Este lunes falleció Valentino Garavani, uno de los diseñadores más influyentes del siglo XX y fundador de la casa de moda que lleva su nombre. Tenía 93 años. Su muerte marca el cierre de una era en la alta costura internacional, pero también abre una vez más la discusión sobre el legado cultural que dejó una industria sostenida en la exclusión.
Valentino fue sinónimo de glamour absoluto: el rojo que lleva su nombre, los vestidos que dominaron alfombras rojas y salones de poder, y una clientela formada por actrices, aristócratas y figuras políticas. Sin embargo, detrás de esa estética impecable se consolidó un modelo de belleza profundamente restrictivo.
La elegancia como frontera
Desde la fundación de su casa en 1960, Valentino defendió una visión rígida de la elegancia. Para él, la moda no era un espacio de inclusión ni de diversidad, sino un territorio reservado para ciertos cuerpos: delgados, altos, normativos.
Esa postura no fue accidental ni circunstancial. Fue un principio.
Durante décadas, sus pasarelas mostraron una uniformidad corporal casi absoluta. Los cuerpos gordos, diversos o fuera del canon simplemente no existieron en su narrativa visual. No como olvido, sino como exclusión sistemática.
Gordofobia estructural en la alta costura
La ausencia de cuerpos grandes en el universo Valentino no puede leerse solo como una decisión estética. Es parte de una gordofobia estructural que ha dominado históricamente la moda de lujo: la idea de que ciertos cuerpos no son dignos de sofisticación, deseo o visibilidad.
En este marco, el mensaje fue claro durante años:
el vestido es perfecto, el problema es el cuerpo.
Valentino nunca revisó públicamente esta postura, ni mostró interés en cuestionar los estándares que ayudó a reforzar, incluso cuando la conversación global sobre diversidad corporal comenzó a ganar espacio.
Lujo, poder y cuerpos aceptables
La moda que Valentino representó no solo vistió a las élites: habló el lenguaje de las élites. Un lujo pensado como escasez, como privilegio, como exclusión. En ese esquema, la delgadez funcionó como capital simbólico y social, mientras otros cuerpos quedaban relegados al margen.
Las consecuencias de este modelo no son abstractas. La moda educa miradas, legitima jerarquías y define quién merece ser visto. Cuando un ícono global ignora sistemáticamente a ciertos cuerpos, esa ausencia se traduce en discriminación cultural cotidiana.
Un legado que exige revisión
La muerte de Valentino Garavani invita a una mirada completa, no complaciente. Reconocer su impacto creativo no implica ignorar las sombras de su legado. La historia de la moda no puede escribirse solo con telas, cortes y colores, sino también con las exclusiones que normalizó.
Hoy, cuando la industria habla de diversidad y representación, recordar a Valentino es también preguntarse a quiénes dejó fuera su idea de belleza y qué costo social tuvo esa decisión.




