El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) dio un paso inédito en el financiamiento climático al emitir su primer Bono Amazonía 2026, por un monto récord de 1.000 millones de dólares australianos, la mayor colocación en un solo tramo que el organismo ha realizado en el mercado australiano.
La operación no solo marca un hito financiero para el BID, sino que también refleja el creciente interés de los mercados internacionales por instrumentos de deuda vinculados a la protección ambiental, en un contexto de crisis climática y pérdida acelerada de biodiversidad.
Un bono para la Amazonía… desde Australia
El bono fue emitido en formato Kangaroo bond —instrumentos en dólares australianos colocados por emisores extranjeros— y forma parte de la estrategia del BID para diversificar sus fuentes de financiamiento y atraer capital institucional hacia proyectos de desarrollo sostenible en América Latina.
Los recursos obtenidos estarán alineados con la iniciativa “Amazonía Siempre”, la plataforma regional del BID destinada a financiar proyectos que combinen conservación ambiental, inclusión social y desarrollo económico en los países amazónicos.
Finanzas verdes con demanda global
De acuerdo con información del propio BID y de plataformas especializadas en finanzas verdes, la emisión tuvo una demanda significativa de inversionistas internacionales, lo que confirma que los bonos temáticos —ambientales, sociales o climáticos— se están consolidando como una alternativa relevante dentro de los mercados de capitales.
El bono tiene vencimiento en 2031 y paga un cupón competitivo, lo que lo convierte en un instrumento atractivo tanto por su rendimiento financiero como por su impacto ambiental.
¿Qué se financia con un Bono Amazonía?
Aunque los bonos no se asignan a un proyecto único, el BID ha señalado que estos recursos respaldarán iniciativas relacionadas con:
- Protección de ecosistemas y biodiversidad
- Desarrollo sostenible de comunidades locales e indígenas
- Adaptación y mitigación al cambio climático
- Fortalecimiento institucional en la región amazónica
La Amazonía, considerada un regulador climático clave a nivel global, enfrenta presiones crecientes por la deforestación, la minería ilegal y la expansión extractiva, lo que vuelve urgente el acceso a financiamiento climático de gran escala.
Un mensaje político y financiero
Más allá de los números, la emisión del Bono Amazonía envía un mensaje claro: la protección ambiental también se juega en los mercados financieros. Sin embargo, especialistas advierten que estos instrumentos deben ir acompañados de transparencia, monitoreo y resultados medibles, para evitar que se conviertan solo en etiquetas verdes sin impacto real.
El reto ahora será que estos recursos se traduzcan en cambios concretos sobre el territorio y no se queden únicamente en los balances financieros.




