El banquete de los pordioseros
Aniversario 84 de la Escuela Diocesana de Música Sacra
En 1942 el mundo estaba sumido en uno de los momentos de mayor atrocidad en la historia del siglo XX, estaba en su apogeo la Segunda Guerra Mundial, el futuro de la humanidad era incierto, y el miedo era el principal ingrediente en la vida de todos los habitantes de los cuatro puntos cardinales del globo terráqueo.
Así, en medio de todo este caos que convulsionaba al mundo, el arte, fiel a su misión, pudo conservar inalterable la dignidad humana y la hizo brillar en todo su esplendor, y sin duda, la música es uno de los elementos dentro del arte que mejor han contribuido históricamente a estimular al ser humano, y a impulsarlo a actuar de diferentes formas, no sólo como un refugio, una trinchera segura que protege del caos del exterior, sino como una implacable necesidad de comunicación, y así, en medo de ese terrible conflicto armado que involucró a varios países del mundo, de ahí su nombre de Guerra Mundial, en Aguascalientes surge, el 15 de enero de 1942, la Escuela Diocesana de Música Sacra, y esto lo menciono sólo como breviario cultural, la fundación de nuestra escuela, la escuela de música en activo más antigua de nuestro estado, fue fundada justamente un año después de que el compositor católico francés Oliver Messiaen estrenara en prisión su célebre Cuarteto Para el Fin de los Tiempos el 15 de enero de 1941 en el campo de concentración de Görlitz donde el maestro estaba preso, es una obra para clarinete, violín, violoncello y piano, la compuso eligiendo la dotación que tenía disponible en prisión y la estrenó ahí, en prisión, seguramente con la complicidad de algunos custodios de ese campo de concentración nazi. Y lo menciono sólo porque me llama la atención esta curiosidad, exactamente un año después, en Aguascalientes, y por iniciativa del padre Ricardo Corpus, que contó con todo el apoyo de don José de Jesús López y González, tercer obispo de la Diócesis de Aguascalientes, se fundó esta escuela que después de 84 años sigue vigente y dotando al estado, incluso al país, de grandes músicos que han enriquecido el arte de Orfeo en todo el territorio nacional.
Si bien es cierto que el principal objetivo de la Escuela Diocesana de Música Sacra, que coloquial y cariñosamente le llamamos simplemente “La Sacra”, es el de nutrir a la Diócesis de músicos preparados y con un conocimiento erudito en términos de música litúrgica, ha representado una importante cantera para la música es todas sus formas de expresión. De las aulas de la Sacra han egresado grandes músicos que han tocado con la Orquesta Sinfónica de Aguascalientes, maestros de coros y orquestas, docentes de música en todos los niveles educativos, cantantes que han triunfado incluso en el extranjero, en fin, la importancia de la Sacra en el desarrollo musical en Aguascalientes es incuestionable.
En sus orígenes, la Escuela Diocesana de Música Sacra contó con un cuerpo docente formado por algunos de los músicos más importantes del estado, o de lugares cercanos pero que vivían en nuestra ciudad. Permíteme citar como un importante documento para conocer mejor la historia y las entrañas de nuestra amada Sacra el libro Ab Musicam Sacra de mi buen amigo Gustavo Meza Medina, y algunos de los nombres de grandes músicos a los que hace referencia Gustavo son, entre otros, Francisco y Salvador Melchor, ambos alumnos del maestro Arnulfo Miramontes, gran compositor originario de Tala, Jalisco, y que dirigió entre 1927 y 1929 la Orquesta Sinfónica de Aguascalientes. También Gustavo menciona al maestro José María Aguiñaga, egresado de la Sacra y más tarde docente de la escuela. Por cierto, el maestro Aguiñaga fue el convocado para ofrecer el primer recital el 8 de mayo de 2005 con el nuevo órgano Ruffatti Fratelli instalado en nuestra Catedral, recordemos que, durante muchos años, él fue el organista de Catedral, aquel recital lo ofreció justamente después de la bendición del órgano, celebración que fue precedida por el entonces obispo de la Diócesis, monseñor don Ramón Godinez Flores.
Pero volviendo a nuestra amada escuela, la Sacra, fue creada, como ya lo mencioné, hace 84 años con el fin de dotar a nuestra diócesis de músicos que estuvieran a la altura de la dignidad del canto sacro, específicamente de la música litúrgica, que no es lo mismo, ya que, como sabemos, lo que frecuentemente se interpreta en los templos está muy lejos de cumplir con las exigencias del canto litúrgico, esa música que escuchamos en misa no es propia de la celebración, en realidad fue elegida a la medida de los gustos de algunos fieles que cantan en coros, o incluso los dirigen, o bien de fieles que en una celebración quieren que el cantor toque las canciones que a ellos les gustan, y digo canciones para hacer la distinción de los cantos que es como se llama a lo que es propio de la música sagrada, pero ya basta, hay que entender que la música que se toca en la misa no son complacencias, la Iglesia tiene reglas muy puntuales respecto a qué y cómo se debe tocar la música en una ceremonia.
Como católico convencido y practicante, estoy muy orgulloso del acervo de arte sacro de mi iglesia, específicamente en lo que a música se refiere, y teniendo tanta riqueza musical, ¿qué necesidad tenemos de pedirle prestado repertorio a la música comercial y adaptarla, espantosamente, a las necesidades litúrgicas? Y peor aún, echar manos de himnos luteranos, es el colmo. Para eso está la Sacra, para proveer de músicos capacitados a nuestra Diócesis, así que, si eres parte de un coro parroquial, o si lo diriges, voltea a ver esta escuela, te va a ayudar.
Larga vida a la Escuela Diocesana de Música Sacra.




