- Expertos expresan preocupación ante el uso excesivo de dispositivos, ya que puede limitar interacción social y el desarrollo del lenguaje en etapas tempranas
El uso excesivo de pantallas y dispositivos móviles durante la primera infancia puede generar afectaciones en el desarrollo motor, cognitivo, lingüístico y socioemocional de niñas y niños, advirtieron especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Si bien reconocen que las pantallas son hoy una herramienta indispensable para el acceso a la tecnología digital y pueden aportar beneficios educativos, subrayan que su uso desmedido y sin orientación limita experiencias fundamentales en etapas tempranas del desarrollo.
Voces expertas señalaron que uno de los principales riesgos radica en la reducción de la interacción social y del lenguaje cuando los dispositivos sustituyen el juego, la exploración y la convivencia directa. Un estudio publicado en la revista PLOS ONE, que analizó el uso de tecnología en menores de 19 países, encontró una asociación negativa entre el uso excesivo de pantallas y el desarrollo del lenguaje. De manera complementaria, una investigación de la Revista de Psicología Clínica con Niños y Adolescentes, realizada con 91 infantes mexicanos de entre 12 y 36 meses, reveló que los menores pasan entre tres y cuatro horas diarias frente a pantallas, lo que se relaciona con retrasos en hitos motores y lingüísticos.
No obstante, ambos estudios coinciden en un punto clave: cuando el uso de dispositivos se realiza con el acompañamiento de un adulto, los efectos negativos disminuyen e incluso pueden observarse beneficios, como un mejor desarrollo del lenguaje o avances motores más tempranos. Por ello, los especialistas recomiendan la selección cuidadosa de contenidos y la regulación del tiempo frente a la pantalla. “No se trata de recomendar las pantallas, pero si los menores ya las utilizan, es mejor que lo hagan con orientación”, señalaron.
En este sentido, el doctor en psicología de la educación y el desarrollo, Alan Alexis Mercado Ruiz, consideró que el uso de tecnología en la infancia no debe “satanizarse”. Afirmó que el problema principal es la privación de experiencias esenciales, como el juego. “Al utilizar las pantallas, las y los niños dejan de correr, trepar, patear y brincar, lo que afecta el desarrollo de la motricidad gruesa”, explicó el también docente de la FES Zaragoza. Para el especialista, el enfoque debe centrarse en cómo se usan las pantallas, combinando tecnología con interacciones humanas e intencionalidad educativa.
Por su parte, Gabriel Gutiérrez Ospina, investigador del Instituto de Investigaciones Biomédicas, advirtió que las pantallas alteran la interacción de los menores con su entorno, una etapa crucial para el desarrollo humano. Señaló que habilidades como la socialización, la comprensión de jerarquías y el aprendizaje de gesticulaciones se adquieren mediante la convivencia directa, no frente a una pantalla. Asimismo, alertó que el consumo de contenidos de videos cortos puede afectar la capacidad de atención y concentración profunda.
Ambos especialistas coincidieron en la relevancia de la alfabetización digital como estrategia familiar para regular el uso de pantallas sin generar conflictos. Esto implica un cambio cultural que involucre no sólo a niñas y niños, sino también a madres, padres y cuidadores, quienes deben conocer y supervisar los contenidos que se consumen. “La tecnología no es perjudicial en sí misma; el reto es aprender a manejarla con responsabilidad”, concluyeron.




