Hay mariscales de campo que son recordados por sus hazañas en temporada regular y por sus
actuaciones en postemporada, pero quienes verdaderamente pasan a la historia son aquellos que
consolidan sus carreras en el Super Bowl. Para Josh Allen, ese escenario se ha convertido en una
obsesión. Pese a ser considerado un mariscal de élite y uno de los mejores pasadores de la liga en
los últimos años, siempre se ha quedado en la orilla y aún no sabe lo que es disputar un partido en
el Super Domingo.
El domingo, los Buffalo Bills derrotaron a los Jacksonville Jaguars (24-27) en un partidazo para
avanzar al Juego Divisional, rompiendo una racha de 33 años sin ganar un partido de playoffs como
visitantes. Un triunfo que pesa más por el contexto reciente, marcado por constantes
eliminaciones ante Patrick Mahomes y los Kansas City Chiefs, el obstáculo que una y otra vez le
cerró el camino a Buffalo.
Josh Allen se ha convertido en el hijo pródigo Buffalo. Desde su llegada a la liga transformó a los
Bills en un contendiente al título, y la afición confía en que pueda devolverle el anillo a una
franquicia que no gana el Vince Lombardi desde 1965 y que en la década de los 90 vio escaparse el
título en cuatro Super Bowls consecutivos. Desafortunadamente, sus grandes números y
actuaciones se han visto opacadas en playoffs, quedándose corto en seis ocasiones.
Por eso, para Allen este es un momento límite. Por primera vez en su carrera no tendrá enfrente a
Patrick Mahomes, tras una temporada desastrosa de Kansas City, pues, aunque ha demostrado que
puede vencerlo en temporada regular, en postemporada la historia ha sido muy distinta: cuatro de
sus seis derrotas en playoffs, incluidas dos en juegos de campeonato, han sido precisamente ante
Mahomes y los Chiefs. A esto se suma la ausencia de Joe Burrow, otro de sus verdugos en
postemporada.
No hay mañana. Aunque Buffalo luce más débil en el papel que en años anteriores, el escenario es
inmejorable. Ya dejó en el camino a Trevor Lawrence y ahora deberá sobrevivir a la altura y al ruido
de Mile High para derrotar al sembrado número uno de la AFC, los Denver Broncos de Bo Nix, si
quiere mantenerse con vida. Josh Allen está frente al punto que define su legado: o da el salto
definitivo, o quedará como uno más del montón.




