La visita oficial del presidente de Israel, Isaac Herzog, a Australia entre el 8 y el 12 de febrero desató multitudinarias protestas en varias ciudades del país y puso bajo escrutinio tanto la política exterior australiana como la actuación de las fuerzas de seguridad. La protesta principal se centró en Sydney, donde miles de manifestantes se movilizaron para expresar su rechazo a la gira del mandatario, especialmente por la guerra en Gaza y las políticas de Israel en el conflicto palestino-israelí.
Protestas masivas en varias ciudades
Las manifestaciones comenzaron antes de la llegada de Herzog y continuaron durante toda su estancia. En Sydney, organizaciones como Palestine Action Group convocaron marchas y concentraciones en contra de la visita, criticando que se invitara al presidente israelí sin considerar las muertes y sufrimiento en Gaza. Muchos manifestantes denunciaron lo que consideran complicidad del gobierno australiano con las políticas de Israel y expresaron su solidaridad con el pueblo palestino.
En Melbourne, cerca de 10 mil personas marcharon por el centro de la ciudad, ondeando banderas palestinas y gritando consignas contra la visita de Herzog, al tiempo que reclamaban sanciones y justicia para la población palestina afectada por el conflicto. La protesta se desarrolló en gran parte de forma pacífica, aunque fue vigilada por una importante presencia policial.
Restricciones y respuesta policial
Previo a las manifestaciones, las autoridades de Nueva Gales del Sur (NSW) invocaron poderes especiales para gestionar la seguridad durante la visita, permitiendo ampliar la presencia policial, restringir rutas de protesta y autorizar búsquedas de manifestantes en ciertas áreas para “mantener el orden”. Organizaciones civiles presentaron recursos legales para impugnar estas medidas, pero fueron rechazados por la justicia australiana.
Durante las concentraciones en Sydney, la policía utilizó gas pimienta, repelió marchas no autorizadas y detuvo a al menos 27 personas, incluyendo manifestantes que, según las autoridades, habrían agredido a agentes. Imágenes difundidas en redes sociales y grabaciones verificadas por organizaciones como Human Rights Watch mostraron a oficiales golpeando a manifestantes, dispersando grupos de oración y enfrentándose a personas que habían sido detenidas en el suelo, lo que generó denuncias de uso excesivo de la fuerza.
Debate público y reacciones políticas
Las violentas escenas en Sydney provocaron críticas de legisladores y activistas que calificaron la respuesta policial como “excesiva” y una amenaza a los derechos de reunión pacífica. En contraste, autoridades del gobierno defendieron las acciones de la policía afirmando que se actuó dentro del marco de la ley para proteger tanto al visitante como al público y evitar enfrentamientos más graves.
La polémica aumentó cuando surgieron videos y testimonios de hombres musulmanes siendo removidos mientras rezaban en medio de la protesta, lo que llevó a llamadas de líderes comunitarios para que el gobierno ofrezca una disculpa y se conduzca una investigación independiente. El premier de NSW, Chris Minns, por su parte, se negó a pedir disculpas, respaldando la labor policial ante lo que describió como un desafío complejo de seguridad




