El acuerdo con China es potencialmente peligroso para el primer ministro de Canadá, Mark Carney, quien se arriesga a represalias de Trump en vísperas de las negociaciones sobre la renovación del T-MEC
Los principales socios comerciales de Estados Unidos comienzan a responder a la política comercial beligerante e impredecible del presidente Donald Trump con una estrategia cada vez más clara: buscar alternativas. La imposición de aranceles generalizados, sumada a decisiones repentinas que afectan sectores específicos, ha provocado que gobiernos y bloques económicos replanteen su dependencia del mercado estadounidense, incluso cuando se trata de una de las economías más grandes del mundo.
El movimiento más visible ocurrió en Canadá. El viernes, el gobierno canadiense anunció un giro significativo al reducir su impuesto de importación del 100% sobre los vehículos eléctricos chinos, a cambio de que China disminuyera los aranceles sobre productos agrícolas canadienses, en particular la semilla de canola, uno de los cultivos más relevantes para su sector exportador. Para analistas, el mensaje político y económico es contundente: Ottawa está dispuesta a reordenar prioridades ante el riesgo que percibe desde su vecino del sur.
“Es una enorme declaración de realineación en las relaciones económicas de Canadá”, señaló Edward Alden, especialista en comercio del Consejo de Relaciones Exteriores, al advertir que la amenaza económica de Estados Unidos ha pasado a ser vista como mayor que la de China para amplios sectores canadienses. No es un temor abstracto: Canadá ha sido blanco recurrente de presiones y amenazas arancelarias por parte de Trump, quien ha mantenido gravámenes en industrias sensibles como el acero y el aluminio.
El acuerdo con China, sin embargo, implica riesgos políticos para el primer ministro Mark Carney, quien podría enfrentar represalias justo cuando se aproximan negociaciones clave para la renovación del Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC), un pacto fundamental para la industria y el empleo canadiense.
Pero Canadá no es el único actor que busca diversificarse. La Unión Europea firmó recientemente un acuerdo comercial con Mercosur, alianza sudamericana que incluye a Brasil y Argentina, mientras también explora un posible pacto con India. China, por su parte, ha acelerado desde el primer mandato de Trump una diversificación de exportaciones hacia Europa y el sudeste asiático, estrategia que parece rendir frutos: su superávit comercial con el resto del mundo se disparó a 1.2 billones de dólares en 2025, incluso con una caída en ventas hacia Estados Unidos.
Desde su regreso a la Casa Blanca en enero de 2025, Trump ha revertido décadas de política comercial estadounidense orientada al libre comercio. Ha impuesto aranceles de dos dígitos a importaciones de casi todos los países y ha dirigido medidas específicas contra industrias como automóviles y acero. Aunque sostiene que estas medidas fortalecerán la producción interna y atraerán inversión, el efecto inmediato ha sido un aumento de incertidumbre global. Incluso cuando algunos países ceden, el costo político es alto: Taiwán, por ejemplo, aceptó invertir 250 mil millones de dólares en Estados Unidos para obtener una reducción arancelaria.
En el caso canadiense, el giro con Beijing también tiene motivaciones internas. La reducción del arancel chino sobre la canola del 84% al 15% representa un alivio directo para productores agrícolas que necesitan mercados estables. Carney defendió el acuerdo subrayando que China produce vehículos eléctricos accesibles y eficientes, y que Canadá requiere aprender de cadenas de suministro innovadoras para construir un sector competitivo.
Aun así, el pacto fue criticado por el primer ministro de Ontario, Doug Ford, quien alertó que China ganará terreno en el mercado canadiense a costa de trabajadores automotrices. Carney respondió que el acuerdo es limitado: China solo podrá exportar un número controlado de vehículos con arancel reducido.
El mayor riesgo, no obstante, sigue estando en Washington. La renovación del T-MEC este año será un momento decisivo, y Trump podría usar el acercamiento canadiense con China como argumento para endurecer condiciones o amenazar con retirarse. Para Canadá, la posibilidad resulta alarmante: el 75% de sus exportaciones de bienes tiene como destino Estados Unidos.
Por ahora, el acuerdo envía una señal clara: en un escenario de presión creciente, Canadá y otros socios comerciales comienzan a demostrar que tienen opciones, y que el comercio global podría entrar en una etapa de reacomodos profundos.




