Las fiestas de Jeffrey Epstein no eran discretas ni marginales. Se desarrollaban entre yates de lujo, mansiones frente al mar y cenas privadas donde el poder económico y político convivía con total normalidad. Ese es el tono que atraviesa los archivos judiciales liberados en enero de 2026: un ecosistema de excesos, relaciones privilegiadas y una red social donde la opacidad parecía parte del código de acceso. En ese escenario, México aparece no como una nota al pie, sino como un punto recurrente dentro del circuito.
La desclasificación de millones de documentos —correos, agendas, registros de viaje— amplió la dimensión internacional del caso Epstein. Según Milenio, los archivos contienen referencias directas a México, tanto como territorio visitado por el entorno del magnate como espacio de relaciones sociales vinculadas a su red, incluyendo destinos turísticos frecuentados por su círculo cercano.
En ese contexto comienzan a aparecer los nombres mexicanos. El más reiterado es el de Ricardo Salinas Pliego, quien figura en al menos 26 documentos del archivo. De acuerdo con MedioTiempo, uno de los registros más citados es un correo electrónico que lo incluye en la lista de invitados a una cena privada organizada en marzo de 2011 por personas del entorno de Epstein en California. No hay imputaciones judiciales, pero sí evidencia documental de cercanía social.
Otros empresarios mexicanos también aparecen mencionados en los archivos. El Heraldo de México reporta referencias a miembros de la familia Azcárraga, siempre en registros de contacto o contexto social. La constante es clara: nombres de alto perfil orbitando el mismo ecosistema de poder, sin que los documentos detallen conductas delictivas concretas.
El nombre de Carlos Salinas de Gortari también reaparece. Publimetro retomó su mención dentro del archivo, aclarando que no existe evidencia pública de delitos asociados, pero subrayando el impacto político y simbólico de que un expresidente mexicano figure en el universo documental de Epstein.
En los documentos también se menciona a Andrés Roemer, exdiplomático mexicano cuyo nombre ya estaba vinculado a denuncias públicas por abuso sexual. Se señala que su inclusión refuerza el patrón de perfiles que se repiten en los archivos: figuras con poder institucional, cultural o económico que transitaron durante años en entornos sin supervisión ni consecuencias.
A nivel internacional, los archivos reavivaron el debate sobre Donald Trump. SinEmbargo documenta su aparición en registros y testimonios que lo vinculan socialmente con Epstein, aclarando que la mención no equivale a una imputación penal, pero sí confirma la cercanía entre el magnate y figuras centrales del poder estadounidense.
Los archivos de Epstein no prueban automáticamente delitos, pero sí exponen algo más persistente y corrosivo: durante años, las fiestas, los yates y las mansiones funcionaron como espacios de normalización del abuso, del silencio y de la impunidad. México, como muestran los documentos, no estuvo al margen de ese mundo. Estuvo —al menos— cerca.




