de insatisfacción. La ciudadanía quiere cambio y eso es lo que ofrecieron los políticos que ahora están en el poder”. (Fuente: El País. Opinión. Carlos Granés. Las mareas subterráneas de la ola rosa latinoamericana. 04 DIC 2022. https://acortar.link/i1yYKt)

El autor, en su aguda percepción, entrevé: (refiriéndose al cantautor) Joaquín Sabina hizo unas declaraciones que descolocaron a más de uno. ¿Qué habría respondido, sin embargo, si le hubieran preguntado por el giro a la izquierda que vino a completar Lula con su reciente triunfo en las elecciones de Brasil? Esa cuestión habría metido a Sabina en un lío, porque ni siquiera es claro que América Latina esté virando a la izquierda, como se dice.

Y abunda: – Si se observa con atención, lo que indican las últimas elecciones es que los votantes están castigando al partido que gobierna, más que a la derecha. La crisis de legitimidad política que desató la pandemia, sumada al descontento atizado por la inflación, el crimen organizado y la imposibilidad de las economías latinoamericanas, que apenas crecen, de satisfacer las expectativas de los ciudadanos, hacen tentadora cualquier propuesta que prometa cortar con el pasado. // Esta receta que viene aplicando en México Andrés Manuel López Obrador desde que llegó al poder, en una especie de tragedia griega, puede revertirse en contra de su mismo proyecto que quiere perpetuar en la Historia, bajo desnudo y ciego voluntarismo. A cuatro años de distancia vemos su prisa y obsesión.

Carlos Granés refiriéndose a Pedro Castillo, ahora expresidente bajo custodia en prisión, explica: – El pánico que generó su triunfo se fue aplacando poco a poco, a medida que el Perú se hundía en el caos y el desgobierno y Castillo demostraba no ser un comunista cerril, sino un incompetente consumado. Amplía su evaluación -no sé si queriendo- bajo múltiples paralelismos con México: – Su izquierdismo quedó petrificado en la retórica grandilocuente y en el simbolismo vernáculo, y se diluyó al poco tiempo entre escándalos de corrupción que involucraron a su círculo familiar inmediato.

Del chileno Boric, comenta: – Defiende una causa incómoda para la izquierda latinoamericana. Mientras que Petro o Lula prefieren pasar de puntillas cuando se habla de las violaciones a los derechos humanos cometidas en Venezuela, Nicaragua y Cuba, Boric pisa callos. El presidente chileno critica abiertamente los desmanes autoritarios, y por eso es más fácil que acabe sentado con Sabina tomando tequila, a que Ortega, Maduro o Díaz Canel le ofrezcan el fraternal trato de un camarada. //– En su visita reciente al Palacio Nacional de México, vimos su inequívoco lenguaje corporal, como reacción a expresiones ambivalentes de López Obrador.


Y con agudez observa, refiriéndose a lo que acontece en el Cono Sur: – Todo su esfuerzo de gobierno procura revertir la ola de insatisfacción latinoamericana para que no se los lleve también a ellos en las próximas elecciones. – Su pregunta final, para mí, se asemeja a la sonrisa de la Gioconda: – ¿por qué la izquierda está dejando de ser libertaria y hedonista, como lo fue durante la segunda mitad del siglo XX, y ahora, centrada en la inclusión y la equidad, reniega de los viejos rockeros que desafiaron el autoritarismo y ampliaron los márgenes de la libertad?

Bajo esta mirada, pienso que podemos ser plenamente convergentes con la idea acechante de ese gran tsunami de inconformidad. Allí donde estuvimos parados hace 5 años, hoy parece que subimos a la misma cima. Confieso, sin estridencias, que a mí no logró seducirme aquel canto de las sirenas redentoras y reivindicativas del candidato “caballero andante”, no fueron ondas vibratorias a las que yo podía responder. Y pronto emergieron sus incoherencias e incompetencias, su rechazo al modo científico de abordar la realidad. La ocurrencia sistemática.

Evidente que sí llegamos al hartazgo de la corrupción, de la violencia del crimen organizado, de la violencia inaudita contra las mujeres, del individualismo rapaz de un capitalismo excluyente de grandes conglomerados sociales; de la evasión a la solidaridad social; de las grandes y graves brechas de desigualdad social, de clase, de educación, de salud, de posibilidades de futuro. Pero, ante el discurso populista, no pude ver una perspectiva de racionalidad, de afirmación en la ciencia, de interés vital por el conocimiento; de ir más allá de la condena y el dedo flamígero contra los “inmorales” o “moralmente derrotados”, en lugar de una Bioética integral e integradora. El diálogo como herramienta de persuasión e integración en la unidad, no la disolución de lo social, la polarización metódica.

Existe un arrebato brutal contra aquello que no refleje nítidamente la imagen del obradorismo, a la par que un silencio autodelatador de sus flancos de incompetencia e improductividad sistémica; su flexión servil ante un tlatoani autoritario y reverencial, apodíctico. Sí, yo me uno a la percepción de un tsunami de insatisfacción. Aunque tenga que capear la ola de la incertidumbre.  

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