El Cine Alameda | Imágenes de Aguascalientes por Carlos Reyes Sahagún - LJA Aguascalientes
18/06/2024

He aquí el último sobreviviente de una época -no voy a decir que de oro- del cine en Aguascalientes; el camino de plata de las estrellas del Cinematógrafo, donde los galanes y las bellezas cobraron vida y entretuvieron a la concurrencia con sus historias, la asustaron y la hicieron reír; la enamoraron y divirtieron; movieron su corazón a lacrimosa compasión; la dotaron de sueños y a veces le mostraron un mundo que le estaba vedado…

Como digo, de todos aquellos edificios que dominaron la escena cinematográfica en el siglo XX el único que queda es este, ubicado en la calle de Juan de Montoro se convierte en avenida, último sobreviviente de los grandes cines del pasado, aquellos a los que fueron nuestros abuelos, nuestros padres y muchos de nosotros, salas de grandes dimensiones, con un formato diferente al de los actuales; cines de dos o tres películas por función, con permanencia voluntaria, los lugares donde Jorge Negrete rivalizó con Pedro Infante, o Vivien Leigh le gritó al viento; a la vida: “A Dios pongo por testigo de que no podrán derribarme. Sobreviviré, y cuando todo haya pasado, nunca volveré a pasar hambre, ni yo ni ninguno de los míos. Aunque tenga que mentir, robar, mendigar o matar, ¡a Dios pongo por testigo que jamás volveré a pasar hambre!”, en tanto Humphrey Bogart le dijo a Ingrid Bergman, en un lúbrico susurro, suavemente velado por la nebrina nocturna: “siempre nos quedará París”… Y sí: eso fue lo que nos quedó.

En fin, hace un par de años se rumoró -y que conste que fue un rumor, es decir, no una certeza- que la propietaria del inmueble, cuyo nombre ignoro, murió, y heredó la propiedad a, ¡Jesús mil veces!, la congregación de misioneros católicos combonianos, que no tienen ninguna vela que cargar en Aguascalientes, aunque sí en otras ciudades del país. 

La congregación no tendría ningún interés por la propiedad como tal, por lo que buscaría venderla, o la habría vendido, a fin de financiar su obra misionera (¡qué necesidad de aculturar al prójimo!). El nuevo propietario derribaría la finca para, en su lugar, construir un centro comercial, o un estacionamiento; algo que valorizara el predio y le retribuyera por su inversión. Fin del rumor.

Como digo, y reitero, era un rumor. El hecho es que el edificio sigue ahí nomás, “ni pa’ Dios ni pa’l diablo”, pero si está en venta, ojalá que quien lo adquiera aprecie su valor artístico como espléndido ejemplo del Art Deco en su versión aerodinámica, según dicho del doctor J. Jesús López García, un estilo arquitectónico que floreció en la primera mitad del siglo anterior, admire sus líneas curvas, sus elementos simétricos que lo dividen en dos, sus “entrecalles”, dos de ellas que sirven como base para los anuncios, la forma como la línea de la fachada se rompe hacia dentro, enriqueciendo el conjunto, la combinación de ventanas horizontales y verticales y en el remate la serie de líneas verticales. 

Digo que ojalá y el nuevo propietario, si es este el caso, admire todo esto y se enorgullezca de su propiedad y decida integrar la fachada al proyecto general, ya sea de centro comercial o de estacionamiento. O, mejor aún, lo convierta en un centro de postproducción cinematográfica, cosa esta última que sería un buen negocio. Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a [email protected].


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