Si te has estado preguntando por qué la generación Z está reviviendo el mercado de los vinilos o la fotografía analógica, no es que estén obsesionados con el pasado, es que están intentando escapar de las trampas de la era digital y la incertidumbre global. ¿Pero cómo es que lo que vivimos hace 20 años se ha convertido en un refugio para millones de jóvenes, e incluso una forma de resistencia?

Los años maravillosos de la era digital están llegando a su fin. Al menos eso es lo que las nuevas generaciones están intentando decir, pero no son los únicos: quienes hemos crecido ante un panorama digital estamos enfrentando las consecuencias de vivir todo el tiempo conectados, de tener acceso a toda la cantidad de información posible, de compartir contenido que eventualmente va a perderse entre tanta basura digital y el scroll infinito de cosas que en realidad no te interesan.
Ya no solo se trata de pasar muchas horas frente a una pantalla saltando de estímulo a otro estímulo. La realidad es que todo lo que vemos en internet no nos pertenece realmente, no nos brinda una sensación de satisfacción como lo hace lo físico, y hasta cierto punto, nos está arrebatando nuestra individualidad. Pero antes, te explicamos cómo surge este fenómeno.
Diversos medios, análisis y estudios, (vaya, hasta los propios consumidores) lo llevan diciendo desde años atrás. Investigadores como Michael Beverland, profesor de la Universidad de Sussex, y Giana M. Eckhardt, profesora del King’s College de Londres, llevan más de 10 años recopilando señales que demuestran un retorno a las experiencias físicas frente a las digitales.
Además, estudios recientes como el de GWI, ¿Cómo impulsan la nostalgia la Generación Z y los Millennials?, revelan que el 37% de la generación Z dice sentir nostalgia por los años 90, optando por recuperar elementos esenciales como la moda, las películas, la música y hasta programas de televisión.
Esta nostalgia surge en medio de un punto de encuentro entre jóvenes en donde revelan que el uso de redes sociales es esencial para ellos, pero se dan cuenta que es también un factor que a menudo trae consecuencias negativas, que muchas veces puede llegar a costarles su salud mental. De acuerdo al reporte “Una espalda de doble filo: Cómo las diversas comunidades de jóvenes piensan sobre la multifacética relación entre las redes sociales y la salud mental”, el 46% de jóvenes entre 14 y 22 años, afirma que el uso de las redes sociales les quita tiempo para otras actividades que les interesan, y que han reducido su capacidad de atención o concentración.
No hace falta recopilar artículos que dicen lo mismo, cuando esta transición está sucediendo frente a nosotros en tiempo real. A estas alturas, ya te diste cuenta de las primeras señales: el revival de los vinilos. Según Vinyl Alliance, a partir de una encuesta a integrantes de la generación Z, afirma que el 50% colecciona vinilos para desconectarse de la vida digital.
Y no solo son los vinilos, son los juegos de mesa, los libros, las cámaras, los CD’s, las fotos impresas… la lista continúa. Lo que antes parecía una solución al tiempo de espera, a la complicada tecnología y la extensa cantidad de dinero para disfrutar una sencilla actividad como tomar una fotografía (y verla al momento), hoy ha resurgido en forma de refugio, de rechazo a lo moderno y como una alternativa a la fatiga digital que se ha convertido en una experiencia universal para absolutamente todos y cada uno de nosotros.
Las personas quieren volver a sentirse útiles, quieren poner más esfuerzo en las actividades que realizan, quieren volver a sentir emoción, curiosidad y sentir que las cosas que hacen les pertenecen. En ese caso, lo físico, lo tangible, es algo que puede devolverles eso, o al menos una sensación similar.
A toda nueva generación le gusta imaginar cómo vivían sus antepasados hace 20 años, si eran más felices, si vivían con menos incertidumbre con el futuro, si realmente las cosas eran mejor antes. Todo es un ciclo. Y ahora, con la llegada de una nueva “amenaza” como lo ha sido la IA, estamos presenciando un acelerado crecimiento de las plataformas digitales, el desencanto de las redes sociales y de una nueva forma de controlar lo que vemos, consumimos y pensamos.
Rechazar estas nuevas metodologías parece casi imposible, pero quizá no se trata de renunciar a lo digital y volver al pasado, sino de recuperar nuestra individualidad, reclamar los espacios digitales como nuestros y hacer de la conectividad algo que otra vez tenga un significado.




