En medio de las crecientes tensiones geopolíticas en el Ártico, la artista islandesa Björk Guðmundsdóttir expresó públicamente su apoyo a Groenlandia en su lucha por la autodeterminación e independencia, enviando un mensaje de “bendiciones y calidez” a sus vecinos groenlandeses.
A través de redes sociales, Björk recordó que Islandia logró separarse de Dinamarca en 1944, un proceso que según subrayó permitió a su país conservar su idioma y su identidad cultural. “No perdimos nuestra lengua; de no haber sido así, hoy mis hijos estarían hablando danés”, escribió la cantante, apelando a la memoria histórica compartida entre pueblos nórdicos.
El mensaje no ocurre en el vacío. En los últimos meses, Groenlandia ha vuelto al centro del debate internacional debido a su importancia estratégica, militar y climática, así como al interés de potencias extranjeras por su territorio y recursos. En ese contexto, Björk advirtió sobre los riesgos de que el pueblo groenlandés pase “de un colonialismo a otro”, una posibilidad que calificó como profundamente inquietante.
La artista también aludió a episodios históricos de control y violencia estructural ejercidos sobre la población inuit durante el dominio danés, especialmente contra mujeres y familias, señalando que estos antecedentes no pueden ignorarse cuando se habla del futuro político de la isla. Para Björk, la autodeterminación no es solo un concepto legal, sino una condición necesaria para la dignidad cultural y lingüística de los pueblos.
No es la primera vez que la cantante toma una postura clara sobre el tema. En 2008 lanzó la canción “Declare Independence”, dedicada explícitamente a Groenlandia y a las Islas Feroe, como una forma de protesta artística contra el colonialismo y la dominación política.
Aunque dentro de Groenlandia el debate sobre la independencia total sigue siendo complejo marcado por desafíos económicos y de gobernanza—, el pronunciamiento de Björk vuelve a poner sobre la mesa una pregunta incómoda pero urgente: ¿quién decide el futuro de los territorios históricamente colonizados en un mundo atravesado por intereses globales?
Desde la cultura y la memoria histórica, la artista islandesa lanza un recordatorio contundente: la autodeterminación no es una concesión, sino un derecho.




