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miércoles, febrero 4, 2026

Disenso / Entrar en pánico

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Ignoro si el problema del desabasto de gasolina es de la medida en que se percibe socialmente. Yo no lo creo. Hace unas semanas en éste, su periódico La Jornada Aguascalientes, ya se reportaba el problema y el gobernador en esos días aseguró que no traería consecuencias graves para el estado. Hasta donde alcanzo a ver lo que sucedió fue que el jueves, efectivamente, hubo un problema tangible en un par de municipios del estado. Esa alerta conmocionó a algunos ciudadanos que salieron masivamente a surtirse y prevenirse con gasolina, provocando que se agotaran las reservas en unas horas. Hacia las once de la noche del mismo jueves, en una gasolinera cercana a mi casa, no había ya servicio. “No tenemos gasolina”, decía un conciso letrero. Ayer por la mañana había ya, y con ella una fila surrealista de autos esperando para cargar el combustible.

En una gasolinera cercana a la Universidad Autónoma de Aguascalientes vi una pipa abasteciendo, otra fila enorme, imposible, esperaba ansiosa. Es verdad, hasta donde sé, que fue suspendido el servicio vía oleoducto hace ya semanas, lo que seguramente había provocado que usted alguna vez llegara a una estación y le dijeran que sólo había “verde” o “roja” o que incluso “no tenían”, eventualmente. Como nadie estaba asustado, hacía lo normal: ir a la siguiente gasolinera o cargar después.

El abasto en pipa seguramente trae cambios logísticos importantes, también, con toda certeza, que éste sea menos generoso, sin embargo, con un margen suficiente para soportarlo. De la misma manera que la señora de los tamales acaba temprano en algunos días lluviosos o fríos, o que de pronto parece que todos querían torta y los bolillos acabaron temprano, parece que el hecho de que todos cargaran gasolina (en cantidades, además, inusuales) intensificó la escasez. Como yo lo veo, asistimos a un caso de profecía autocumplida: “la gasolina se acabará” provocó que todos salieran a surtirla al mismo tiempo… y se acabó.

Por supuesto puedo estar equivocado: es probable que como muchos señalan esto sea una estrategia de “quién sabe quién” para subir los precios, o introducir marcas extranjeras (no sé si eso sería tan malo, insisto: no sé) o para algún otro escandaloso fin oscuro, aunque me parece que esa probabilidad es baja y no hay motivos suficientes para apostar por ella.

Más allá de eso, lo que me interesa analizar es el fenómeno mismo. Supongamos incluso que realmente existe el desabasto, o más, que efectivamente es una cortina de humo para lo-que-sea-que-quieran. Supongamos que, ciertamente, no habrá gasolina en días o incluso semanas. ¿Salir a comprar compulsivamente gasolina sería la mejor forma de actuar? En primer lugar, se cargó combustible más allá de los tanques llenos: bidones, garrafones y hasta botellas plásticas fueron evidencia de ello (lo cual me parece irresponsable, peligroso); también, seguramente, muchos cargaron todos sus autos y, seguimos, surtieron más de lo que normalmente surten. La idea de no tener gasolina desató un comportamiento entre miedoso y compulsivo. ¿Y los taxis, la gente que precisa usar su auto por cuestiones de salud, los que realmente lo necesitaban? Todos se vieron afectados. ¡Vamos: los que van al día! “tanque lleno” era una voz común, de personas que envalentonadas por la coincidencia de la quincena y su paranoia agotaron los recursos.

Fue fácil entrar en pánico. Sobre un recurso que no deberíamos considerar vital. ¿Qué pasará el día que se anuncie un dramático desabasto de agua? Aquellos con recursos acapararán y los más necesitados (económica o circunstancialmente) perderán, como de costumbre. Veo una falta de involucramiento social de los medios que no llamaron masivamente a la calma y del gobierno que no se aprestó a imponer políticas de restricción (no, no soy fascista ni quiero interferir con el libre mercado).

Creo que en unos días la entropía natural llevará a que las gasolineras estén en disposición de surtir a los que no alcanzaron, que todo se normalizará. Insisto: puedo equivocarme, por supuesto. Lo que sí es que más allá de que tenga o no tenga la razón, nuestra facilidad de entrar en pánico, de verdad da pánico.

 

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