Virginia Giuffre sobrevivió 2 veces. Primero, a los abusos sexuales por parte de su círculo cercano, millonarios y miembros de la realeza. Segundo, a la exposición mediática y críticas que recibió al ser una de las principales denunciantes contra Jeffrey Epstein y Ghislaine Maxwell. Ahora, con la publicación de los archivos Epstein tomando protagonismo, es crucial recordar que sin ella, nada de esto hubiera sido posible.
Una vida marcada por el abuso
Antes de que todo el mundo supiera su nombre, Virginia era una adolescente que trabajaba en el complejo de lujo Mar-a-lago, la residencia de Donald Trump en Florida, en los inicios de los 2000. Fue ahí donde conoció a Ghislaine Maxwell, pareja y socia de Jeffrey Epstein, ofreciéndole la oportunidad de trabajar como la masajista personal de la pareja sin saber que se iba a convertir en una de las principales víctimas de la red de abuso y tráfico sexual de Epstein.
Según recuerda, era Maxwell quien se dedicaba a reclutar a jóvenes pobres, vulnerables y con antecedentes de violencia. A través de promesas de una vida mejor, viajes a islas privadas, hospedajes en mansiones de lujo, eran abusadas por Epstein y su círculo más cercano, el cual incluía a millonarios, empresarios, políticos y hasta miembros de la realeza.
Pero el historial de agresiones sexuales hacia Virginia no empezaron con Epstein. Con tan solo 7 años fue abusada sexualmente por su papá, acompañado por uno de sus amigos. Como consecuencia, pasó por varios hogares de acogida, llegó a vivir en la calle y estaba intentando reconstruir su infancia que le fue arrebatada.
Virginia tenía 16 años cuando tomó partida con Maxwell y Epstein. Un año después, llegó el príncipe Andrés: “Era bastante simpático, pero engreído, como si creyera que tener sexo conmigo fuera su derecho de nacimiento”, relata Virginia en sus memorias póstumas.
Poco antes de su muerte, Virginia se enfrentaba a otro proceso legal en contra de su propio esposo: Robbie Giuffre. Uno de sus hermanos, quien la acompañó hasta sus últimos días, empezó a hablar abiertamente sobre el abuso doméstico que Virginia sufría a manos de Robbie. Declaró: “Diría que la batalla más difícil la tuvo en su patio trasero con su esposo, y eso le daba un poco de vergüenza, ya que cualquiera habría dado un paso al frente”.
Tanto su padre, Robbie y el príncipe Andrés niegan estas acusaciones hasta la fecha.
La vida después de Epstein
Antes de empezar su nueva vida, Giuffre declaró que llegó a un “acuerdo” con Epstein y Maxwell: le pagarían una formación para convertirse en masajista profesional a Tailandia y a cambio traería una chica tailandesa para ellos. De todas formas, Epstein ya había perdido interés en ella porque era “demasiado mayor”.
Eso tuvo lugar en 2002, pero Virginia nunca regresaría con una chica tailandesa. De hecho, no regresaría a Estados Unidos, en su lugar se mudaría a Australia con Robbie Giuffre, casada y lista para formar una familia.
Años después, Virginia presentó una demanda bajo el seudónimo de Jane Doe 102 contra Epstein por explotación sexual. Sin embargo, antes de que fuera a juicio se llegó a un acuerdo por un monto de $500,000 dólares. A finales de 2009, decenas de víctimas de Epstein habían presentado demandas civiles en su contra, pero casi todas se resolvieron por montos no revelados.
Sin embargo, tras el nacimiento de una de sus hijas en 2010, decidió hacer pública su historia como víctima de abuso sexual y trata de personas. Se publicó por primera vez en 2011 en “The Mail on Sunday”, en donde incluía una foto junto al príncipe Andrés y Maxwell. La foto fue tomada por Epstein. Otras víctimas reconocieron que el testimonio de Giuffre les dio el coraje para hablar públicamente de lo que vivieron a manos de Jeffrey Epstein.
A finales de 2014, Giuffre lanzó Victims Refuse Silence, una organización dedicada a ayudar a sobrevivientes de abuso sexual a superar la vergüenza, el silencio y la intimidación que suelen experimentar. Además, educar a más mujeres para evitar ser víctimas de tráfico sexual.
Nobody’s Girl: Las memorias póstumas de Virginia
Abogados y víctimas vinculadas al caso Epstein, señalaron que la valentía de Giuffre fue determinante para exponer la red de abusos y presionar por investigaciones judiciales. En 2025, anunció que iba a lanzar su propia versión de los hechos en “Nobody’s Girl”, un libro de memorias.
Sin embargo, en abril del mismo año fue encontrada muerta a sus 41 años. Unos meses antes, sufrió un accidente automovilístico y declaró que le quedaban “pocos días de vida”. La policía local indicó que no había indicios de circunstancias sospechosas y su familia confirmó que murió por suicidio.
A pesar de las circunstancias, Virginia Giuffre insistió a su colaboradora, Amy Wallace, que su libro tenía que ser lanzado: “En caso de mi fallecimiento, me gustaría asegurar que Nobody’s Girl todavía sea lanzado. El contenido es crucial para arrojar luz sobre las fallas sistémicas que permiten el tráfico de personas vulnerables.”
El libro fue lanzado en octubre de 2025 y se convirtió en el bestseller #1 del New York Times. Aunque fue traficada a más de una docena de hombres, su libro omite muchos nombres. De acuerdo con Amy Wallace, tomaron la decisión para proteger a la familia de Giuffre.
La historia de Virginia Giuffre es mucho más que su historia de supervivencia. A pesar de que aún surgen dudas respecto a su aparente suicidio, su familia intenta recordarla con cariño y respeto. Wallace recuerda: “Epstein no era una anomalía ni un súper depredador, es un signo de nuestros tiempos. La gente rica, la gente poderosa, puede tratar terriblemente a la gente menos rica. Y creo que por eso resuena más allá del abuso sexual.”




