El infierno de todos tan temido | Opciones y decisiones por Francisco Javier Chávez Santillán - LJA Aguascalientes
17/07/2024

Nuestra palabra española “peligro” proviene del Lat. “periculum-i”, cuyo primer significado es prueba, ensayo, tentativa; su segundo significado es peligro, riesgo; y un tercero: proceso, sentencia. Coloquialmente, al presentar un examen precisamente de Latin, le llamábamos periculum, porque nos sometíamos a prueba, y al hacerlo no dejábamos de estar “en peligro”.

En esta recién pasada gran Elección 2024, tanto los partidos y candidatos contendientes como los ciudadanos con poder de elegir estuvimos, nos presentamos ante un “periculum”, pero uno cuyo riesgo real no vimos, o desatendimos, o simplemente dicho no quisimos atender. Y este comportamiento lo evidencia la mayoritaria, masiva votación emitida a favor de la candidata oficial Claudia Sheinbaum. Francamente, se desoyeron las voces de riesgo que implicaba escoger la hiper-citada continuidad del proyecto López Obradorista, el traído y llevado “segundo piso de la Cuarta Transformación”. Advertir este riego estuvo contenido en el alarmante fraseo: “dictadura o democracia”, “autoritarismo o libertad”, algunos añadimos la disyuntiva entre elegir “las armas ideológicas de la muerte (el crimen organizado y la connivencia del poder)” o la vida. Estas especies están allí, no han ido a ningún lado, quedan empaquetadas en los millones de spots y proclamas de campaña teledifundidas. 

Este es un hecho socio-histórico que no podemos eludir. Después de la publicación de los resultados electorales -algunos todavía en espera de proceso judicial-, en una desproporción que se antoja inimaginable a favor del oficialismo contendiente, se quieren acallar las agitadas aguas con aquello de que es voluntad mayoritaria abrumadora y todos a callar… ¡La voluntad del pueblo se ha expresado! Y, sí, suena contundente. 

Pero, aun el análisis somero del tamaño o magnitud de los votos emitidos, válidos y todavía no judicializados, delinea una pintura no tan aplastante como pretende hacerse creer, como para someter mandatoriamente al cien por ciento de la población electoral. El famoso 59.7% de los votos que dan el triunfo a Claudia es relativo a 35.9 millones de votos, en tanto que el 27.4% de Xóchitl Gálvez lo sostienen 16.5 millones de votos; y el 10.3% de Jorge A. Máynez tiene la base de 6.2 millones de votantes. En tanto que advertimos que 4 de cada 10 votantes potenciales se abstuvo de concurrir a las urnas, el 40% de abstencionistas confrontado con los 60.1 millones de ciudadanos que sí emitieron su voto. De lo que podemos colegir que de los 98.4 millones inscritos en la lista nominal, 60.1 millones de ciudadanos son electores efectivos. 

Basta sumar los votos del bloque opositor para saber que 22.7 millones de ciudadanos más los 38.36 millones de no votantes, sumamos: 61.6 millones de mexicanos que no elegimos a Claudia Sheinbaum, aunque el pacto democrático le asigne la mayoría con mandato para gobernar. De esta primera revisión, podemos derivar varias inferencias sobre el tipo de gobierno que pudiéramos esperar. 

1ª.- La primera inferencia y más evidente es que una proporción “triunfante” de este calado no debiera, no tiene autoridad moral alguna para suprimir arbitraria y autoritariamente el ejercicio democrático deliberativo, aunque sí tenga la hegemonía política dominante. Dominarán -todavía desconocemos en qué medida- el Congreso, pero eso no le da derecho a la fracción mayoritaria a convertir las Cámaras en “oficialía de partes” para tramitar sin debate edictos de Ley. 

2ª.- El Plan C de reformas, algunas Constitucionales, no es suficiente, no debiera bastar para borrar de un plumazo y apropiarse del Poder Judicial como extensión de sus facultades Ejecutivas, por más que procedimentalmente pueda hacerlo con un Legislativo bajo su acatamiento y dominio. Una tal modificación ameritaría, además de la convocatoria a un Congreso Constituyente el involucramiento universal de los ciudadanos mexicanos, es decir un referéndum nacional -por lo menos de 98 millones de ciudadanos-, y no la vulgar emisión de “una Encuesta popular”, como se ha sugerido. Este verdadero “periculum” siempre estuvo oculto detrás del ladino y seductor mensaje populista de “Programas Sociales”, como redención de los pobres y austeridad republicana, puntos que planteo más adelante. 

3ª.- La transición de gobierno hace aún más problemático este “examen”. López Obrador reclama públicamente su derecho de ejercicio constitucional, en el último mes de su mandato; el oficio político de la presidenta electa es emplazado forzosamente a una “tierra de nadie”, aunque la Legislatura Federal con que habrá de gobernar ya estará en funciones, una especie de interregno, ya tiene el poder, pero le falta la investidura y los tiempos son explícitos. Sin embargo, para efectos de una racionalidad gubernamental creíble y sensata, tiene derecho a valorar y negociar las consecuencias inmediatas de una reforma constitucional de tal calado, cuyos efectos ella habrá de administrar. No obstante, la empedernida voluntad impositiva de López Obrador no asume los efectos y secuelas que su propuesta implica para la vida económica, política, social y estructural de la Nación como un todo. La impone viendo obsesivamente su presente, no bajo la perspectiva de una racionalidad estratégica a mediano y largo plazo, como exigen medidas de profundo significado político y funcional para el sistema del Estado como un todo. El decidido contrapeso del mercado global con que reacciona a tal medida, expresa con nitidez la incertidumbre jurídica que conlleva. Demuestra ser un factor desestabilizador.                                     

4ª.- La ID+ADN de Claudia Sheinbaum. En este gran entorno mundial y nacional, no obstante, estamos viendo el choque que acusa el campo de fuerzas. Las energías impulsoras, gracias al efecto altamente gratificante de sondeos y encuestas electorales al uso y a modo, la candidata oficial ofreció el mejor perfil de sí misma. Gracias a la singular entrevista que realizó ante el popular programa de panelistas de Televisa en 3er Grado, ella pareció romper la escayola que le imponía el presidente (para ajustarse a su script), y demostrar que ejercerá por sí misma su propio estilo y modo de mando. Como por arte de magia, al caer el telón de la gran concentración ciudadana opositora en plazas de la República, ya en la fase del post-debate se trasluce sin sombra de dudas su personalidad inequívoca; todo lo dicho y debatido sobre los verdaderos motivos del oscuro deseo político del oficialismo, para continuidad hegemónica en el país, se hicieron patentes en voz, figura, talante y persona de ella como la candidata oficial.


Evidencia que junto con la rigidez de conducta y frialdad personal, sí anticipaban un perfil de alto riesgo para un México plural, pluriétnico, multicultural, más alta y profundamente estratificado. Por primera vez se constataba que su ADN se comportaba como los virus, altamente modificado. 

Esta identidad y ADN real y manifiesto de la ahora virtual presidenta electa Claudia Sheinbaum, ahora sí modifica significativamente la discursiva predominante. Ya lo expresé en anterior entrega, las visiones del grupo programático del “plan de Nación” de ella y la visión hegemónica del equipo de gobierno de López Obrador, desde Palacio Nacional, no ven ni circulan en la misma dirección. Existe un estrabismo institucional. Yo lo equiparé a un caduceo -el símbolo griego tradicional del comercio o la salud-, como una vara con dos serpientes entrelazadas, (dice Chevalier que se las compara con esquemas afectivos, funcionales y motores, para mostrar que moviliza de alguna forma la totalidad del psiquismo humano); la serpiente de AMLO y su equipo ve y se mueve hacia el inmediato presente, aplicando toda la fuerza del poder; la serpiente de Claudia y grupo serpentea con sagaz visión hacia lo desconocido y le importa cómo modular el futuro; es cauta, mesurada, con voz comedida e indulgente. Un verdadero conjunto capaz de un comportamiento “versallesco”. Hoy se ve que, ante la reforma de marras, el desfonde y apropiación del Poder Judicial total, ambos plantean en el campo de fuerzas el choque de fuerzas restringentes de AMLO y de fuerzas impulsoras de Claudia et all. Esto acaece en la cumbre del poder en un interregno, en donde el primero no concede ni espacio ni tiempo. Y, no obstante, uno se va, la otra permanece.  

Por eso los mercados reaccionan, por eso los 61.6 millones de mexicanos que no elegimos a Claudia Sheinbaum nos interrogamos profundamente sobre la legitimidad y pertinencia democrática de este asalto al país, para crear el “Paraíso Perdido” de los elegidos de Morena. 

Inferencias sobre las cuales tenemos la tarea de encontrar su real sentido y peso histórico, pues se trata de auténticos factores que están causando nuestro porvenir. 

Primer factor.- Continuidad del oficialismo hegemónico del López Obradorismo.- Ya vemos que abordamos un efecto metaproblemático que, hoy por hoy se desprende de la masiva preferencia electoral mostrada en las urnas por la sucesión de su candidata impuesta, a pesar y contra los rotundos y patentes fracasos del gobierno López Obradorista, en sentido transversal a todos los planes sectoriales de Gobierno, que a no dudarlo impactan sobre los frentes más sensibles y caros para la población nacional en su conjunto, especialmente sobre los grupos y colectivos más vulnerables, tal como Xóchitl Gálvez los hubiera reunido virtuosamente.

Primer factor que se torna más contradictorio aún, cuando la primer condicionante del continuismo cuatroteísta hace consiste el potencial desarrollo del país desde o a partir de “la carestía”, o la exaltada “medianía republicana de Juárez” que no es sino un eslogan vacío y efímero de la exaltación populista al pueblo pobre, proclamado por los fallidos y fatales gobiernos gregarios-nacionalistas o nacionalsocialistas, todo ello utilizado en contra de los “oligarcas” de la “derecha”; a los que ya López Obrador añadió o sumó sin fundamento y desbocadamente, a todas las clases medias y aspiracionistas del país; cuyo efecto retórico sí tuvo algún efecto en las propias clases medias, haciendo que el 49% de ellas más afluente votara por Claudia, y el segmento menor se inclinara también por la continuidad. ¿Genio retórico? Llámele usted como quiera, el caso es que revela su proclive ideología alienante, infiltrada como un silente veneno.

Segundo factor.- El capital privado capaz de invertir en el ciclo del Capital Productivo, o reproductivo en verdad, del Capital de Trabajo que es la clase obrera viva, pero incorporada al ciclo de producción, reproducción y revaluación del Capital a lo que he comentado, basta leer con atención y puntualidad el Volumen I de El Capital de Marx, para caer en la cuenta de las increíbles aberraciones que se provocan en el sistema económico, con esta lectura sesgada del papel del Capital bajo una rectoría adecuada del Estado, y no su supresión. Más claro, no hay, pues su castración o “reducción de cabezas” -como se quiera expresar- atenta frontalmente contra la apremiante construcción de una Reforma Fiscal, en toda la extensión de la palabra. 

El anuncio aparente de tranquilización de los mercados, incluido el llamado reciente de la presidenta electa a renombrar al secretario de Hacienda, y continuar con la supuesta política de “austeridad”, “ahorros” y atajos a la corrupción, es un cuento chino o equivalente al de Ali Babá y los Cuarenta Ladrones. Es inadmisible, es rotundamente falso que esta salida tangencial para no confrontar a la Madre de Todas las Políticas que es La Política Fiscal, resuelva el problema fundamental, básico, originario de generación del Capital de Trabajo Vivo. Cualquier política monetarista por exaltada que sea, no suple la realidad de la generación del valor. 

En este sentido, es pésimo presagio de “continuidad” desde o a partir de la pragmática, fría e intransigente candidata Claudia Sheinbaum, al quedar evidente la inviabilidad del continuismo de la exclusión de la clase empresarial. Que, por otro lado, no tal sólo se ha manifestado desde su cuarto de guerra, con un lenguaje, temple y estilo genuinamente versallesco