Imaginario colectivo, políticas públicas - LJA Aguascalientes
21/06/2024

A partir de las dos últimas conversaciones que hemos sostenido usted amable lector-a y yo, acerca de un apenas redescubierto ‘espacio común’ o Esfera, en la que nos encontramos, y que nos propone el autor Peter Sloterdijk, cuando afirma la esencial bipolaridad de los seres humanos, hemos tenido que confrontar su contrario diametralmente opuesto, que es la afirmación retórico-política de que en la práctica social debemos atenernos a confluir en una sociedad, radicalmente dividida: ricos y pobres, potentados y débiles, poderosos y pueblo vulnerable, radicalmente victimizado; a la hora del reparto de los bienes y satisfactores esenciales de nuestras necesidades vitales -que sí nos son comunes-, unos lo obtienen todo o casi todo, y el resto de los muchos quedan desposeídos… esa condición que damos por llamar pobreza, contra aquella otra que calificamos de abundancia u opulencia.

Esta segmentación de la sociedad en dos colectivos irremisiblemente distintos, separados y, por ello, antagónicos, tiene como efecto directo la inversión extrema de los roles, ahora los “desposeídos-vulnerables” / el pueblo bueno, debe ocupar el sitio de los ricos/poderosos, y a éstos (como clase y estrato social) hay que arrojarlos fuera del lugar idílico que habrá de ocupar el paraíso de una Cuarta Transformación anunciada… un espacio mítico que se asienta en el todo social de la Nación como el cambio salvífico que hay que conquistar e instalar en un futuro utópico.

Bien, con más o con menos, la experiencia práctica y societal que los mexicanos hemos estado teniendo durante los últimos cuatro años, de un supuesto ‘cambio de Régimen’, nos permite aprender que no hemos avanzado a ningún horizonte promisorio, pero sí hemos sido forzados a regresar a puntos y sitios de nuestra historia nacional en que ha sido el autoritarismo político, el poder regente de una sociedad cada vez más despolitizada y, por lo mismo, desactivada como un actor eficaz de su propio destino.

Sin embargo, y contra toda desesperanza, un cada vez más amplio colectivo social -bajo el signo de la sociedad civil, está emergiendo de esa ‘burbuja’ tremulante como una pompa de jabón, para aparecer como un verdadero sujeto de su Historia que sabe que su futuro depende de un factor esencial: su convivencialidad, su poder y decisión para coexistir con otros, su convicción de que no es aniquilando a sus “enemigos de clase”, como va a afianzar su futuro, sino potencializando su capacidad de dialogar cara a cara con aquellos que son diferentes.

De esta enseñanza-aprendizaje que hemos estado fraguando al interior de nuestra “esfera”-nacional, estamos comenzando a entender que nuestro lugar no está en la expulsión de paraísos demagógicos, decretados por la voluntad única de un jerarca político incuestionable; antes bien, nuestro lugar está en reencontrarnos como sujetos dialogantes hacia el acuerdo de un futuro común, capaz de vivificar a todos, no de aniquilar los unos a los otros en aras de ganar la cumbre dominante de los que pudieran salir derrotados.

Si este gran supuesto es aceptable y lo podemos tomar como una plataforma de lanzamiento, entonces estamos en posibilidad de sentar las bases para una redirección de nuestra tarea y proyecto común. Yo lo veo y así lo he propuesto como un enfoque nuevo o modo de ver nuestro mundo, nuestro entorno, ese ‘horizonte esférico’ dentro del cual estamos de hecho, coexistiendo. Asumiendo que desde esa visión panorámica podemos encontrar una ruta de avance y de construcción de una esfera que nos aporte vida, cobijo, animación, un ambiente respirable, no uno sofocante, asfixiante o emponzoñado.

Este proceso, desde mi punto de vista, se inicia desde una matriz muy especial que consiste en la construcción de un proyecto que, en su primera fase es teórico, pero que en su segunda fase debe ser práctico por necesidad de anclase en la historia real, del tiempo y espacio, en que vivimos. Y, sí, aunque pudiera resultar un tanto académico o técnico, pienso que debemos comenzar por donde inicia todo proyecto científico, es decir, por la construcción de una hipótesis plausible a partir de conocimientos ya logrados y probados, que nos permita identificar los pasos sucesivos que habrá que dar, para logar un aterrizaje exitoso y productivo en la realidad que vivimos.

Yo, ya lo comencé a proponer, he elegido la plataforma del conocimiento adquirido por un pensador contemporáneo como es Peter Sloterdijk en su teoría de las “esferas”, lo que no significa que nos convirtamos en seguidores o peor aún en adoradores de su forma de pensar la realidad del mundo y los seres humanos que lo habitamos; significa que escuchemos su mensaje esencial y desde ese prisma releer la experiencia existencial por la que estamos transitando, ¿para qué? Básicamente, para transformarla, para llevarla a estadios superiores de desarrollo, y desde luego, evitando caer en las visiones destructivas de unos colectivos enteros contra los otros, como supone la forma populista de pensar, a fin de crear un mundo maniqueo, polarizado, dicotómico que, al final, significa el desecho por recambio de unas clases sociales para entronizar otras, antes subalternas, ahora dominantes.

En realidad, yo avizoro esta tarea -en su fase de lanzamiento- desde un plan muy fundamental: construir la plataforma noética o del conocimiento por un cambio societal y político que permita la formación de una sociedad mexicana del futuro, en una atmósfera de convivencia, de permitir circular el oxígeno vital entre nosotros, de hacer respirable la atmósfera que nos envuelve; y salirnos decidida y formalmente de un espacio irrespirable y ponzoñoso como la condición de suprimir a un estrato social, por antagónico que hoy nos parezca, para exaltar a los que fueran  sus antípodas. Pueblo bueno contra neoliberales y conservadores.


¿Por qué medio? Esta tarea social y esencialmente solidaria topa en elaborar -según el método científico- una hipótesis o una serie de hipótesis capaces de adelantar las líneas maestras de unas ya muy próximas -por exigencia de los tiempos políticos- políticas públicas. En efecto, podemos constatar que en nuestro imaginario colectivo existe un ánimo inquietante por ver de parte de nuestro gobierno, sea dicho en sus tres niveles constitucionales, políticas públicas dignas de tal nombre. Baste como ejemplo, el panorama que estamos observando sobre el tema de la Salud, en que la modalización de sus correspondientes “políticas públicas” ha sido errónea, ineficaz, dispendiosa de los contados recursos disponibles, pero inoperante y peligrosamente malfehaciente del cuerpo social más vulnerable.

Otro ejemplo, es el de supuestas políticas públicas, del todo aventuradas e improvisadas, respecto del espacio aéreo de México. Un aeropuerto internacional de la CDMX completamente rebasado, saturado por el tránsito masivo existente sobre su limitada infraestructura, un nuevo aeropuerto sucedáneo y costoso como el AIFA en estado de pausa operativa sin fecha de caducidad, arrojado como gancho al mejor postor como proveedor de carga aérea; y una aviación nacional en franco deterioro precisamente por falta de una política pública aérea tan asertiva como eficaz.

Entonces, puedo adelantar que el propósito central de esta tarea -mía y suya- consiste en construir lo que en el trabajo de investigación se llama un Marco-Lógico o marco teórico desde el cuál sea posible trazar líneas prospectivas necesarias que den fundamento a políticas públicas, que obedezcan y cumplan su real cometido. Esto que es relativamente simple de enunciar, implica -como ya vemos en ejemplos señalados- una articulación y capacidad de ingeniería teórico-práctica para diseñarlas con atingencia y eficacia. Este es el reto, y este es según mi percepción el clamor de la sociedad, para poder superar un pragmatismo político, a todas luces errático, improvisado, del ¡ahí se va! O del “ya merito”, o que canibaliza las piezas viejas como repuesto para los vagones del Metro de la CDMX, decisiones pragmáticas que, al final del día, no cumplen con el imperativo básico de Orden y Respeto, porque traen consigo el des-orden y el i-rrespeto tanto a la sociedad como a la función Política misma. En esto queremos, y lo invito, ocuparnos.

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