La devastación que provocan las mineras y el cero beneficio que tienen las comunidades en donde se instalan - LJA Aguascalientes
20/07/2024

  • Entrevista a Imanol Caneyada sobre Litio
  • La historia de una gran empresa minera canadiense, de la cuál su ingeniero en jefe, se da cuenta de que la empresa no ha comprado dos predios en la sierra de Sonora, por la cual pasa la veta más importante del litio

 

La minería es una de las fuentes de recursos más importantes del país, de América Latina en general. Sin embargo, los abusos por parte de las empresas mineras se han convertido también en el pan de todos los días. Las violaciones a las consultas de las comunidades, la violencia que acompaña a la instalación de estas empresas en comunidades alejadas de los centros urbanos. La contaminación del río Sonora en 2014, por ejemplo, es considerado el peor desastre sucedido en nuestro país, después de que 40 mil metros cúbicos de sulfato de cobre acidulado, procedentes de la minera Buenavista del Cobre, contaminaron el agua de los ríos Sonora y Bacanuchi. Una tragedia de la cuál conocemos muy poco en México, porque muchos preferimos darle la espalda a esas comunidades.

Litio es la más reciente novela del escritor y periodista Imanol Caneyada (San Sebastián, 1968), publicada por la editorial Planeta, y nos narra la historia de una gran empresa minera canadiense Minning Corporation, de la cual su ingeniero en jefe, Guy Chamberlain se da cuenta de que la empresa no ha comprado dos predios en la sierra de Sonora, por la cual pasa la veta más importante del Litio. Ese pequeño detalle desatará la furia sobre la familia de Ana, la hija de un ganadero, que ha visto cómo sus tierras se desvalorizan cada vez más ante el abandono de las políticas del Estado, por lo cuál han tenido que reconvertir su negocio en un invernadero de flores que se venden en los Estados Unidos. Litio nos narra, con profundidad la violencia y la corrupción que se cierne sobre una pequeña comunidad rural, serrana, que quedará en medio de los grandes intereses corporativos, políticos y delincuenciales. Litio es una novela que retrata fielmente el abandono de la tierra, por los proyectos extractivistas, que están convirtiendo a muchas regiones de nuestro país en páramos, en tierras de nadie, en donde solo los grandes intereses prevalecen. Conversamos con el autor de libros como Tiempo de conejos, La ciudad antes del alba, La nariz roja de Stalin, sobre Litio:

Javier Moro Hernández (JMH): Una de las primeras preguntas que me gustaría hacerte es sobre el tema de las grandes mineras extranjeras y sus proyectos en México. Tu novela señala un tema urgente, un tema de los que no se conocen muy poco.

Imanol Caneyada (IC): Es un libro que surge a partir de los estragos de las mineras transnacionales y nacionales, hay que decirlo, porque hay este mito de que son los extranjeros los que vienen a saquear a México, pero por desgracia tenemos empresas mineras nacionales brutales en sus prácticas, como Grupo México o el mismo Grupo Carso que también tiene minas. No existe una sola minera en México, en este momento, que haya respetado, que tenga un estudio de impacto ambiental, antes de iniciar sus actividades y que haya consultado a la comunidad, al ejido, al pueblo que va a afectar. Son dos aspectos fundamentales y que no se han respetado, en ningún caso, por la corrupción y la impunidad en la que actúan las autoridades y las empresas. Y para mí la defensa del territorio me parece un tema fundamental, sobre todo porque está ligado un poco a la defensa del hábitat, del medio ambiente. Está ligado también a formas de producción arcaicas, antiguas, que vienen de generación tras generación y que permiten formas de sobrevivencia ajenas a la idea del capitalismo de producción brutal, pero que de pronto igual mantienen un cierto equilibrio con el medio ambiente, de estas formas de producción que son menos barbáricas y que también son destruidas. La minería se ha convertido en la principal actividad industrial, y esto tiene un costo brutal, un costo que no queremos ver, sobre todo las urbes, en donde vivimos de espaldas a la realidad del campo, la realidad de la sierra, la realidad de las comunidades campesinas, nos beneficiamos obviamente de eso, no somos conscientes de lo que está pasando en esos lugares, ni siquiera somos capaces de imaginarnos. De eso también se aprovechan las empresas mineras, para llegar y arrasar, están muy solos, están en la indefensión absoluta y muchas veces están defendiendo pulmones que nos permiten seguir existiendo, están defendiendo el agua que necesitamos para consumo humano y que es robada sistemáticamente para consumo industrial. Todo esto se fue combinando y terminó haciendo un poco esta novela de Litio.

JMH: Litio nos habla de diferentes niveles de corrupción, por ejemplo, de las autoridades municipales, el comandante, el alcalde, pero también a nivel internacional con la gran minera y sus formas de trabajo.

IC: El fenómeno es transnacional, es decir en el despacho que está en una torre de cristal en Toronto alguien toma un grupo de personas en nombre de una abstracción corporativa, que no tiene rostro y toma una decisión y esa decisión es devastadora para una familia ubicada en la sierra en Sonora, a 7,000 km de ese lugar y esto tiene una magnitud. Si lo analizas bien es escalofriante, porque esa familia que tiene este pequeño rancho, que tiene ese pequeño vivero en la sierra que sobrevive, que trata de salir adelante contra una serie de políticas públicas dispuestas a pulverizar la pequeña actividad, agrícola, ganadera, y que además tienen que enfrentar estas decisiones que se toman en lugares que están absolutamente fuera de su órbita. Son decisiones que se convierten en amenazas de muerte, que se convierten en desplazamientos, que se convierten en la destrucción de sus formas de vida y qué es esto que llamamos Globalización y que celebramos y que aplaudimos sin tener conciencia plena de lo que implica, de lo que significa. Hay una celebración permanente en esta globalización y no somos conscientes de lo que nos están quitando. Es muy demencial esta idea de la globalización y la novela, en ese sentido, trata de seguir esta ruta, tiene que ver con eso, con las decisiones que se toman en torres de cristal a miles de kilómetros de los lugares donde la devastación va a ser irreparable.

JMH: En tu novela además podemos acceder a las entrañas de estos monstruos, podemos conocer a estos personajes que toman decisiones completamente inhumanas y con una pérdida de empatía total. Vemos al director de la empresa que puede correr a su ingeniero estrella o pedirle al jefe de seguridad que asesine a las personas que se oponen.

IC: La intención era justo esa, sobre todo con estos personajes como Ironwood que simboliza al monstruo, o el mismo Chamberlain, que es el geólogo de minas y que es un personaje que es cómplice de una manera pasiva. Ironwood es totalmente activo y agresivo, o el mismo Mark Pierce que hace el trabajo sucio. Pero hay un denominador común, que incluso lo comparten ciertos sectores de la población mexicana y cierta clase política, que es el desprecio con que se ve a la gente que va a ser afectada por estas decisiones, por estas políticas públicas devastadoras. Se los categoriza como menos que humanos, y de hecho en la novela constantemente se hace referencias a los “pinches indios” o “a los indios” en el caso de Michoacán. De esta manera, estás deshumanizando a las personas y el ejercicio de empatía no se da, no cabe, porque no son tus iguales. De hecho, Canadá es un país que alardea de ser un país ecologista, que es un país con enormes extensiones de parques naturales, es un país que tiene leyes de protección a la naturaleza que no tienen ningún país en el mundo. Ese mismo país protege e impulsa que sus empresas en Latinoamérica sean criminales, que violenten la tierra, que violenten la naturaleza y que violenten a las comunidades, y esto se da por esta visión de cómo nos ven. Eso es algo que trató de subrayar en la novela en diferentes momentos, nos ven como como materia explotable, todo es triturable por esta enorme maquinaria que se dedica a hacer enormes cantidades de dinero. Lo triste de esto es que hay una complicidad por parte de la clase política y de la clase empresarial mexicana, que también nos ven “como pinches indios” a las personas que se organizan y se resisten y que no tienen ningún problema en mandar al ejército, a la policía para para aplastarlas, porque son estorbos, son vidas menores, no cuentan. Esto permite que se trabaje así en Latinoamérica, pero en nuestro país es constante y recurrente.


JMH: Ana, la dueña de un vivero en la sierra de Sonora, y está la hija de Chamberlain. Me parece importante la relación entre estas dos mujeres, que tienen una vida completamente distinta, pero que se oponen de distintas maneras a esta explotación, a esta idea del “progreso”, que es la idea que nos venden las empresas.

IC: La gran mentira del progreso, que nos siguen vendiendo hoy, y que seguimos comparando de manera asombrosa, porque la seguimos comprando, en parte porque nos han orillado, nos han puesto en una situación de precariedad, sobre todo las comunidades rurales, las comunidades del campo, en las sierras,  en los desiertos, en las comunidades pesqueras en las costas mexicanas, la precariedad es tal que le resulta muy fácil vender esta idea de que vengo a “rescatarte”; hay un precio, hay un costo y hay un costo de sangre, hay un sacrificio enorme, brutal, pero esto te va a traer beneficios y eso una gran mentira, es una gran mentira que se ha demostrado sistemáticamente. En Sonora lo vivimos muy de cerca, la devastación que provoca las mineras, el cero beneficio que tienen las comunidades en donde se instalan estas mineras, y sin embargo, el discurso no ha cambiado en décadas, el discurso sigue siendo el mismo y es un discurso que siguen utilizando la clase política  para justificar sus políticas públicas, que sigue utilizando la clase empresarial para vender su impunidad y su violencia, el necrocapitalismo, sigue utilizando esta triste entelequia del desarrollo, del crecimiento, del progreso, del beneficio económico, y no es así. Julie Chamberlain en Canadá representa o pretendía representar un poco las generaciones que vienen, a las que les va a tocar nadar en este enorme basurero que estamos dejando. Hay una especie de radicalismo, de rabia, de coraje que además señalamos y condenamos cuando tienen toda la pinche razón, vamos a dejar una zona de guerra, les cancelamos el futuro, ya no hay futuro para ellos y aquellos jóvenes que se atreven a emprender luchas totalmente legítimas, inmediatamente son señaladas como terroristas, y como ilegítimas, porque atentan contra el progreso, contra el desarrollo, contra el bienestar, contra el crecimiento económico. Me interesaba mucho y a través de este personaje de Julie Chamberlain trataba de dejar muy claro como un gobierno como el canadiense que se autoproclama como un gobierno demócrata, respetuoso de los derechos humanos, inmediatamente una actividad como la que emprenden Julie y sus amigos en la novela es tachada como terrorismo. Porque todo cuestionamiento es terrorismo, todo cuestionamiento viene de un deseo de oponerse al desarrollo viene del resentimiento social.

JMH: También podemos ver cómo estas empresas dividen a las comunidades, porque entran a las comunidades con la idea de que están del lado del progreso van a tener beneficios.

IC: Dividirlas, insisto, a partir de la precariedad, porque el grado de precariedad es tal que estás a merced de este poder tan aplastante. A veces acceder a vender las pocas hectáreas que tienes por dos pesos, acceder a ello significa que tu familia pueda comer. De pronto no podemos pedirles heroísmo. En el caso de esta novela hay dos personajes que actúan de manera heroica, que se enfrentan, pero el resto al final sino es por la precariedad que te orilla de pronto a aceptar las migajas que te ofrece una empresa como esta, con el poder. Porque no hay que olvidar que llegan con toda la parafernalia, la presión es brutal y la precariedad en la que está el campo en México es tal que es que es muy fácil mal vender. Pero luego también está la intimidación, está la violencia y lo saben, son perfectamente conscientes de que negarse tiene implicaciones vitales, implicaciones para ellos, para sus familias. Obviamente que es muy fácil para estos monstruos financieros, corporativos dividir una comunidad, y sobre todo pulverizar su voluntad de lucha, pulverizar su capacidad de solidaridad y paz, y sería de nuestra parte, sería tremendamente irresponsable condenarlos. Porque nosotros estamos en la seguridad de la urbe. Para estos monstruos corporativos llegar a una comunidad y dividirla y comprar ciertas voluntades, inhibir, coaccionar estas voluntades de lucha, de resistencia, es fácil, y a pesar de eso hay una infinidad de ejemplos heroicos en México, a los que hemos dejado solos, a comunidades enteras a las que hemos dejado solas. Pero más vergonzoso aún es que la clase política las ha dejado solas, que el Poder Judicial las ha dejado solas, porque falla en contra de estas comunidades a pesar de que tienen razón y que los juicios presentan pruebas de lo que hacen las mineras y de todas maneras actúan a favor del gran capital. Es desolador, realmente desolador.


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