Isayda Guido, activista por los derechos de pacientes renales, divulgadora y creadora digital, compartió su experiencia tras recibir un trasplante de riñón y subrayó la importancia de fortalecer la cultura de donación de órganos.
Detalló que actualmente existen tres opciones de tratamiento sustitutivo para personas con insuficiencia renal: diálisis peritoneal, hemodiálisis y trasplante. Señaló que, desde su experiencia, el trasplante suele ser la opción más favorable en términos de bienestar general del paciente. “La diálisis peritoneal, la hemodiálisis y el trasplante. Lo más óptimo para todos los pacientes es que se trasplanten porque la calidad de vida o el tratamiento que llevan es un poquito menos agresivo que los otros dos”.
Sin embargo, enfatizó que recibir un riñón no implica dejar de ser paciente renal, sino cambiar el tipo de terapia y mantener seguimiento médico permanente. Indicó que el tratamiento posterior incluye medicamentos inmunosupresores y revisiones constantes. “Sigues siendo un paciente renal con un trasplante. Sigues en tratamiento con los inmunosupresores y con los medicamentos que te indican los doctores y con revisiones periódicas cada mes. A mí ahorita es cada ocho días la revisión”.
Guido relató que su enfermedad fue detectada en 2020, luego de presentar problemas de visión. Tras diversos estudios médicos, se confirmó el daño renal y comenzó seguimiento con un nefrólogo. Sin embargo, la enfermedad avanzó con rapidez. “En diciembre del 2020 ya mi creatinina estaba en 7, de haber pasado de septiembre a tener 1.8 o 1 punto y algo así. Entonces ya no había opción, ya tenían que hacerme un tratamiento sustitutivo fuera diálisis o hemodiálisis”, recordó.
Explicó que la decisión sobre el tipo de tratamiento no depende únicamente del paciente, sino que interviene un comité médico y factores como las condiciones del hogar, la red de apoyo y el estado general de salud. En su caso, además de la pandemia, influyeron su discapacidad visual y la falta de un espacio adecuado en casa para realizar diálisis peritoneal. “No había material para diálisis peritoneal y me pasaron directamente a hemodiálisis”.
Sobre el momento en que recibió la llamada para un posible trasplante, explicó que ocurrió mientras estaba conectada a hemodiálisis. Describió una mezcla de emociones ante la incertidumbre del proceso. “Sentía que el corazón se me iba a salir. Estaba como espantada, ilusionada, pero a la vez como tranquila diciendo: no te puedes ilusionar de más porque si no sales compatible te va a doler”.
Narró que durante la madrugada le realizaron múltiples estudios para determinar compatibilidad y que el proceso fue rápido, aunque emocionalmente intenso. Finalmente, horas después, recibió la confirmación.
También explicó que la asignación de órganos no es arbitraria, sino que responde a una lista nacional administrada por el Centro Nacional de Trasplantes (CENATRA), en la que influyen factores como el tipo de sangre y el tiempo de espera. “No es que sea una sola lista. Es una sola lista a nivel nacional por tipo de sangre. Todo tiene un porqué”.
En cuanto a la donación de órganos, subrayó la necesidad de combatir la desinformación y los mitos que rodean el tema. Señaló que tanto para el donador como para el receptor existen protocolos estrictos que garantizan la legalidad y seguridad del procedimiento. “No nada más es sacar los riñones y listo. Todo tiene un protocolo tanto para el receptor como para el donador. Por eso hay que informar a la sociedad de cómo son los procesos”.
Finalmente, consideró que hablar de donación es también una forma de generar empatía y conciencia social sobre la posibilidad de salvar vidas.




