Plaza Pública
Las venas siguen abiertas (Segunda parte de dos)
El llamado “orden liberal internacional basado en reglas” emanado de la Segunda Guerra Mundial está terminado y vivimos un cambio de época. Así lo certificó el primer ministro del Canadá (el banquero neoliberal Carney) en días pasados en su inusual (por claridoso) discurso de Davos. Así, al tiempo que somos testigos del asedio continuo contra Venezuela al menos desde agosto de 2025 en forma de guerra híbrida y la inminente amenaza real de invasión (se afirma en Washington que ahora Venezuela podría ser el estado número 53, después de Groenlandia el 51 y Canadá el 52); hay una falacia recurrente, que insiste y repite que los problemas económicos y políticos de Cuba empezaron con el triunfo de la Revolución Cubana en 1959. Sin embargo, la historia nos cuenta que cuando Cuba era aún un enclave esclavista español (bien retratado en entretenida novela de Carlos Bardem), ya EUA, otra potencia emergente y esclavista como España, había intentado repetidamente comprar la isla, comenzando por Jefferson (sí, el así llamado “Padre Fundador”) en 1805. Luego, en los períodos de Madison en 1810 y de Monroe en 1823 (el mismo Monroe de la doctrina imperialista homónima, redactada por el secretario de estado y futuro presidente Adams), se enviaron otras ofertas de compra a Madrid, todas rechazadas. Por eso en 1851 el filibustero Narciso López tuvo patrocinio yanqui para derribar al gobierno colonial español y así lograr primero la independencia y luego la anexión (modus operandi ya antes usado en Hawái). Finalmente en 1898, tras un clásico ataque de falsa bandera, Washington declaró la guerra a un Imperio Español débil y decadente al que derrotó en un santiamén (“más se perdió en Cuba”, lamento común, repetido asiduamente en el imaginario peninsular); convirtiendo a la isla antillana en un “protectorado” y engullendo de paso a Puerto Rico. Así, el destino manifiesto cubano parecía sellado: fungir como campo azucarero, casino y prostíbulo de la nueva potencia colonial y sus conocidos grupos del crimen organizado. Luego, con la enmienda Platt de 1901, que fue un apéndice impuesto por Estados Unidos a la Constitución de Cuba tras la guerra contra España, se limitó severamente la soberanía cubana, pues esta permitía la intervención militar estadounidense, restringía la política exterior/comercial y establecía bases navales (como Guantánamo), asegurando el dominio de EE. UU. Fue hasta 1933, durante la presidencia de Grau, que Cuba conoció brevemente alguna soberanía, que fue luego abortada tras el golpe militar patrocinado por EUA que culminó con la dictadura de Batista, quien fuera derrocado por la revolución barbuda de 1959.
Entonces, no es cierto que la ambición estadounidense en Cuba inició con la deriva socialista, sino que es vieja, antecediendo incluso a su independencia. Luego, la agresión bajo “amenaza del marxismo-leninismo” es otra excusa falsa y banal, ya que Washington desea apoderarse de Cuba desde que se independizó de Gran Bretaña, en plena etapa colonial y esclavista. Porque Cuba y Venezuela, al igual que el Golfo de México, son piezas clave en el incompleto dominio de su propio Mare Nostrum (El Caribe); donde el secuestro de Maduro y la agudización del estrangulamiento genocida contra Cuba o la latente amenaza en contra de otros países de la región como Colombia y México, forman parte del repliegue anunciado al epicentro de su expansión originaria, tal como se expresa en su nuevo documento de seguridad nacional de fines del año pasado. Así que después de dos siglos y medio con declaraciones y estrategias imperialistas, tales como el Destino Manifiesto, la Doctrina Monroe, el Corolario Roosevelt o el Plan Cóndor, el escenario para nuestra región es quizá más claro que nunca.
Por si no lo fuera, la Casa Blanca publicó este martes 3 de febrero de 2026 un comunicado para celebrar “el 178 aniversario del triunfo de EUA” en su invasión y guerra de intervención en México (1846-1848), en el que exalta “la toma de la Ciudad de México” y la anexión de territorios como una “victoria triunfante de la soberanía americana”; “Fue una victoria legendaria que aseguró la soberanía estadunidense y expandió la promesa de independencia por nuestro magnífico continente”, decía Trump en su red social (La Jornada, 3 de febrero de 2026). Como se sabe, la derrota militar obligó a México a “ceder” más del 50% de su territorio, incluyendo toda la Alta California (que hoy son los estados de California, Nevada, Utah, Nuevo México y Arizona) y partes de los actuales Wyoming, Colorado, Kansas, Oklahoma y Texas.
Coda. La así llamada “Junta de Paz” de Trump para Gaza no es más que el burdo intento de construir un marco de espectáculo -ilegal, según el derecho internacional, por supuesto- en torno al asedio y genocidio del pueblo palestino. Las fotos mostradas por el primer yerno imperial de la “nueva” Gaza confirman que los palestinos, cuyas casas destruyó metódicamente la entidad sionista con bombardeos nunca vistos en tiempos modernos durante los pasados tres años ante la impasible mirada de casi todos los gobiernos del mundo, no vivirán en las torres y los suntuosos rascacielos que aparecen en los “renders” y vídeo mostrados. Si alguna vez nace la “nueva” Gaza, una parte de los palestinos intentará ser convertida en clase servil en su propia tierra, mientras que quienes se resistan serán expulsados o exterminados, acusándolos de “terroristas”. Todo esto confirma que las llamadas “democracias occidentales” encabezadas por el hegemón imperial violan impunemente el derecho internacional, el orden democrático y los derechos humanos tanto o más que las denominadas “dictaduras” del tercer mundo, como lo demuestra más allá de toda duda, el impune genocidio perpetrado en Gaza contra una mayoría de mujeres, ancianos y niños indefensos.
@efpasillas




