El lunes 12 de agosto de 1946 El Sol del Centro publicó una nota en la que se anunciaba que el gerente de distribución del sistema de riego de la presa presidente Plutarco Elías Calles, Juan Castañón, había sido cesado en virtud de que el 12 de mayo “permitió el bautizo de la mencionada presa por el ilustrísimo señor Obispo de Aguascalientes”. En su lugar fue designado Bernabé Peña.
La nota es por demás lacónica y quizá pone de manifiesto el desacuerdo de la línea editorial del diario con la medida porque, total: ¿qué tanta es tantita agua bendita sobre la mayor extensión acuosa del estado?
El gesto me recuerda algo que leí en la novela Nunca volveré a Berlín, del escritor chileno Roberto Ampuero, quien escribió que en su país “pocas cosas son lo que parecen ser y escasas palabras significan lo que debieran… Todo camino recto es sinuoso, todo político inconsecuente y la bruma es la claridad predilecta”.
No sé por qué… o quizá sí y lo dicho viene muy bien al caso con México, paraíso del disimulo. Por ejemplo: las Leyes de Reforma (1859), que fueron como el acta de nacimiento del Estado Mexicano moderno, siguen vigentes, pero medio mundo disimula ante algunas de ellas. Medio mundo, los gobiernos, las iglesias, la sociedad, los diarios…
Francamente me parece una medida extrema la tomada en contra de este ingeniero Castañón, e incluso tal vez quien se lo comunicó no estaba de acuerdo, pero órdenes son órdenes, y posiblemente a la hora de notificarle su cese le dijo algo así como “compadre, no es nada personal, pero”… Pero los símbolos importan y hay temas en los que todos tienen la piel sumamente delgada, así que vámonos respetando. La presa es un bien público creado por un gobierno emanado de un Estado laico, que por momentos ha sido franca y abiertamente anticlerical, con razón o sin ella. Lo fue el del general Calles, cuando se construyó el embalse, pero no el del general Ávila Camacho, que reina… Perdón: gobernaba en 1946. Pero tratándose de un bien público resulta inadmisible cualquier tipo de manifestación religiosa.
Víctor Hugo Burgos Suáres me recuerda que hay una placa sobre el particular en la parte baja de este sitio que textual dice “el 12 de mayo de 1946 fue solemnemente bendecida está presa por el exmo y reymo sr obispo diocesano Dr. don J Jesús López y González siendo presidente de la República el Gral dn Manuel Ávila Camacho vocal ejecutivo de la Com Nal de irrigación ING Dn Adolfo Uribe Alba Gobernador del estado el C Ing Jesús M Rodriguez y Gerente de este Distrito ING. Juan Castañon Morales”.
Por cierto que de bautizo nada: se bautizan las personas, no las cosas, que más bien se bendicen (casas, automóviles, negocios, etc.), y en todo caso quienes impulsaron el gesto muy probablemente lo hicieron con la intención de, digamos, otorgarle alguna especie de protección a la monumental obra. El obispo era José de Jesús López y González.
El colmo del general Calles es, desde luego, que le hayan puesto una cruz al monumento que conmemora la presa que lleva su nombre… ¡Y encima del escudo nacional! ¡Jesús mil veces! (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).




