Cosas veredes
Dieciséis llamadas Sheinbaum-Trump
Según varios medios de información, durante el primer año del segundo gobierno de Donald Trump, se han realizado 16 conversaciones telefónicas entre el mandatario estadounidense y la presidenta de México, algo que en términos diplomáticos es poco común, y es un indicio que muestra a Claudia Sheinbaum como la principal interlocutora de Latinoamérica con el presidente norteamericano.
Pudiera parecer un dato baladí, más sin embargo muestra la relevancia que la relación entre estos dos países tiene en la coyuntura actual, en el caso de EEUU porque ha echado a andar una ofensiva por la recuperación de su hegemonía global, y en el caso de nuestro país porque la realidad lo ha colocado, además de la frontera geográfica, también en la frontera política de América Latina, cuyos países han entrado a la obligada reconstrucción de su relación con los Estados Unidos.
Históricamente se ha construido una interdependencia, difícil y a veces tormentosa entre México y EEUU. Buena parte de nuestra economía depende del vecino del norte, pero su economía también requiere de nuestro mercado porque cada minuto se comercia un millón de dólares entre ambos países, y seis millones de empleos estadounidenses dependen del mercado mexicano.
Incluso las numerosas intervenciones militares norteamericanas en territorio mexicano, aunque hemos llevado la peor parte como en 1847, han sido difíciles de sostener para EEUU, pues como se ha visto en dos siglos de existencia, nuestro territorio y población son muy complicadas para cualquier intento de intervención extranjera convencional.
Pero en estos tiempos la política de fuerza del gobierno norteamericano, como se mostró ya en Venezuela, no se ejerce con las tradicionales invasiones de marines, sino que ahora se realiza a través de operaciones político-militares diseñadas a partir del conocimiento del territorio y estado de fuerza de cada país, pero sobre todo de la correlación interna de fuerzas y grupos de poder, combinadas con intervenciones precisas y acciones de fuerza intimidatorias.
Frente a la nueva situación, cuando el gobierno de EEUU ha decidido usar su poderío para establecer un nuevo equilibrio mundial, y busca alinear a los países que se encuentran en sus áreas de influencia, el gobierno mexicano necesita diseñar un conjunto de políticas que le permita, por una parte no salir debilitado en la peligrosa coyuntura, y en cambio establecer un modelo de relación política con los EEUU para lograr un trato de respeto a su soberanía, independencia, dignidad, y desarrollo nacional. Lograrlo no solo sería importante para México, también significaría un gran instrumento para las nuevas definiciones de los países del continente.
Donald Trump afirma que su “preocupación“ en México, se debe al poderío de las organizaciones del narcotráfico que “controlan muchas regiones y hasta el gobierno mexicano”, y que representan un riesgo para la seguridad del pueblo norteamericano, por las miles de muertes que provoca el fentanilo y las drogas que llegan desde México, y que por ello presiona para que el gobierno mexicano acepte la ayuda militar norteamericana, e incluso anuncia la posibilidad de acciones unilaterales para capturar liderazgos criminales.
Varios analistas consideran que esa preocupación por el narcotráfico solo es un pretexto y que el verdadero interés norteamericano por México es el sometimiento a sus intereses económicos.
Si para el gobierno norteamericano, el narcotráfico solo es un pretexto para presionar, para el gobierno mexicano debe seguir siendo un asunto de alta prioridad, pues el crimen organizado no solo es el principal problema de la seguridad pública, sino que también es el principal riesgo de seguridad nacional, e incluso el principal riesgo político electoral desde que los jefes criminales incursionan en los procesos electorales y en la política.
Las dieciséis conversaciones de la presidenta Sheinbaum con Trump, muestran que México está negociando en las condiciones de la “doctrina Donroe”, pues las reglas tradicionales de la diplomacia se han evaporado y lo que realmente importa ahora es la fuerza y la conveniencia: se gana lo que se negocia y se pierde lo que no se puede defender. Frente a eso, el estado mexicano y su gobierno requieren de potenciar sus fortalezas y habilidades.
Sea o no el narco prioridad para Trump, México debe seguir la política de desmantelar las organizaciones criminales, pues significa acotar la generación sistémica de violencia y delincuencia y neutralizar un factor pernicioso para la vida política del país. Para ello, además de la nueva estrategia de seguridad pública, una necesidad que viene surgiendo es la construcción de un acuerdo nacional para el combate al crimen organizado, con la convergencia de todas las fuerzas políticas, las iglesias, las organizaciones sindicales y empresariales, y los gobiernos municipales, estatales y la federación. Quedarse en la idea de que el narco es solo pretexto, sería un error pues conviene detener el cáncer y eliminar la excusa.
Sin duda que en el fondo de las presiones se encuentran las negociaciones del TMEC, y ahí la habilidad mexicana estará en ubicar su papel en el bloque norteamericano para construir ahora sí, una fuerte base industrial y conservar lo más posible los nexos económicos con todo el mundo.
Un acuerdo nacional contra la inseguridad, desmantelamiento del crimen organizado, reforma electoral para ampliar las bases políticas de la democracia mexicana, y hábil negociación del TMEC, serán una buena ruta para enfrentar la coyuntura global, reformular la solidaridad con América Latina, y avanzar hacia un estado social y democrático de derecho en nuestro país.
@gilbertocarloso




