Desde hace casi una década, Venezuela vive una de las mayores crisis sociopolíticas y económicas de su hemisferio. Aunque el régimen de Nicolás Maduro enfrentó un importante revés político recientemente, con su deposición por presión internacional, las secuelas de su gobierno siguen marcando el destino de millones de personas. En este contexto de inestabilidad, la salida de venezolanos en búsqueda de protección, oportunidades o seguridad se ha convertido en un fenómeno de proporciones históricas. Y dentro de ese éxodo masivo, las mujeres han tenido experiencias particulares y, a menudo, más peligrosas que las de los hombres.
La migración como respuesta a un régimen fallido
Según un informe del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y la Plataforma de Coordinación Interagencial para Refugiados y Migrantes de Venezuela (R4V), casi 7.9 millones de personas han dejado Venezuela en búsqueda de una vida más segura y estable, cifra que refleja tanto el deterioro de las condiciones de vida como la falta de perspectivas de futuro dentro del país.
Ese éxodo representa aproximadamente el 23 % de la población venezolana fuera del país, un flujo que no solo responde a condiciones económicas, sino también a violaciones sistemáticas de derechos humanos, escasez extrema de servicios básicos y represión política bajo el régimen de Maduro.
Mujeres en movimiento: una migración casi igualitaria en número
Contrario a la percepción de que los migrantes son mayoritariamente hombres, los datos revelan que las mujeres constituyen casi la mitad del total de migrantes venezolanos, con proporciones que alcanzan el 50,7 % del total, según datos de la R4V y la ONU.
Esta paridad numérica no significa que las mujeres vivan una experiencia migratoria igual que los hombres. Al contrario: su género las expone a múltiples formas de violencia y vulnerabilidad desde antes de salir, durante el tránsito y al llegar a sus destinos.
Riesgos durante la migración: violencia de género y explotación
La travesía de quienes huyen de Venezuela implica recorrer cientos o miles de kilómetros a pie, en autobuses saturados o en rutas irregulares controladas por redes criminales. En estas condiciones, las mujeres enfrentan riesgos específicos de violencia de género.
Organizaciones como la International Rescue Committee (IRC), que opera en países como Colombia y Perú con programas de atención a migrantes venezolanas, señalan que la violencia psicológica es la forma más reportada entre mujeres migrantes y refugiadas, seguida de violencia física y sexual en proporciones significativas.
En contextos como Colombia y Perú, casi una de cada cuatro mujeres entrevistadas ha sufrido más de un tipo de violencia durante su tránsito o establecimiento, incluyendo agresiones físicas y psicológicas, y en muchos casos desde quienes se suponían aliados o compañeros de viaje.
Además, el riesgo de trata de personas y explotación sexual aumenta cuando los migrantes no tienen documentación regular ni acceso a mecanismos de protección estatal. Redes criminales han aprovechado esta ausencia de protección para engañar a mujeres con falsas ofertas de trabajo o promesas de viaje seguro, solo para someterlas luego a situaciones de explotación, trabajo forzado o explotación sexual.
Violencia de género y discriminación en los países de destino
Al llegar a países como Colombia y Perú —que en conjunto albergan más del 50 % de los migrantes venezolanos— las dificultades no terminan. Un informe de Amnistía Internacional documenta que las mujeres refugiadas enfrentan violencia y discriminación tanto en espacios públicos como privados debido a su género y su condición migratoria.
En Colombia, por ejemplo, las cifras oficiales muestran que entre 2017 y 2020 los casos de violencia de género contra mujeres venezolanas aumentaron más del 70 %, muchas de ellas en el entorno doméstico o laboral.
Ese mismo informe apunta problemas estructurales: la falta de protocolos especializados en los sistemas de protección estatal, la irregularidad de los derechos migratorios de muchas mujeres y la miedo a denunciar violencia por temor a ser deportadas o perder oportunidades de regularización.
En Perú, las estadísticas registran que alrededor del 58 % de la población venezolana son mujeres, y muchas de ellas enfrentan altas tasas de discriminación, violencia dentro del hogar y explotación laboral en sectores informales donde sus derechos laborales no están garantizados.
Brechas adicionales: acceso a servicios básicos y salud sexual
Muchas mujeres migrantes también han señalado que el acceso a servicios de salud sexual y reproductiva es limitado o inexistente, tanto durante el viaje como al llegar a un país receptor. Esta falta de atención impacta desproporcionadamente en adolescentes, mujeres embarazadas y personas mayores, generando brechas importantes en protección y bienestar.
Conclusiones: género y migración forzada
La migración venezolana no es un fenómeno homogéneo: es un relato de personas que buscan —en medio de condiciones extremas— garantizar su supervivencia y la de sus familias. Sin embargo, para muchas mujeres, ese camino está plagado de peligros adicionales que reflejan las desigualdades de género arraigadas en nuestras sociedades y en las estructuras migratorias mismas.
La crisis política y económica que empuja a millones fuera de Venezuela continúa sin soluciones estructurales claras, y mientras los gobiernos concentran esfuerzos en gestionar números, las vidas, cuerpos y derechos de las mujeres migrantes exigen atención específica y urgente.
Como recuerda Erika Guevara-Rosas, directora para las Américas de Amnistía Internacional, las mujeres y niñas en contexto de migración forzada enfrentan riesgos “desproporcionados de violencia y discriminación” que requieren respuestas sensibles al género por parte de los Estados y la comunidad internacional.




