- La CONANP presenta una caída real del 42.8 % en su presupuesto entre 2016 y 2026
- El gasto destinado a cada hectárea protegida pasó de 93.8 a 15.3 pesos
- La brecha financiera podría ascender a, al menos, 6 mil 204 millones de pesos anuales
México es uno de los países con mayor biodiversidad en el mundo, al albergar entre el 10 % y 12 % de las especies conocidas globalmente. Esta riqueza natural no solo es parte del patrimonio natural de nuestro país, sino una responsabilidad que recae principalmente en la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP), encargada de gestionar 232 áreas que abarcan 98 millones de hectáreas.
El boletín Presupuesto de la CONANP. Insuficiente para conservar y proteger las ANP, del Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP), destaca que las metas ambientales y los recursos asignados para cumplir las metas en torno a la conservación y protección de ANP, tienen notables diferencias. A pesar de que el número de áreas protegidas ha crecido, el presupuesto total presenta una trayectoria a la baja, con un gasto promedio de 2 mil 758 mdp que no ha recuperado los niveles de 2016.
El análisis del CIEP subraya que ampliar la cobertura de conservación sin fortalecer el financiamiento incrementa el riesgo de comprometer la efectividad de estas áreas. Actualmente, el costo anual de manejo para las ANP terrestres y marinas se estima en 7 mil 706 millones de pesos, una cifra que contrasta drásticamente con el presupuesto aprobado de 1 mil 503 mdp para 2026.
Esta situación ha generado que programas clave, como el Programa de Conservación para el Desarrollo Sostenible, concentren sus apoyos en áreas específicas como Calakmul, Montes Azules y el Lago de Texcoco, dejando a otras zonas con recursos limitados
El reto no es solo decretar nuevas ANP, sino asegurar su operación efectiva. Para ello sería necesario garantizar presupuestos operativos que den certidumbre a la conservación a largo plazo, así como estabilizar el reintegro de derechos, asegurando que los recursos generados por el acceso y uso de estas Áreas se traduzcan directamente en su cuidado.
La protección de nuestra biodiversidad no es solo un compromiso ético, sino una inversión necesaria para preservar los servicios ecosistémicos de los que depende el desarrollo del país.




