El tercer debate | Plaza Pública por Enrique F. Pasillas P. - LJA Aguascalientes
16/06/2024

La barroca y defectuosa manera de organizar debates, que al final no lo son, del INE es muy cuestionable por distintas razones, pero al final el ejercicio cumple de alguna manera con su cometido de mostrar, aunque sea poco y mal, el talante e ideas -o falta de ellas- de las y el aspirante al cargo público más importante de este país. Así, la campaña por la presidencia de la República y demás cargos de elección popular se acerca a la recta final y el tercer y último debate oficial nos enseñó, tal vez como ninguno de los anteriores, el perfil y alcance de las y el candidato.

Sabiendo que no hay mañana, como en el box, Gálvez atacó una y otra vez y tenía bien preparados los golpes contra Sheinbaum. Seguramente se ganó a los electores…que ya eran suyos. Los que dicen que caminamos irremediablemente desde hace casi seis años hacia una dictadura castro-chavista y que la señora Gálvez es suficiente para impedirlo y sacar a la “gentuza” del gobierno, así que en el tercer debate vimos una Gálvez en versión “corregida y aumentada”. Por su parte, Álvarez Máynez destacó por su retórica más congruente y articulada, donde entre guasas y chascarrillos punzantes y certeros -aunque tanto le disgusten al establishment y a su peña intelectual y mediática-, puso en evidencia a las candidatas, especialmente a Gálvez. Ya sabemos que la posición de Álvarez Máynez es cómoda en tanto está lejos de las posibilidades de triunfo, aunque sin duda lo va construyendo para el futuro.

De manera que ante dicho panorama, Sheinbaum nos queda como la candidatura más sólida por su perfil disciplinado y su experiencia de gobierno previa. Además, el tercer debate puso de manifiesto, tal vez como nunca, que la candidata carga con cada una de las contradicciones y limitaciones del gobierno en turno, que no son menores ni pocas. Al respecto ya habrá tiempo y espacio para hacer un balance de sus luces y sombras.

La opositora Gálvez llegó al tercer debate de antemano descarrilada por sus propias limitaciones, porque su candidatura no es ciudadana como ella pretende, sino partidista, y porque su perfil y trayectoria son producto no de un gobierno fallido (el de Fox, por ejemplo) sino de al menos tres o cuatro en conjunto con el PRI. Pero también por unas formas políticas reaccionarias y claramente antidemócratas. El ceño y la expresión de Gálvez durante todo el tercer debate dan buena cuenta de lo que ha sido su campaña. Sufrió, mintió, calumnió y propinó no uno, sino una tanda completa de golpes bajos a la puntera en las encuestas que poco y nada lograron desbalancearla y menos hicieron por elevar el bajo nivel del debate y de las campañas. Por ejemplo, quiso enlodar con el tema religioso a Sheinbaum (ni ella ni sus muchos asesores han leído la CPEUM), lo que sumado a las xenófobas y racistas descalificaciones previas de su jefazo Fox, la dejan muy mal parada por su vileza, donde claramente no le hablaba a la mayoría de los mexicanos y mexicanas, sino a su base electoral más a la derecha, que según todas las mediciones y encuestas roza más o menos el 30 por ciento de las preferencias electorales. Pero acaso el mayor “pecado” de la campaña de Gálvez haya sido tirarse en brazos de sus patrocinadores y valedores “prianderistas” sin ofrecer un proyecto alternativo más allá de los chabacanos y grotescos lugares comunes. 

¿Y sus patrocinadores? Deslindándose en tiempo real. Por eso dice ahora el Güero Castañeda que la estrategia fue…mal ejecutada. Previsiblemente sus antes valedores arremeterán luego contra de Gálvez en los días finales de la campaña, porque a alguien tendrán que echarle la culpa del fracaso, aun a sabiendas de que Gálvez encarnó una candidata tan limitada que en realidad no tenía oportunidad de ganar. Y no solo por su personalidad, sino por la inexistencia de cualquier cosa parecida a un proyecto político alterno al del gobierno. Lo intentaron con el “go negative” del Güero y acompañantes, que acabó más bien en un “go ridiculous”; con una anti-política experta en la calumnia y la difamación (“narco candidata”) y después, con la evidente violencia verbal de Gálvez en el tercer debate. Pero nada resultó, porque la popularidad del gobierno y su presidente roza el 70% y las encuestas dan a Sheinbaum al menos veinte puntos de ventaja. Así que, en síntesis, parece que la oposición “no le entiende” al México de 2024.

Pero la gente bonita o “burguesía desilustrada” que teme a un gobierno de izquierdas que aún no hemos tenido, esperaba más y mejor de las derechas. Digamos algo así como un proyecto socialdemócrata parecido a lo que con éxito logró esbozar Álvarez Máynez en los tres debates. A toda esa gente le salen debiendo los y las académicas e intelectuales inorgánicos de apellidos tan conocidos por décadas. Estos mismos personajes de los desplegados, más repetitivos y cansos que nunca, carentes de ideas y proyecto, cedieron el control de la campaña opositora a publicistas y propagandistas tan insulsos como vacuos donde parece que no existe ni una sola propuesta de la que poder hablar y debatir. Por eso el partido MC, que entiende un poco mejor al México actual a pesar de sus evidentes contradicciones y limitaciones, parece caminar con paso firme hacia la segunda fuerza política del país en 2024 y en una de esas hasta consigue la llave de la gobernabilidad de la próxima legislatura federal. Por su parte, Álvarez Máynez en realidad compite para el futuro. Seguramente atraerá indecisos y sacará votos a Gálvez. Pocos serán muchos, porque la gente “bonita” esperaba un proyecto político, mejor si era de centro-derecha, y no solo golpes y desconchones de fajadora sin propuesta.

Pero ya hemos visto suficiente. Hay material de sobra para tomar decisiones informadas. Sheinbaum se lleva por mucho una campaña “seria”, que al menos parece presidenciable y presidencial. No es poco para un país tan dado al esperpento y al autosabotaje. Ahí está la desventurada Argentina del loco Milei o los Estados Unidos con su nefasto bipartidismo gerontócrata, como muestra clara de lo que le puede pasar a cualquier sociedad y país. Así que el previsible triunfo de Sheinbaum por un amplio margen será un reconocimiento popular y mayoritario a su trayectoria y su trabajo disciplinado en pos del reto más importante de su vida, que desde luego no es ganar la elección del próximo 2 de junio.

@efpasillas



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