Malgré Tout/ Imágenes de Aguascalientes  - LJA Aguascalientes
02/12/2023

Un día andaba yo en San José de Gracia, en uno de esos caminitos mágicos que conducen a ninguna parte, una humilde terracería solitaria. Andaba bajo el cielo azul sin nubes, todo rodeado por las aguas de la Presa Calles, y todo bañado por la intensa luz solar. Iba yo disfrutando el momento, cuando me encontré con esta escena, que fue para mis ojos como un golpe de luz; como una lección de vida.

Aquello era… ¿Cómo podría decirlo de manera pertinente; justa? En lugar de personificación, ¿arborización? Pero no, ni al caso, porque lo que el diccionario de la RAE dice para esta palabra es que se trata de la “Figura natural en forma de ramas de árbol que se observa en ciertos minerales y otros cuerpos”. Lo que quiero decir es que este árbol era la “personificación de la esperanza”, aunque no se tratara de una persona porque, fíjese, este amigo era un sobreviviente de la sequía; un veterano de una guerra silenciosa, caliente, donde todo a su alrededor estaba seco… El árbol sobrevivía en ese páramo, incólume, en medio de una tierra derrotada; un campo con huellas de haberse cultivado, y en el que sin embargo no había nada vivo, salvo el mezquite…

El árbol sobrevivía, y lo hacía solo. Entonces cabría preguntarse: ¿por qué no eran, dos o tres familiares suyos, o de otras especies; por qué solo uno? Quizá fuera esa la lección: el mezquite se imponía a circunstancias adversas, y seguía clamando al cielo, aunque no sin resentir los efectos de su lucha, esta inclinación, esta especie de doblarse, pero no dejarse vencer; quizá…

Pero además el paisaje me sugiere una gran pregunta: ¿por qué tenemos tan pocos árboles? En Aguascalientes; en México… Tengo la impresión de que, en general, en el mejor de los casos nos son indiferentes, y en el peor los despreciamos. Como sea, los talamos con la mano en la cintura para abrirle paso al progreso, sin valorar a plenitud la importancia que tienen para nuestra vida; para todo lo que vive en el cielo, la Tierra y en todo lugar.

No es cuestión de que sólo nos acordemos de los árboles en “su día” -este año será el próximo jueves-, sino todos los días; siempre. Plantar árboles está bien, pero luego hay que cuidarlos, alimentarlos, para que se logren y nos obsequien todos sus beneficios, de la sombrita rica a la renovación del aire.

El título de estas líneas evoca la que quizá sea la obra maestra del escultor Jesús Fructuoso Contreras, Malgre Tout, A pesar de todo… Dice la ficha de esta escultura en la página de Facebook del Museo Nacional de Arte que “en esta obra se expresa el estado de ánimo de una mujer encadenada que, a pesar de los grilletes que la aprisionan, levanta el rostro hacia el frente en señal de anhelo. Revela la universalidad del sentimiento humano hacia el desasosiego que produce la libertad coartada. El modo libre y expresivo con que el autor imprimió su huella en el mármol borra la definición de las formas para lograr un continuo fluir de superficies irregulares y claroscuros acentuados.”

Malgre Tout, A pesar de todo… Así parece proclamar el arbolito, que sobrevive a pesar de todo; de la sequía, del Sol, de la indiferencia humana, como si se tratara de un clamor de vida.

Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a [email protected].



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