En medio de un clamor social por mejores condiciones laborales, el Senado discute un dictamen que pretende reducir la jornada laboral en México de 48 a 40 horas semanales. El discurso oficial, impulsado por Morena, asegura un avance histórico en materia laboral, pero una lectura detenida del documento que circula en comisiones pone en entredicho esa narrativa.
Horas extra: más permiso para trabajar igual o más
El proyecto contempla una disminución gradual de la jornada, que no se consumará en este sexenio sino hasta 2030, con reducciones de apenas dos horas por año. Para trabajadores que esperaban una transformación inmediata del tiempo de trabajo, este calendario parece diluir los beneficios prometidos.
Aunque la reforma fija un tope legal de 12 horas laborales por día (incluidas las extraordinarias), la legislación propuesta amplía las posibilidades de trabajo extra a hasta 12 horas a la semana, un incremento respecto al límite histórico de 9 horas. Este cambio puede hacer que, en la práctica, muchos empleadores mantengan la misma carga laboral semanal bajo la figura del “tiempo extraordinario”.
Piden parar la simulación
Dirigentes de la oposición, como Jorge Álvarez Máynez e Ivonne Ortega, han denunciado que el dictamen es un “gato por liebre”: un texto que apenas reduce las horas hasta dentro de casi una década y no garantiza mejoras concretas en el descanso semanal. Para ellos, se trata de una estrategia para “etiquetar” como logro un avance que es, en los hechos, simbólico más que material.
Defensas del gobierno y el riesgo de desgaste
Desde el Ejecutivo y la Secretaría del Trabajo, se argumenta que la gradualidad busca certidumbre para empleadores y para el mercado laboral, y que no habrá reducción salarial ni de prestaciones. No obstante, esta defensa choca con la percepción de muchos trabajadores organizados que consideran que la calidad de vida no mejora si las horas de trabajo se mantienen efectivamente iguales.
Una reforma apalabrada que aún debe probarse
La discusión en el Congreso debe ir más allá de titulares y slogans: si la reducción de la jornada laboral no se traduce en más descanso real y mejores condiciones, el supuesto avance legislativo podría quedar como un ejercicio cosmético. La discusión no debería cerrarse sin que se asegure que los trabajadores recuperen verdadero tiempo de vida fuera del trabajo.




