Este 22 de febrero Jalisco amaneció con carreteras bloqueadas y vehículos incendiados en al menos 26 municipios, además de eventos similares en Colima y Michoacán. En la Zona Metropolitana de Guadalajara se activó el Código Rojo, el transporte público fue suspendido y las autoridades pidieron a la población evitar desplazamientos innecesarios mientras fuerzas estatales, el Ejército y la Guardia Nacional desplegaron operativos de seguridad.
La reacción se produjo tras una intervención federal en la sierra de Talpa de Allende, considerada bastión histórico del Cártel Jalisco Nueva Generación. De acuerdo con información difundida por Associated Press, citando a un funcionario federal bajo anonimato, el operativo culminó con la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, fundador del CJNG. Hasta el momento de redactar este texto, no se ha difundido un comunicado oficial detallado del gobierno federal sobre el saldo completo de la operación. Los acontecimientos siguen en desarrollo.
El impacto fue inmediato en la vida pública. El XL Medio Maratón Internacional de Guadalajara, que esperaba desde las 6:30 horas a más de 23 mil corredores para recorrer 21 kilómetros por Circunvalación Agustín Yáñez, Niños Héroes, Mariano Otero, Ciudad del Sol, La Perla, Enrique Díaz de León, Vallarta y concluir en los Arcos de Guadalajara, fue cancelado. También se suspendió la Vía Recreativa dominical. Una jornada deportiva masiva quedó detenida por una crisis de seguridad. El contraste es inevitable: Guadalajara albergará partidos del Mundial este año, pero este domingo no pudo sostener su propia agenda deportiva ante una reacción criminal coordinada.
La respuesta del crimen organizado con bloqueos no es nueva. El 1 de mayo de 2015, durante la “Operación Jalisco”, el CJNG contestó a un intento de captura con 39 bloqueos, incendios y el derribo de un helicóptero militar que dejó siete muertos y 19 heridos. En agosto de 2012, tras detenciones vinculadas a la organización, se registraron al menos 22 bloqueos en Guadalajara y Colima.
Para establecer un paralelismo, en enero de 2023, la captura de Ovidio Guzmán López paralizó Culiacán con incendios, bloqueos y enfrentamientos que dejaron 29 muertos, según cifras oficiales. Estas acciones del Crimen Organizado cumplen funciones tácticas claras: obstaculizar desplazamientos militares, saturar la capacidad de respuesta de las autoridades y generar temor generalizado en la población. No se trata de una reacción espontánea, sino de violencia instrumental utilizada para presionar al Estado y demostrar que la organización conserva capacidad operativa.
La caída de un dirigente criminal como “El Mencho” suele generar vacíos de poder. De acuerdo con estudios del Modern War Institute, la estrategia centrada en neutralizar a líderes ha estado acompañada en México por procesos de fragmentación: cuando un jefe es capturado o abatido, las estructuras internas tienden a dividirse en facciones que compiten por el control territorial y las rentas ilícitas. Ese fenómeno se refleja en el aumento del número de organizaciones identificadas por autoridades e investigadores, que pasó de 76 en 2009 a más de 200 en 2020. En ese contexto, si se confirma la muerte del fundador del CJNG, podrían abrirse disputas internas por la sucesión y oportunidades de expansión para grupos rivales, con un posible aumento de enfrentamientos en Jalisco y entidades vecinas.
La jornada del 22 de febrero no marca un cierre, sino una transición. No es la desaparición del CJNG, sino su fragmentación: de un mando concentrado a distintos grupos compitiendo por el control de plazas y rutas. Mientras las autoridades mantienen operativos activos y la información oficial continúa actualizándose, el reacomodo del CJNG apenas comienza.




