Todos hemos visto la película. Es 2003, Mark Zuckerberg, enojado y borracho, hackeó los sitios web de su universidad para acceder a las fotos de identificación de los estudiantes y crear un sitio web llamado Facemash donde pedía a las personas votar por la más atractiva. Meses después, “Facemash” se convertiría en “The Facebook” (luego simplemente Facebook) y los miembros podían subir sus propias fotos y algunos datos personales, con el fin de crear comunidad. Pero, ¿qué pensarías si te dijéramos que antes de Facebook existió (bueno, casi) LifeLog?
En el mismo año que Facebook fue lanzado al público como red social, el ambicioso proyecto de Lifelog, gestionado por la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados de Defensa (DARPA) de Estados Unidos, fue cancelado. Era 2004 y LifeLog tenía como objetivo crear una base de datos consultable de vidas humanas.
Pero, ¿qué es eso? Básicamente, se trataba de un ciberdiario que buscaba recopilar en un solo lugar prácticamente todo lo que una persona dice, ve o hace: desde las llamadas telefónicas que hacía, los emails que enviaba y recibía, las cosas que veía en la televisión, las revistas que compraba y hasta los boletos de avión.
Inicialmente, buscaban crear una memoria digital casi perfecta y defendían que esta tecnología impulsaría la inteligencia artificial. (Deja vú.) Pero más allá de su viabilidad técnica, generó críticas por sus implicaciones sobre la privacidad individual y la posibilidad de crear perfiles detallados de ciudadanos sin controles adecuados, lo que lo llevó a su cancelación en 2004, tan solo unos días antes del boom de Facebook.
Si bien el objetivo inicial de Facebook antes era crear comunidad, sabemos que se ha convertido en una plataforma global centrada en la recolección de datos voluntarios de los usuarios para personalizar contenidos y publicidad. Algo que LifeLog pretendía lograr.
¿Coincidencia? Pues es lo que todo mundo empezó a decir. Tras la cancelación de LifeLog, un miembro del equipo del Laboratorio de Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial de esa época, subrayó: “Estoy seguro de que este tipo de investigación seguirá financiándose bajo otro título”. Él sabía cosas.
Aunque no es una teoría confirmada, arquitectos de LifeLog describen la popularización de Facebook como una continuación no intencionada de su proyecto. Mientras que LifeLog enfrentó el rechazo público por su carácter explícitamente intrusivo, Facebook logró que los propios usuarios compartieran su información personal voluntariamente, lo que ayudó a crear una enorme base de datos de hábitos, gustos, relaciones e intereses. Sí, como un ciberdiario.
Y se logró no por una orden gubernamental, sino por el entusiasmo y voluntad de la ciudadanía.
Hoy, estas prácticas de recolección y análisis de datos han permitido que la tecnología y la vigilancia se encuentren en el mismo nivel. Desde la manipulación de algoritmos, influencia en decisiones sociales y políticas, hasta problemas de seguridad y privacidad en nuestra experiencia digital.
Tal vez LifeLog no prosperó en su formato original, pero las ideas sobre recopilación, análisis de datos personales y vigilancia, están presentes en el Facebook que conocemos y utilizamos en la actualidad.




