Ley de la relatividad electoral | Opciones y decisiones por Francisco Javier Chávez Santillán - LJA Aguascalientes
28/02/2024

Voy a poner un mercado

entre tantos mercaderes

para vender esperanzas

y comprar amaneceres.

Mocedades 1974. Álbum 5. 

La figura críptica esa de que “la mano oculta del mercado”… es la que mece la cuna, es un edulcorado sofisma para ocultar el poder real que pone los precios valederos a la hora de comprar o vender. Ya lo exponía Marx en El Capital (1867-1894), por ejemplo, al referirse -en un desarmante pie de página- a México como el mayor productor de plata de su tiempo; pero que a pesar de ello, los precios de los metales preciosos -como la plata- se fijaban en el Mercado Financiero de Londres, y no por el estado/mercado mexicano. 

Este dato real del fenómeno económico-político, evidente para el mundo contemporáneo, nos sirve de clave al observar el comportamiento del mercado electoral actual, en México. Las encuestas “electorales” al uso se ostentan como los instrumentos idóneos para declarar quién es quién en las preferencias del público elector, y se precian de medir puntualmente “la radiografía real de un momento dado entre dos o más ofertantes elegibles”. 

El asunto está lejos de ser trivial. Lo que se juega en un concurso de estos es nada menos que, para el caso 2024 de México, significa la suprema conducción política del país (de los tres órdenes de Gobierno), en una transición que califica como una rabiosamente disputada: unos por “la continuidad” de un régimen, desastroso para un gran porcentaje de las y los ciudadanos, y otros por el giro diametralmente opuesto y hacia arriba/con fundadas esperanzas al futuro. En esta coyuntura no parece haber componendas de terceras vías, que pueden disfrazarse de alternas, pero que en realidad operarían para socavar al adversario del oficialismo continuista. Lo que evidencia que ‘la mano oculta del mercado’ carece de medidores verdaderamente eficaces y creíbles, pues las encuestas que proliferan se cargan de un solo lado, de la oferta oficialista. No hay en la escena ni vestigio de los ciudadanos demandantes, la auténtica sociedad civil. 

Este flanco último desaparecido -acaso intencionalmente- por el bloque del grupo en el poder, resulta ser mayoritario a la hora buena de contar con justicia y verdad su dimensión demográfica real. La voz que ya se hizo escuchar, (Gabriel González-Molina, Switchers S2, El segmento de la orfandad. Entre el Resentimiento y Salir Adelante. Electores para ganar en 2024. Global Talent University Press. 2023), ha puesto la insignia sobre el lomo de ese tremendo burel embravecido. Y sí son de identificar esos señalamientos clave que hace respecto de los sesgos de mediciones que pueden inducir a monumentales errores de los líderes políticos y públicos -en general- del país. 


Yo he expuesto cómo de feliz confluencia, por un lado, el hallazgo de la perla negra que significa -desde mi punto de vista- la opera magna Esferas I, II, III de Peter Sloterdijk al explorar la construcción de un ‘marco teórico para emitir Políticas Públicas’, para el México que habrá de venir; y, por otro lado, la destellante ruptura de paradigmas que opera Gabriel González-Medina son su obra última en cita. Creo que desde esas visiones cimeras es posible reeditar nuestro futuro de país. 

1º.- El mercado electoral opera a base de segmentos, los que se conforman en términos de aquello que los individuos y grupos buscan y valoran. Y para ello, no basta con referirse a opiniones o actitudes’, sino a comportamientos que son homogéneos o heterogéneos. 

A este respecto, veo cómo hablar de valores, en el sentido axiológico del término, nos lleva a una distinción formal de la Ética: el aspecto no-visible de una persona son precisamente los valores y las actitudes; en cambio, las conductas o comportamientos son su aspecto visible.

  1. A) Esta distinción importa mucho en el funcionamiento del mercado electoral, una cosa es lo que anhelamos o deseamos -valores/actitudes- y otra muy diferente al comportarnos de una manera o cómo nos conducimos en los hechos. A esto el autor designa como segmentación con base en la oferta, sean protagonistas y actores.

El enorme supuesto es creer que las opciones electorales existentes (y que son medidas por las encuestas) son el factor determinante de la elección; y no las necesidades y aspiraciones del elector. 

  1. B) La segmentación programática: definición de necesidades y aspiraciones. (Gabriel G-M, opus cit., p. 37). Aquí se establece la distinción entre la situación actual del individuo y su situación en el futuro. Al tiempo que destaca la poca relevancia a la hora de medir un estimación de triunfo, cifrada en las diferencias ya sean por ciclo de edad de los votantes o bien por diferencias socio-demográficas, que explican muy poco las fluctuaciones que se dan entre los electores a la hora buena de votar.
  2. C) La segmentación estratégica, la lealtad y el switcheo. La diferenciación tradicional consiste en señalar al elector leal o “duro”, al “volátil” o cambiante en el curso de una elección; y al “indeciso”, sin clara intención de voto. Clasificación que al final no sabe qué sucede con el electorado, y de aquí la necesidad de introducir un nuevo segmento de electores: “los switchers”, que exige de una mayor precisión al medir. Preguntar por: ¿Si hoy fuera la elección…? Conduce a resultados extremadamente abultados. // ¿Le dicen algo las diferencias de los porcentaje de 20 o 30 puntos porcentuales de ventaja de la precandidata Claudia Sheinbaum sobre Xóchitl Gálvez? Contra qué aspiración o necesidad de los electores se mide. 

Una primera inferencia del examen anterior consiste en entender que medir con base en actitudes equivale a estimar acerca de una posible conducta del elector, y no de su comportamiento real. La conducta a la hora de votar es la definitoria. Los “switchers” son aquellos electores que tienen ojos para dos o más opciones electorales (Gabriel G-M, o.cit., ut supra, p. 45). Son los que asignan comportamientos afectivos variables y a favor de opciones varias, (ibid., p.54). 

  1. D) La polarización estética es la opción para trascender a otro nivel. (Cfr. O. Cit., ibidem, p. 69) – La tesis primera de este enfoque radica en afirmar que los switchers definen el triunfo electoral. Y la segunda en que para cautivar a los electores switchers hay que construir una “lógica de voto” a partir de sus necesidades y aspiraciones más apremiantes. De lo que se infiere que en 2024, la lógica predominante de voto debe estar fincada en este tipo de polarización. (Ibid., p. 24). 

2º.- Estructura electoral rumbo al 2024.- Esta arquitectura de nuestro autor de referencia tiene fundamento en: – Investigación explícita de casi tres décadas. Miles de encuestas y sesiones de grupo entre electores switchers (Ut supra, p. 23ss). Con base en 180 estudios que representan casi un millón de entrevistas, ejercicio realizado en las 25 zonas metropolitanas más importantes del país. Se han conjuntado además 93 sesiones de grupo con electores en zonas urbanas, rurales e indígenas, con sesiones de aproximadamente 2 horas, con más de 1,390 electores switchers. Permite afirmar que: – En 2024 el segmento conocido como S2 será quien defina el ganador de la elección presidencial

Sus datos: El mercado electoral 2024 se conforma así: El punto de arranque de Andrés Manuel López Obrador, en 2019 sumaba en puntos porcentuales = Leales 43, S1 (afines o proclives) 13, S2 (alejados) 16 (contra por definición). Al presente, en 2023, su composición es así: Leales 21, S1 21, S2 35, Antis 23. 

Lo que nos arroja que el capital electoral actual de AMLO es del 42% que puede respaldar a su candidata. Dato que indica un inverosímil contraste de las encuestas dominantes, cuyo puntaje rebasa a más de los 48 puntos porcentuales de diferencia, y hace cantar al oficialismo de “triunfos manifiestos” y de que “este arroz ya se coció”. 

Pero ese que es su “suelo” también es su “techo”, lo que hace improbable que crezca aún más. Para la oposición, en cambio, su techo es del 58%, si pudieran apropiarse del total del segmento Switchers 2, alejados del presidente. La mala noticia consistiría en que solo sería posible si lograran articular en forma exclusiva la narrativa completa del segmento S2. 

3º.- La confluencia de cosmovisiones de cambio y de futuro.– Hemos estado en contacto -mediante las conversaciones en estas páginas- con dos cosmovisiones de cambio, la relativa al investigador y sociólogo Roger Bartra que en su análisis socio-político contemporáneo proclama un proyecto de libertad y cambio, en contraposición del actual esquema centralista y autoritario del régimen López-obradorista que resume en su manifiesto y proclama “un giro en espiral y hacia arriba”; más, la muy extensa propuesta de Peter Sloterdijk en su obra Esferas, en triple secuela, que invita a trascender el pensamiento ontológico unicéntrico y de superficie con epidermis única, como gran esfera unimodal/universal; y lo resume en un llamado a la reconversión de la Sociología en una Ciencia de los Actores Sociales cuya metodología sea la de una Fenomenología descriptiva y sistemática de la realidad pluralmente concebida, como si se tratara de una cápsula espacial capaz de proteger y hacer perdurar la vida. 

Lo que vívidamente expresa en “un salto  cualitativo hacia arriba”, al que yo me uní como un “giro helicoidal y hacia arriba”, todas estas expresiones de un cambio radical de perspectiva y modo de ver la realidad, diverso ciertamente a la visión plana de una polarización llana y simple de “progresistas” versus “conservadores”, o bloques de izquierdas y derechas, de supuestos ‘protectores del pueblo’ contra ‘minorías rapaces’, etc., nos sitúa en una feliz confluencia hacia la liberación-salud-bienestar-desarrollo integral de un futuro esperanzador y promisorio. 

El cambio de enfoque electoral, de verdad helicoidal y hacia arriba, es con Gabriel González-Medina, al adoptar su visión paradigmática de Switchers 2, que además de merecer un esmerado estudio y profundización tecno-práctica, implica el nuevo descubrimiento de “tierra firme a la vista”… la demanda del ¡S2 existe! Hoy nos está saltando a la vista, ha salido a nuestro encuentro.

Ese segmento que llama “de la orfandad” confluye perfectamente con la noción de Sloterdijk respecto de “los expulsados” del aparente paraíso perdido; que López Obrador ha entronizado como el paraíso prometido de los que se despojan en la pobreza de una “medianía republicana” o ya casi “una pobreza franciscana”, votos que no hacen sino enmascarar las carretadas de fondos del Erario Público para obras públicas desmesuradas en montos intrazables, pero extraídos del tesoro de la Nación. Su oferta de “ilusión fáustica” como del mediador necesario, acomoda a aquellos que quieren vivir eternamente del “mimo atávico” de recibir sin dar nada a cambio y deciden vivir la sumisión a un obediente cautivero personal.

También el anhelo, las necesidades y las aspiraciones de los ciudadanos-Switchers evocan el natural instinto vital (l’élan vital) del sapiens que busca cobijo, alimento y legítimo desarrollo en esferas que le provean vida, esperanza, expansión hacia estadios evolutivos superiores; y ciertamente salir, dejar atrás esfera ya putrefactas de dominación, corrupción y cautiverio de iluminados excéntricos, en el pleno sentido del término. Por ello, hoy, no, la elección no está dada, será de quien escoge el futuro. 

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