La destitución de Marx Arriaga como director general de Materiales Educativos de la Secretaría de Educación Pública (SEP) es un claro ejemplo de lo que -según sus críticos- hacen funcionarios de la 4T con el servicio público: servirse de él y aferrarse con tal de seguir beneficiándose. Arriaga fue uno de los actores más importantes en la creación de los nuevos libros de texto y la incorporación de la Nueva Escuela Mexicana, promovida por la última reforma educativa de Andrés Manuel López Obrador.
Estos libros tuvieron un sinfín de críticas, tanto por faltas de ortografía, falta de sentido y coherencia con las imágenes, carga ideológica y diversos temas señalados por la oposición. Dentro de los precursores de la cuarta transformación se dice que la destitución de Arriaga, hace algunos días, se debe principalmente a su negativa de incluir una mayor presencia femenina en los libros de texto y que los materiales utilizados para preescolar y primaria integraran la perspectiva de género.
El tema de la destitución fue hasta sorprendente para el propio exfuncionario, pues el viernes pasado gente de la propia SEP intentó desalojarlo; ante ello, Arriaga decidió negarse e iniciar un “plantón” por tiempo indefinido dentro de sus oficinas, asegurando que nunca había sido notificado previamente de su remoción y que el cargo que desempeñaba desapareció de la estructura orgánica de la Secretaría sin que dicho cambio haya sido publicado en el Diario Oficial de la Federación.
El “plantón” iniciado por quien se autodenomina “creador de los libros de texto gratuitos” se transmite a través de redes sociales de manera ininterrumpida y en él participan docentes dando pláticas y conferencias, mientras se ve a Arriaga hablando sobre su “verdad”, con una imagen grande de Karl Marx al fondo.
¿Ruptura?
Más allá del escándalo que el propio exfuncionario ha generado y del respaldo de sus seguidores, hay otro trasfondo político que puede traducirse en un posible rompimiento al interior del sector educativo entre el obradorismo y la administración de Claudia Sheinbaum. Arriaga, en 2012, fue sinodal en el examen de doctorado de Beatriz Gutiérrez Müller y llegó a la SEP arropado por Delfina Gómez (extitular de la dependencia).
Además, la gota que derramó el vaso dentro de la SEP fue cuando el exfuncionario comenzó a formar su propio coto de poder ideológico marcado por el obradorismo; desde diciembre de 2025 impulsó la creación de los “Comités para la Defensa de la Nueva Escuela Mexicana”, los cuales promueven los valores del creador del movimiento morenista. Esto generó malestar incluso en Mario Delgado, actual titular de la SEP.
El escándalo y el debate siguen abiertos, pese a no existir todavía una postura oficial tanto de la Secretaría como de la propia mandataria Sheinbaum, quien, además de heredar los problemas de gobernanza dejados por su antecesor, también carga con las rupturas del movimiento de la “transformación”. Queda claro que algunos de sus más altos funcionarios y representantes resultaron ser unas fichitas. Al final, este problema se reduce a poder: ¿podrá más la mandataria Sheinbaum o un peón cegado por el fanatismo ideológico de Andrés Manuel?
Les urge
Apenas la semana pasada se presentó la reforma que busca incrementar la duración del cargo de la persona titular de la Fiscalía General del Estado de siete a nueve años y esta ya se encuentra en trámite, lo que genera especulaciones y dudas sobre la premura de su aprobación en el Pleno.
Han sido pocos los promoventes que se han pronunciado; uno de ellos fue el diputado Heriberto Gallegos Serna, quien dio a entender que el tema se estaría subiendo para el periodo extraordinario de la siguiente semana, asegurando que la ampliación del cargo responde a una armonización con la temporalidad que actualmente tiene la persona titular de la Fiscalía General de la República.




