Transitar el duelo, viajar a través de las tinieblas | Entrevista a Socorro Venegas sobre Ceniza roja - LJA Aguascalientes
13/04/2024

¿Cómo vivir el duelo? ¿Cómo sobrevivir el duelo? Estas son unas de las preguntas que nos han acechado a lo largo de los últimos años. Preguntas que, sin duda, estarán con nosotros en los siguientes años. La escritora y editora Socorro Venegas (1972) recorre el duelo tras la pérdida de su pareja en su libro Ceniza roja publicado por la editorial Páginas de Espuma. 

Un libro híbrido, escrito a manera de diario, que sirve para exorcizar un poco el duelo. Porque hay que decirlo, el duelo es una sensación, un cúmulo de sentimientos que nunca se desvanece del todo. El libro recorre la pérdida, la sensación de abandono, la frustración, el enojo, la tristeza, a través de una prosa fina, pura, casi prístina, que es acompañada por las ilustraciones del artista Gabriel Pacheco. Un libro a caballo entre la poesía, la prosa, el diario, el cuento corto. Un libro escrito hace 26 años por una muy joven escritora, que se acerca a sus sentimientos de manera descarnada para descubrir la belleza del amor y que pareciera haber sido escrito para estos años de tristeza que nos han aquejado. 

Socorro Venegas ha sido directora de la Escuela de Escritores Ricardo Garibay en Cuernavaca, y es autora de los libros de cuentos Todas las islas (2002) y La memoria donde ardía (2019) y de las novelas La noche será negra y blanca (2009) y Vestido de novia (2014). Conversamos con la autora sobre Ceniza roja.

Javier Moro Hernández (JMH): El tema del duelo es central en estos últimos años y tocarlo y retomarlo en un libro no es nada sencillo. 

Socorro Venegas (SV): Un tema con el que aprendemos a vivir, un poco de esas experiencias vitales que atraviesan a golpes, y una experiencia sobre la que se prefiere no volver, no escribir. Una experiencia que quizá uno prefiere abordar desde la ficción, como yo mismo he hecho. Es un tema que he trabajado desde la literatura, como fue una novela Vestida de novia, donde la protagonista habla de la pérdida de su pareja. Mi libro anterior de cuentos, La memoria donde ardía, en donde de hecho el primer cuento tiene que ver con un ejercicio de imaginación desde la pérdida. Este libro está completamente desnudo, es una experiencia en primera persona, desde el epicentro de la experiencia del duelo, del dolor de perder a alguien muy amado. A mí me parecía muy importante que este libro no fuera solamente un viaje a las tinieblas, porque inevitablemente se está allí, pero sí decidí publicarlo fue esencialmente porque vi que en estas páginas había también luz, el viaje de estas páginas permitía que la luz se filtra. Allí es en donde el diario realmente comenzaría para los sobrevivientes, y esa ya es la experiencia que cada uno va a verter aquí, que va a entrelazar en estas páginas. Para mí fue muy importante la lectura de Gabriel Pacheco porque él aquí hizo lo que yo pensaría que todos los lectores harían con estas páginas, que es construir su propia historia, con su imaginario, desde su mundo emocional, desde su mundo psíquico, sobre la forma en la que se pueden entretejer estas estas palabras.

JMH: Es un libro despojado de ficción, pero no de poesía.

SV: Sin ninguna intención, porque yo no tenía ninguna intención, pretensión de hacer poesía. lo que yo estaba haciendo era sobrevivir. Eso es lo único que puedo decir que hacía. No estaba escribiendo, menos aún quería hacer literatura y todavía menos tenía alguna reflexión sobre el género literario que estaría yo explorando, para nada, pero sí es importante decir que quien estaba escribiendo era una lectora voraz de poesía. Eso sí, eso era lo era antes y lo que he sido también. En ese periodo el dolor lo habitaba absolutamente todo, no tenía una arista prácticamente para crear, no había nada nada en mí que pudiera dar. No solo crear sino dar, quizá en un sentido mucho más primitivo. No era alguien que pudiera dar absolutamente nada. En esta escritura desgarrada solo podía tratar de consignar lo que veía. Ahí se pueden ver muchas emociones, porque había ira, no solo hay dolor, quizás todas estas formas que el dolor puede ir tomando, el dolor como una especie de ser camaleónico que atraviesa y entonces había ira, había envidia, porque hay momentos en los que estoy mirando otras parejas, y las estoy como acechando inclusive. Hay frustración. Pero también hay una cierta locura también. Esa locura en la que yo me identificó muchísimo, principalmente con el Año del pensamiento mágico de Joan Didion, un libro que ella escribió después de la muerte de su pareja. Pero su pareja muere mucho tiempo después que la mía, entonces el libro no estaba disponible en ese momento. Creo que es muy importante que uno encuentre los libros que te pueden acompañar. Esa sería mi única expectativa de que ojalá este libro pueda acompañar a quienes han pedido a alguien, sobre todo en este periodo que señalas, en donde hemos tenido muchos duelos, sino que también han sido duelos a los que arribamos sin habernos podido despedir de las personas. Qué fue lo que a mí me sucedió, porque no hubo ninguna posibilidad para eso, y quién no se despide aloja un dolor muy particular. Ya la pérdida es terrible, pero no haber podido despedirse, no haber podido mirar por última vez unos ojos, saber que había la posibilidad de la despedida. Eso me parece que implica numerosas preguntas, inseguridades, muchos fantasmas también. La culpa está muy viva. Hay momentos en las páginas del diario que me sorprendo riéndome, me sorprende estar viva, sentía culpa por estar viva. Todo eso me parece que tiene un origen también en esa imposibilidad de haberme podido despedir y entonces el proceso tiene la dificultad, tiene el desafío de que tienes que ir construyendo esa despedida, sabiendo que tu interlocutor no está ni va a estar ya nunca más al alcance. Quizás por eso también lo que atraviesa estas páginas es esa espera muda, esa espera tan extraña que implica aguardar a que vuelva alguien que sabes que está muerto. Yo lo sabía, hice muchos trámites que me confirmaban que él estaba muerto, pero eso no significaba que estaba entendiendo que él no iba a regresar. Eso era distinto. Lo llamo como un periodo de locura, pero para mí era perfectamente normal lo que estaba sintiendo, pasando. Me cambié de casa, pero me cambié esperándolo. Escribía y la voz narrativa y que también termina conmoviéndome ahora en retrospectiva, es que yo le estoy hablando a él, le estoy gritando. En muchas páginas la forma del texto, la forma que el texto adopta es epistolar. Hay un tono confesional en varias páginas, él es el interlocutor, pensando que es alguien que todavía puede estar allí. 

JMH: En esta interlocución que mantiene la voz narrativa está el tema de la presencia física; de estar y ya no estar, volverse un duelo, de transitar el duelo. Porque hemos pensado el duelo como una despedida, pero como bien dices, al no poderte despedir, hay que transitarlo de otra manera. 

SC: El proceso termina siendo un ejercicio de imaginación, porque lo único que cabe, lo único que puede imaginar es la mirada que me devolvería, ya solo puedo imaginar lo que él podría decir o hacer. Esa es la construcción de ese duelo, la forma en la que esa despedida se va construyendo, la forma en la que se edificando ese adiós. Eso es un dolor muy fuerte. Luego está la necesidad y la curiosidad de saber cómo podría continuar desde el plano físico, como se puede especular si el amor todavía puede ser posible, si otra pareja todavía podría ser posible. Si un hijo, la maternidad, algo que antes no estaba en el escenario, era un matrimonio en donde se habían descartado las posibilidades de la maternidad y de la paternidad, y de pronto, de una manera inexplicable empieza a especular sobre eso. Es decir, además hay un crecimiento espiritual, lo cual podría parecer muy extraño de que, en un momento de completa aridez, en el momento de mayor desolación, de pronto hay una especie de vida interior, de transformación esa vida interior, que lleva a esta mujer, a esta nueva viuda a avisar otros horizontes vitales que antes nunca hubiera considerado. Son los misterios que la vida nos ofrece, porque también podríamos correr tras el muerto. Pero si te quedas a ver y si te quedas para vivir esos misterios, te das cuenta de que la vida es fascinante y lo que yo aprendí es que siempre puede más. 


JMH Hace rato mencionaste todo el cúmulo de sentimientos que atraviesa uno en el duelo y mencionabas a la culpa, pero también pensaba en la culpa como una posibilidad de seguir vivo y de crecimiento. 

SC: En ese momento justo no se entiende para nada, es justo lidiar con los misterios de lo que está sucediendo, pero era un misterio para mí que el paso reverdeciera, que las plantas crecieran, cambiaran de colores, que el nido se quedara vacío. Era estar frente a eso que a pesar de que en el paisaje emocional no se modifica, el paisaje de la vida, el banquete de la vida frente a mí, sí se modifica, sí se transformaba y había belleza ahí fuera, y era muy difícil apreciar esa belleza desde donde estaba. Todo eso además queda registrado en esta escritura, sobre cómo se podía atravesar esos días, reconociendo esa belleza difícil que estaba ahí, frente a mí y que termina colándose a mi casa, esa casa pequeña que yo digo en el libro que pensaba que ahí no cabe nada más, no debe caber nada más. No quería sentir la ausencia, quería tener cada espacio ocupado para no ver el vacío materializado. 

JMH: Es un libro transicional, vemos a la protagonista transformarse, transitar entre ese duelo y esas nuevas posibilidades. Esa posibilidad que le da una persona más joven que solo está para ocupar un espacio material. 

SC: Es alguien a quién en el diario le agradezco que me haya devuelto la noción de que tenía un cuerpo, es como haber regresado de alguna manera a la vida. La muerte en el proceso del duelo lo puede ocupar absolutamente todo y llevarse todo y hacerte sentir que nada más será posible, saber la tierra arrasada en ese momento, es todo lo que uno ve y este personaje, lo que logran en ese momento de devastación es permitir que afloren emociones sensaciones, que ya ahí está este atisbo de erotismo, de conectar otra vez con la corporalidad, con la sensualidad, con algo que parecía definitivamente cancelarlo y eso es otro de los asombros, otro de los misterios que aparecen en estas páginas, y que yo absoluto asombro iba encontrando. Porque era un poco como salir tantito a la calle y volver a resguardarme. Había una especie de extrema precaución, de ser extremadamente cuidadosa, por algo otra vez se puede romper. Entonces iba como de puntitas por la vida y salía y volvía a retraerme. Ahí hay un momento, una oportunidad para la gratitud por lo que esa persona pudo dar en determinado momento. 

JMH: Mencionaste elementos de luz que parece que rasgan la oscuridad, y un poco esa corporalidad, ese erotismo son esos elementos. 

SC: Esta mujer no sabe si él conoce o no la experiencia que haya vivido, no lo sabe. Tampoco sabemos si Mario está deliberadamente tratando de consolarla, o es simplemente alguien que como todos sobre este planeta está buscando su lugar, está buscando en esa mujer su lugar. Pero no es el momento porque ella no puede ser el lugar de nadie, porque primero está necesitando reencontrarse consigo misma y reconstruirse. Es un periodo para refundarse totalmente. 

JMH: El tema de la refundación me parece esencial, porque pareciera que el duelo es como si te partieras en muchos pedazos, y te conviertes un poco en esa ceniza. 

SC: Es muy interesante esa mirada, porque creo que es lo pasa, ella también queda atomizada, igual que esas cenizas, está en todas partes y en ninguna. Es todo lo que queda de él, ella misma es el testimonio de lo que queda de él, en el diario está, de alguna manera, haciendo un balance de esa vida juntos, ya el testimonio de lo que fueron los dos solo lo puede decir ella. Ella es los vestigios de ese matrimonio, solo ella. Y por eso el día a día resulta tan difícil, por eso también el tiempo deja de ser importante. No es necesario consignar todas las fechas, me di cuenta de que un día era el mismo, una y otra vez. Era un poco como Sísifo, era volver a empezar una y otra vez, lo que ayer creíste que comprendes, lo que ayer te alivio, hoy tal vez ya no sirve. Ayer te acompaño hoy ya no, es volver a empezar, es volver a tratar de comprender lo que está pasando y siempre atisbando mirando de reojo lo que la vida podría hacer, pero todavía sentirse incapaz de ir hacia la vida. 


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