Redescubrir América por Adán W. Echeverría-García - LJA Aguascalientes
21/02/2024

Robert Card, un militar estadounidense, decide comenzar un tiroteo en Lewiston, Maine, Estados Unidos de “Norteamérica”. Asesina a 22 personas y deja heridos a más de 80. Con 40 años es un instructor certificado en el uso de armas, y pertenece a la reserva del ejército gringo. Blanco, pero por supuesto. El 90% de las masacres que ocurren en estados unidos (así con minúscula) se debe a blancos locos al servicio de la cultura del odio, la opresión, la búsqueda del poder, y el sentimiento ya no solo de que América es para los americanos, sino que todo el mundo debe pertenecerles.

Así construyeron el Boom Latinoamericano en la literatura, pagar a intelectuales latinos para que amen al país del norte. Pagaron con el dinero del armamentismo gringo. Hay libros que indican que la CIA le regaló un rancho a Juan Rulfo para que escribiera su tercer libro, que Lee Harvey Oswald aparece en una foto donde bailan Elena Garro y Gabriel García Márquez. Incluso sobre las palabras de aquel presidente gringo asesinado, pidiendo que se invierta en los intelectuales, desde México hasta la Patagonia, no se fueran a volver comunistas rojos. Incluso premiaron al rojísimo Neruda. Con dinero baila el gringo y el latino.

Volvamos a Robert Card. Justo cuando el ejército gringo y las empresas armamentistas del país de las barras y las estrellas viven su momento dorado, inundados del dinero que les dejan las guerras de Rusia contra Ucrania, y la invasión del gobierno de Israel sobre los territorios palestinos; uno de los suyos, Robert Card, al estilo de Rambo (personaje encarnado por Sylvester Stallone); comete la masacre y corre a esconderse a una zona boscosa, y durante más de 24 horas pone a todas las autoridades gringas en su búsqueda. Un hombre entrenado, capaz de abrir fuego en tres establecimientos: un supermercado, un restaurante y un boliche, de huir de sus perseguidores, meterse a un bosque para esperar que lo cacen o lograr escapar; y las autoridades nos dicen que lo encontraron muerto, que al parecer él mismo se quitó la vida. ¿En serio hay quien crea esto? Si se hubiera querido quitar la vida no escapa hacia un bosque, lo hubiera hecho enfrente de todos.

Lo cierto es que este país del norte de América, estos gringos, cuyo gobierno surte de armas a Ucrania, ahora busca cómo esconder el resultado de esta entrega de armamento, pues la misma Ucrania le vendió armamento al grupo Hamás. Y Hamás armado hasta los dientes atacó a Israel. Lindura de estrategia. Los Estados Unidos le entregan armas a Hamás, vía un intermediario, y luego arman a Israel para que se defienda. Doble ganador. Las comisiones, que se estarán llevando los agentes de ventas de estas compañías armamentistas que el próximo año financiarán las campañas electorales del país al otro lado del Río Bravo, son inconmensurables.

Redescubramos América. Un continente no puede estar secuestrado por un país roto en sí mismo. El imperio se desmorona, se contrae sobre sí mismo. Lo gritan las pandillas, las mafias, el crimen organizado, que de todas las nacionalidades han puesto sus bases ahí mismo, en las calles y edificios de aquel imperio. Las escuelas juveniles gringas no son más que focos de violencia naciente. Donde cada día los estudiantes esperan la siguiente masacre de otro blanco enloquecido.


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