En el corazón de uno de los hospitales más prestigiosos del mundo, el Brigham and Women’s Hospital, afiliado a la Universidad de Harvard, existe un espacio que rompe con la indiferencia médica y el racismo estructural en la salud: el Centro de Salud para Mujeres Africanas (African Women’s Health Center, AWHC).
Fundado en 1999, este centro es único en Estados Unidos. Su razón de ser es clara: ofrecer atención médica integral, digna y culturalmente sensible a mujeres inmigrantes y refugiadas africanas, muchas de ellas sobrevivientes del corte genital femenino (CGF), una práctica que sigue afectando a millones de mujeres en el mundo y cuyas consecuencias físicas y emocionales suelen ser invisibilizadas por los sistemas de salud tradicionales.
El AWHC no solo atiende cuerpos, atiende historias. Aproximadamente el 90 % de sus pacientes han vivido el corte genital femenino, una experiencia que suele venir acompañada de dolor crónico, complicaciones obstétricas, trauma psicológico y silencio forzado. En contraste con la frialdad clínica que muchas de ellas han enfrentado, el centro apuesta por una atención que reconoce el contexto cultural, el idioma y la experiencia migrante como factores clave para la salud.
El equipo médico está conformado por profesionales multilingües y multiculturales, incluyendo ginecólogas, obstetras, trabajadoras sociales y especialistas en salud mental. Entre los servicios que ofrece se encuentran la atención ginecológica y obstétrica completa, procedimientos de defibulación y reconstrucción, manejo de embarazos de alto riesgo y acompañamiento emocional para mujeres que han vivido violencia basada en prácticas tradicionales.
El centro fue fundado por la doctora Nawal M. Nour, obstetra-ginecóloga de origen sudanés, quien entendió desde su experiencia clínica que la medicina occidental no estaba preparada para atender a estas mujeres sin estigmatizarlas o revictimizarlas. Su trabajo ha sido reconocido internacionalmente por poner en el centro la dignidad, la escucha y el derecho a una atención libre de prejuicios.
Más allá de la consulta médica, el AWHC también cumple una función política y pedagógica: forma a profesionales de la salud en Estados Unidos para que comprendan el impacto del corte genital femenino y ofrezcan atención ética, informada y respetuosa. En un contexto global marcado por el endurecimiento de políticas migratorias y la criminalización de cuerpos racializados, su existencia es un acto de resistencia.
El Centro de Salud para Mujeres Africanas demuestra que la salud también es justicia social. Que sanar no solo implica procedimientos médicos, sino reconocer violencias históricas, desigualdades estructurales y el derecho de todas las mujeres sin importar su origen a ser atendidas con respeto, conocimiento y humanidad.




