La realidad digital y la no digital ya no constituyen dos mundos separados. El internet, las redes sociales y el uso de chatbots son una extensión de nuestra vida cotidiana. ¿Qué tan preparadas estamos para el crecimiento acelerado de deepfakes sexuales y qué tan protegidas estamos por las mismas empresas que facilitan la creación de este tipo de contenido?

¿Qué es el feminismo glitch?
Legacy Russell, una curadora y escritora negra que se identifica como persona queer, desarrolló este concepto por primera vez en 2012 como parte de su ensayo ‘Dualismo digital y el Manifiesto del Feminismo Glitch’, publicado en Society Pages. En él, declaró: “Queremos reivindicar para nosotras un lugar permanente en la mesa (haciendo referencia al internet), que a pesar de los avances logrados mediante la acción política feminista, todavía no nos pertenece verdaderamente.”
Casi 10 años después, esta reflexión se convertiría en su primer libro publicado, en donde presentaría este término como una herramienta para evidenciar cómo el sistema patriarcal no desapareció con la llegada del internet, sino que migró y se extendió hasta el espacio digital.
Russell sostiene que el famoso glitch es una disrupción de la binariedad del género, y por lo tanto, es una resistencia a la normatividad. “Glitch es anticuerpo, resiste al cuerpo como arquitectura social y cultural coercitiva.” Por lo tanto, defiende el potencial de las nuevas tecnologías, pero hace hincapié en el glitch, que puede transformar la forma en la que habitamos el ciberespacio.
Entonces, ¿el glitch es un feminismo para la era digital?
¡Sí! De acuerdo a Legacy Russell, el primer paso para subvertir un sistema es aceptar que ese sistema permanecerá en su lugar, pero somos las personas que participamos activamente en esos espacios que estamos dejando nuestra huella y reclamando nuestro lugar. Sin embargo, el internet como Russell describe hace más de una década, ya no es el mismo que habitamos el día de hoy: enfrentamos más casos de violencia digital de forma acelerada y estamos cada vez más lejos de ser protegidas .
Para entender esta transición, Russell señala que todo lo que ocurre en la vida “real” se repite en la vida digital, y viceversa. En este sentido, las nuevas necesidades de los usuarios están atravesadas por el control, la explotación e inmediatez.
El boom de la violencia digital de las deepfakes
La autora Andrea Proenza señala que el incremento de deepfakes pornográficas de mujeres en plataformas como X, desde su chatbot Grok, no se debe a que los usuarios quieran satisfacer un deseo personal de índole sexual, sino que se trata de un deseo por el control.
Antes, el entendimiento de los casos de abuso o acoso sexual se quedaban en el plano físico, impulsando la creación de avances legislativos y judiciales. Pero ahora, la popularización de las IA han facilitado que estos casos puedan seguir reproduciéndose en el plano digital.
Como es el caso de las deepfakes: en días de mayor actividad se llegan a generar hasta 6.500 imágenes por hora, según la investigadora independiente Genevieve Oh en un artículo de Bloomberg. Y el camino para detener su aceleración sigue estando lleno de vacíos legales, ambigüedades y obstáculos.
Estas prácticas no son un uso desviado de la tecnología, sino la manifestación de un sistema estructural: la sexualización no consentida del cuerpo femenino como mercancía dentro de un sistema que lucra con la violencia y la sostiene desde la impunidad. El entorno digital no crea nuevas violencias, más bien amplifica prácticas patriarcales y capitalistas que siempre han existido.
¿Cómo nos protegemos?
Legacy Russell cierra su manifiesto de Feminismo Glitch con una premisa clara: el futuro digital no tiene por qué replicar el pasado patriarcal. Aunque el futuro parezca desalentador, y nos encontremos frente a un estado de desprotección por parte de las empresas digitales, es importante seguir habitando los espacios digitales desde la disidencia, desde el error, desde la resistencia. Como Legacy dice: “el glitch es el error que revela la verdad del código”. Si la tecnología es un punto de encuentro para la violencia patriarcal, también puede ser el territorio donde esas estructuras se fracturan.




