Bravuconadas 245, cerrar un ciclo | Bravuconadas por Mario Bravo - LJA Aguascalientes
24/06/2024

A cinco años de haber aceptado la amable invitación de mi amigo Francisco Aguirre Arias, director de LJA.MX, cuando coincidimos en febrero del 2019, en los albores del Comité de Participación Ciudadana (CPC) del Sistema Estatal Anticorrupción, él como comisionado electo por el Congreso del Estado, y yo como simple asesor del Comité, momento y lugar en que tuvimos oportunidad de intercambiar opiniones sobre el nuevo gobierno que se iniciaba en el país, tiempo en el que se empezaba a fraguar una nueva visión de cómo hacer que funcionara la cosa política nacional (el Estado mexicano) y que sirvió para iniciar una amistad que hasta hoy perdura, y animarme, por instancias del comisionado Aguirre, a escribir una colaboración semanal para LJA.MX y que me ha permitido publicar 245 Bravuconadas a lo largo de este tiempo, se dice rápido pero ha sido un ejercicio exigente y disciplinado, aunque hubo semanas que por motivos distintos, la Bravuconada correspondiente no pudo ser escrita y publicada.

Hoy, sin embargo, Bravuconadas ha llegado al fin de este primer ciclo, su propósito desde el principio fue describir la evolución política del gobierno encabezado por Andrés Manuel López Obrador, y el señalamiento sobre todo de sus formas particulares de hacer política y gobierno en un México atrapado en una jaula cuyo entorno, necesariamente, era su historia inmediata y la dura realidad que laceraba el día a día de cada mexicano, y que el gobierno lopezobradorista supo leer y reconocer con un detalle sorprendente, incluso mejor, que los propios mexicanos, y los que, desde la oposición, serían sus adversarios a ultranza, y que fueron encasillados en un nicho del que no pudieron escapar a lo largo de más de cinco años: conservadores, neoliberales, fifís, aspiracionistas, traidores a la patria.

Describir las formas del lopezobradorismo hecho gobierno, buscaba compartir la personal interpretación del que estas líneas escribe, subrayando sobre todo con base en los números los efectos y resultados de las políticas públicas y las acciones de gobierno concretas. Desde la crisis del abasto de las gasolinas de febrero del 2019 hasta el proceso electoral del reciente 2 de junio del 2024, pasando por la desaparición del Seguro Popular y la crisis de los servicios de salud con la entelequia del INSABI, el catastrófico tratamiento de la pandemia de los años 2020 y 2021, con sus más de 700 mil muertes y de ellas las 300 mil que pudieron evitarse; la explosión de la inseguridad pública en manos del crimen organizado y la tolerancia del gobierno federal con su “estrategia” de abrazos no balazos, y que ha dejado una estela de 190 mil muertes violentas en esta administración, además de la pérdida de gobernabilidad en más de un tercio del país, donde el “Estado” mexicano, debe compartir la autoridad con decenas de cárteles.

Adicionalmente, la tan recurrida guerra contra la corrupción de parte del presidente López Obrador, sólo llevó a la aparición de una nueva mafia en el poder, que, amparada y promovida por el gobierno federal, ha dejado al país a expensas del grupo de El Clan, destacándose por tener identificados como sus líderes a los hijos del propio presidente, y ante la consolidada impunidad garantizada por el “fiscal carnal”, el país quedó expuesto a una sangría financiera al erario, sin precedentes.

Los demás servicios como la educación y el desarrollo de la infraestructura también fueron víctimas de la “cuarta transformación”. La “Nueva escuela mexicana”, a partir de los nuevos libros de texto, desplazaron propiamente la educación y formación por el mero adoctrinamiento de los niños y adolescentes mexicanos. Rechazar las evaluaciones internacionales como la prueba PISA, nos pone en una situación de desventaja ante un mundo globalizado. Por su parte, el desarrollo de la infraestructura se centró en cuatro grandes obras: el aeropuerto “Felipe Ángeles”, la refinería “Olmeca” de Dos Bocas, Tabasco, el Tren Maya y el corredor “Interoceánico”. Billones de pesos se invirtieron en estas obras a lo largo del sexenio, absorbiendo recursos excesivos que el país demandaba en otros sectores (salud, educación, economía), y ya no abundemos en PEMEX y CFE. A lo largo de las 244 ediciones de Bravuconadas se describieron los momentos y los montos, las “razones” y los “argumentos” del poder, las cifras y los efectos de estas decisiones en el bienestar de la población.

Desde el principio de la administración, el lopezobradorismo optó por la “compra” de los ánimos de las mayorías. Canceló programas y una parte importante de los recursos optó por distribuirlos en efectivo entre la gente, más allá de la responsabilidad de mejorar y garantizar la seguridad y la calidad de vida de las familias. No importó que los niños no fueran vacunados, o que hubiera atención para las enfermedades catastróficas, como el cáncer infantil o el de mama de las mujeres.

En fin, a lo largo de cinco años, Bravuconadas compiló y comentó acerca de estas prácticas de gobierno a las que consideró que lejos de beneficiar a la población, complicaba su día a día, y comprometía su futuro inmediato, con el propósito de orientar, mediante la información, una justa evaluación del ejercicio del poder encabezado por el proyecto encabezado por López Obrador, pero, como señalé más arriba, no hubo éxito, y el abrumador resultado del 2 de junio así lo demuestra. Sin embargo, sigo convencido que ello no es lo mejor para México.

Así, con esta columna, el que la escribe, agradece a LJA.MX, a su director Francisco Aguirre, su hospitalidad a lo largo de este tiempo de experiencia y aprendizaje, y a sus ocasionales lectores, gracias también, por su consideración y paciencia.

Cerramos un ciclo de Bravuconadas, y esperamos pronto abrir uno nuevo, útil y serio para bien del que escribe y los que tengan el ánimo y amabilidad de su lectura.


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