David Velasco, Huayacocotla y la justicia reclamada - LJA Aguascalientes
28/02/2024

 

Introducción

El martes 9 de agosto de 2023, en la madrugada, falleció en la Ciudad de México, el filósofo jesuita David Velasco Yáñez. Era profesor e investigador de la Universidad Iberoamericana, campus Ciudad de México; lo había sido por muchos años del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), en Guadalajara. Promotor y defensor de los derechos humanos desde la academia, ciertamente, pero antes lo había sido como educador popular y activista social y luego desde el Centro de Derechos Humanos “Miguel Agustín Pro” (Centro PRODH), de la Compañía de Jesús, del cual fue director de 2004 a 2006. Su producción como investigador social es enorme, analizando entre otros movimientos sociales el neozapatismo; el producido por la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO), los reclamos por el genocidio de los estudiantes de Ayotzinapan, Guerrero, entre otros. También fue estudioso de los defensores de derechos humanos.

David Velasco nació en Aguascalientes el 13 de noviembre de 1952. Estudió la preparatoria en el Instituto Autónomo de Ciencias y Tecnología (la “Prepa de Petróleos”), hoy Universidad Autónoma de Aguascalientes. Allí fue en donde tuve el enorme gusto de conocerlo, comenzando con nuestra amistad. Participamos juntos en la Corporación de Estudiantes Mexicanos, un grupo de apostolado estudiantil fundado por jesuitas y le ayudé a reeditar una revista estudiantil.

Después de cursar la Prepa, David ingresó a la Compañía de Jesús. Se ordenó sacerdote el 4 de diciembre de 1982, en México, presidiendo la celebración el Obispo José Llaguno Farías, S.J. Su primera misa la celebró en el Templo del Rosario (La Merced), en Aguascalientes, el 12 de diciembre de 1982.

El 31 de diciembre de 1989 publiqué en El Unicornio, Suplemento Cultural de El Sol del Centro, un artículo titulado “Huayacocotla: derecho a la vida. La justicia reclamada”, que se lo dediqué a David. Conocimos el proyecto de educación popular que los jesuitas, por medio de Fomento Cultural y Educativo, tenían y tienen todavía en la región de Huayacocotla, Veracruz, gracias a David Velasco. Él participó mucho tiempo en ese proyecto. Fuimos algunos veranos a pasar unos días allá con él, Chela, mi esposa y mis hijos mayores Toño y Óscar. Pero también estuve allá con mi amigo Enrique Rodríguez Varela, como parte de los trabajos preparatorios del proyecto de educación jurídica popular auspiciado por el propio Fomento Cultural Educativo, que motivó la creación del Centro de Estudios Jurídicos y Sociales P. Enrique Gutiérrez (hoy CENEJUS-Mispat). De paso, digo que en “Huaya”, convivimos con el padre Enrique Gutiérrez Martín del Campo, que había sido provincial de la Compañía de Jesús en México, y que inspiró el proyecto jurídico-popular; con Jesús “Chuche” Maldonado, fundador del Centro Pro; con David Fernández, que fue rector del ITESO y de la Ibero México y director también del Centro Pro; y con Alfredo Zepeda que sigue al frente, después de más de 40 años, del proyecto de los jesuitas en Huayacocotla.

A continuación, quiero referirme al trabajo de la Compañía de Jesús en Huayacocotla, en el que David Velasco fue tan importante en la concientización y organización popular. Esto sólo como una breve muestra de su actividad en defensa de los derechos humanos y el reclamo de justicia.

  1. HUAYACOCOTLA

Huayacocotla se encuentra en la sierra norte del Estado de Veracruz, siendo parte de la región conocida como huasteca veracruzana. Esa región serrana está compuesta por ocho municipios: Huayacocotla, Tlachichilco, Zacualpan, Zontecomatlán, Ilamatlán, Texcatepec, Benito Juárez, Ixhuatlán de Madero y parte de Chicontepec, y es habitada por varios grupos étnicos como nahuas, otomíes y tepehuas.

Se trata de una de las regiones más pobres de México. La mayor parte de sus habitantes viven de la agricultura a nivel de subsistencia. La población se encuentra muy dispersa por las características mismas del terreno, que, además, hace muy difícil la comunicación, pues a 1a mayoría de las comunidades sólo es posible llegar a pie o a caballo, y hay lugares a los que desde Huayacocotla se hace más de doce horas. La producción es baja, por tratarse de una agricultura trabajada con técnica rudimentaria y con un mínimo de insumos (semillas, herramientas, fertilizantes, etc.) La comercialización de sus materias primas es hecha en condiciones desventajosas, frente a grupos económicos poderosos. Esto sucede, sobre todo, con la madera y el caolín. El desempleo es crónico entre los campesinos sin tierras y los hijos de ejidatarios.


Según un estudio realizado por la Secretaría de Programación y Presupuesto, se cuenta en la zona norte de la región con 710,000 hectáreas de dotaciones y restituciones ejidales y comunales cuyos beneficiados son unos sesenta y cinco mil campesinos. Sin embargo, en el otro extremo, unos veinte mil propietarios disfrutan de un millón doscientas mil hectáreas, dejando un saldo de doscientos mil campesinos sin tierra.

Esta concentración de la tierra en manos de unos cuantos mestizos tiene tres raíces: la herencia familiar de los terratenientes de principios de siglo; la herencia política militar de los encargados de la ejecución del reparto agrario y e1 acaparamiento de tierras por parte de unos campesinos más acomodados o ‘vivos’ a costa de los bienes de las comunidades o de las parcelas ejidales de otros campesinos”1 –nos dicen, Concepción Hernández, Rosario Huerta y Luisa Paré-.

Se trata de una región dominada por el poder de los caciques. El acaparamiento de tierras en pocas manos, a costa de las comunidades indígenas y de los campesinos pobres, y despojo de que estos mismos son objeto de sus escasas cabezas de ganado, son por obra y gracia de los caciques. Los caciques son hombres armados y con pistoleros a sueldo, que someten la región a sus intereses y caprichos, sin más ley que el poder que les da su riqueza acumulada y las balas que reparten indiscriminadamente entre todos aquellos que osan oponérseles.

Los caciques y ganaderos usufructúan tierras que han obtenido por medio de compras ilegales de tierras ejidales y comunales. Esto en complicidad con las autoridades agrarias, que incluso les ha otorgado certificados de inafectabilidad, para darle un ropaje de legalidad a esas adquisiciones.

  1. 2. LA LUCHA POR LOS DERECHOS HUMANOS

Esta situación de violación sistemática, estructural, de los derechos humanos, en especial del derecho –fundamental- a la propia vida y el derecho a la vida digna, provocó una reacción en defensa de la dignidad humana en su más amplia acepción. Surgió la conciencia y la consecuente organización de diversos grupos de campesinos pobres por la defensa de sus derechos. A ese despertar de la conciencia y a esos intentos de organización popular, no han sido ajenos diversos grupos de promotores, entre otros los jesuitas.

La labor de los jesuitas forma parte del proyecto de promoción humana de Fomento Cultural y Educativo, A.C. Esta institución nació en 1970. En 1975 Fomento Cultural y Educativo (FCE) se hizo cargo de una Radio Escuela que había echado a andar Servicios Educativos Radiofónicos de México (SER de México), que tenía como actividad básica la educación para adultos. FCE cambió su objeto, haciendo de “Radio Huaya” una emisora cultural no formal, abierta a todo público. Se plantearon los siguientes objetivos para la radio:

“-Dar a conocer 1a zona, sus valores y problemática.

-Capacitar para el trabajo a grupos organizados.

-Fomentar el intercambio, solidaridad y servicio entre

los grupos de las diferentes comunidades y rancherías.”2

En “Radio Huaya” participan los padres jesuitas de la comunidad de Huayacocotla, que están integrados a este proyecto educativo de FCE, en el cual participan también algunos laicos.

A esta labor educativa propiciada por la radio, hay que añadir las actividades propias de evangelización que los miembros de la orden de San Ignacio llevan a cabo en la región. Labor de evangelización que integra la denuncia de la injusticia al aspecto de la promoción humana integral. Por eso resulta tan incómoda su labor para los grupos caciquiles regionales; y por eso son objeto de varios ataques, amenazas y calumnias, que incluso han obligado a sus superiores a salir en su defensa.3

No sólo el equipo de “Radio Huaya”, la comunidad jesuita, y algunos de sus párrocos, están empeñados, en calidad de promotores, en que impere la justicia. En algún tiempo también había gente del Instituto Nacional Indigenista que, de manera honesta y valiente, apoyó a los campesinos pobres.

Este equipo de trabajo estuvo respaldado, en el aspecto de la asesoría jurídica y el litigio, por las abogadas Concepción Hernández y Rosario Huerta. Con valentía, con trabajo tesonero, con imaginación, hicieron una muy valiosa labor entre los campesinos pobres de Huayacocotla: defendieron sus derechos, haciendo uso alternativo de las leyes, buscando todo aquello que es aprovechable en la normatividad jurídica.

  1. LA LUCHA JURÍDICA

La lucha jurídica en Huayacocotla tomó tres formas distintas que se interrelacionan, a saber: como uso alternativo del Derecho, como Derecho que nace del pueblo y como justicia reclamada.

3.1 El uso alternativo del Derecho

Haciendo uso del derecho objetivo, es decir de la ley, de la normatividad vigente, consideramos que existen dos zonas diversas en las cuales puede usarse el Derecho al servicio del pueblo:

1a. Haciendo efectivas muchas disposiciones jurídicas vigentes que benefician a las clases dominadas, y que no se hacen valer.

2a. Dándole a otras normas de suyo “neutras” un sentido tal que lleve a una aplicación en beneficio de los oprimidos. Este espacio, propiamente, es el que hemos llamado uso alternativo del Derecho.

Uno de los problemas jurídicos, dicho de otro modo, una de las necesidades más sentidas en la región, es el de encontrar formas jurídicas adecuadas para sus diversas agrupaciones o asociaciones, que fueran las más convenientes de acuerdo a su objetivo. Después de un largo trabajo de concientización y organización, se da como fruto maduro una unión de ejidos con el objeto de explotar y procesar la madera. Había entonces que buscar la forma jurídica más adecuada a sus pretensiones, que los hiciera sujetos de crédito y que no dependieran directamente de la Secretaría de la Reforma Agraria, siempre entorpecedora de los trámites de los ejidos y coludida con los caciques. Se optó por crear una Unidad de Producción de acuerdo a las disposiciones normativas de la Ley de Fomento Agropecuario. Con esto se logró el objetivo de darle una forma jurídica a la unión de ejidos, que, además, tuviera capacidad en Derecho para realizar los actos y contratos necesarios para alcanzar sus propósitos; y sin afectar su régimen jurídico de ejidos en lo particular, como unidad de producción pasaban a depender, no ya de la Secretaría de la Reforma Agraria, sino de la Secretaría de Agricultura y Recursos Hidráulicos. Así nació la “Unión de Productores Forestales Adalberto Tejeda”, que tan buenos resultados ha dado, siendo “un ejemplo para todo el país del manejo integral y racional de los bosques.”4

En la fundación de esta unidad de producción, hay, claramente, uso alternativo del Derecho. En primer lugar, existe la búsqueda de la normatividad utilizable. Luiz Edson Fachin nos dice que, como cuestión fundamental para el uso alternativo del Derecho, debe realizarse un trabajo de búsqueda jurídica en el ordenamiento legal en vigor; para decir búsqueda usa el término brasileño garimpagem, de garimpeiro, que significa buscador de metales y piedras preciosas. No se trata, pues, de cualquier búsqueda, sino de aquello que sea valioso, precioso, para su objetivo.5

En segundo término, se trata de un uso alternativo del Derecho en el sentido más exacto de la expresión, pues se hace uso de una ley, como es la de Fomento Agropecuario, tan cuestionada por abrir de lleno la posibilidad de la inversión de capital privado en los ejidos y comunidades, constituyendo el peligro de que de hecho los ejidatarios y comuneros se conviertan en asalariados en sus propias tierras. En una ley así, tan criticada por expertos que analizan la situación agraria desde los campesinos pobres, es en donde, gracias a las contradicciones aprovechables del sistema legal, se encuentra la forma jurídica más beneficiosa para la unión de ejidos madereros de Huayacocotla.

La “Unión de Productores Forestales Adalberto Tejeda”, es una unidad de producción que integra sólo ejidos, sin participación de pequeños propietarios ni capital privado.

3.2. Derecho que nace del pueblo

Además del uso alternativo del Derecho, en Huayacocotla, los campesinos pobres organizados, han adoptado también como modalidad frente a lo jurídico, lo que hemos llamado ” Derecho que nace del pueblo”. No sólo hacen uso del Derecho objetivo que establece el Estado para defensa de sus derechos y para organizarse, sino que también crean sus propias normas, elaboran su Derecho objetivo. Esto constituye una reapropiación del poder normativo; significa quitarle al Estado el monopolio de la creación del Derecho.

La unidad de producción a la que nos hemos referido, nos ofrece también el ejemplo más claro de ello. De manera democrática y participativa han elaborado sus estatutos, han fijado las relaciones entre los miembros que la componen, y han establecido todo lo concerniente a la relación con los que prestan sus servicios en la empresa maderera, buscando condiciones más justas, basadas en la solidaridad, que obviamente superan a las condiciones laborales que establece la Ley Federal del Trabajo.

La importancia de la generación de normatividad en el seno de las comunidades y organizaciones populares, es que, habitualmente –y es el caso de Huayacocotla-, presenta alternativas a la lógica del Derecho dominante, porque la desmitifica y prefigura un nuevo tipo de relaciones sociales.

3.3 La Justicia Reclamada

El 13 de diciembre de 1986, Luis Mendoza Rivera, cacique de Amaxac, dio muerte a una pareja y a su hija menor. Esa fue solo la última fechoría de Luis Mendoza y su gente, antes de que el cacique fuera detenido. Los días anteriores habían estado marcados por otros asesinatos, incendios, despojos y robos, llevados a cabo por los pistoleros de Mendoza., en la propia comunidad de Amaxac, municipio de Texcatepec, perteneciente a la parroquia de Huayacocotla.

Las familias de los campesinos -de origen otomí-, afectadas por los asesinatos, el despojo y el robo, se unieron decididas a reclamar justicia. Con e1 apoyo de las diversas comunidades cristianas de Tzicatlán, Pericón, Tierra Colorada, Amaxac, Ayotuxtla y Texcatepec, vencieron su miedo, y en búsqueda de una solución no violenta y conforme a ley, decidieron hacer su reclamo directamente ante e1 entonces gobernador del Estado de Veracruz, Fernando Gutiérrez Barrios. El grupo de campesinos fue apoyado por el Comité de Solidaridad con Grupos Étnicos Marginados, A.C. y la Comisión de Derechos Humanos de Veracruz.

Esta justicia reclamada por aquellos que sistemáticamente padecen la injusticia, rindió frutos. El 21 de diciembre de 1986, el “gran” cacique de la Sierra Madre Oriental, fue detenido, en un operativo en el que participaron más de cuarenta y dos policías judiciales. Más de treinta y tres asesinatos, despojo de tierra a más de cien campesinos, robo de más de doscientas cabezas de ganado, son algunos de los cargos que se le hacen a Luis Mendoza Rivera y su gente.

Durante la instrucción del proceso penal seguido al cacique, los campesinos otomíes siguieron unidos y persistentes en su reclamo de justicia: aportaron testimonios de cargo en contra de Luis Mendoza e iniciaron un reclamo agrario de la tierra en posesión del cacique y su familia.

En efecto, los días 22 y 23 de septiembre de 1988, quince testigos de cargo y agraviados dieron sus testimonios ante el Juzgado en donde se instruye el proceso a Mendoza. Las declaraciones de los agraviados son impresionantes; constituyen un enorme rosario de injurias y atropellos, de muerte.6 El expediente penal se ha convertido en un documento que sintetiza a la justicia reclamada, que en el caso concreto “se trata de una cuestión de vida o muerte de los pobres”7

El reclamo de justicia unió y organizó a los pueblos de Huayacocotla. Dice David Velasco “descubrimos una dimensión diversa de la capacidad organizativa del pueblo: en la sierra, los más pobres, los que considerábamos que no tenían capacidad, se están organizando alrededor de una demanda muy simple: en defensa de la vida y contra el despojo de la tierra.”8

Para terminar

En Huayacocotla, David Velasco Yáñez escribió su tesis de licenciatura en teología, hace cuarenta años exactamente, pues está fechada en agosto de 1983. Lleva por título uno muy sugestivo y revelador de la actividad del autor en su vida como jesuita: “Una lectura teológica de nuestra lucha por la justicia”. En una de sus conclusiones escribió una de las convicciones que lo acompañó toda la vida:

La lucha por la justicia, siendo resultado tan palpable del esfuerzo humano, es reconocible desde la fe como la obra misma de la gracia, como el dinamismo que transforma la historia, como la máxima expresión del don de Dios en las manos nuevas de los hombres para hacer el Reino del Padre y realizar nuestra nueva humanidad.”

David Velasco se ha ido, pero sigue con nosotros. ¡Hasta siempre, compadre!

1 Hernández, Concepción, Huerta, Rosario, y Paré, Luisa. “Tenencia de la tierra y derechos humanos”, en México Indígena, Revista del Instituto Nacional Indigenista No. 27, Año V, México, marzo-abril de 1989. p. 43.

2 Cfr. Oseguera, Antonio. “Una experiencia de comunicación educativa para el desarrollo rural” en Comunicación y Cultura 8, México, julio de 1982. p. 35.

3 Comunicación dirigida al gobernador de Veracruz, firmada por el Provincial y el Viceprovincial de la Compañía de Jesús, en Excélsior, 4 de junio de 1987. p. 14.

4 Hernández, Huerta y Paré. Op. Cit. p. 46.

5 Fachin, Luiz Edson. “Da Representaçao Constitucional: Remedio contra abusos e Injusticias”, en Direito Insurgente. Anais da fundaçao. Instituto de Apoio Jurídico Popular, 1987-1988, Río de Janeiro. p. 22.

6 Cfr. Hernández, Huerta y Paré. Op. Cit. p. 46.

7 Comunicado a la Comunidad Parroquial del Huayacocotla y Texcatepec, Veracruz, suscrito por el obispo de Tulancingo, Pedro Aranda Díaz, el párroco Hilarino Ponce López y la Comunidad de jesuitas de Huayacocotla, 23 de Diciembre de 1986.

8Velasco Yáñez, David. Autobiografía desde la óptica de la Opción por los Pobres. Inédito. Presentado en un Seminario, en Enero de 1988, en el Centro de Reflexión Teológica.


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