- Legisladores cuestionaron que la propuesta no garantice dos días de descanso y eleve horas extra de 9 a 12
- Marath Bolaños sostuvo que la reforma beneficiará a 63.9% que trabaja más de 40 horas, sin reducir salario
Durante la sesión de trabajo conjunta de las comisiones de Puntos Constitucionales y de Trabajo y Previsión Social, la discusión sobre la reducción de la jornada laboral de 48 a 40 horas volvió a encenderse en la Cámara de Diputados. Esta vez, el centro del debate no fue la meta general -que en el papel parece compartida-, sino los detalles que, para la oposición, podrían convertir la reforma en una promesa incompleta.
Legisladores del PRI, PAN y Movimiento Ciudadano lanzaron fuertes cuestionamientos al secretario de Trabajo y Previsión Social, Marath Bolaños, por no incorporar en la propuesta constitucional dos días de descanso obligatorios. A la par, criticaron la intención de aumentar las horas extraordinarias permitidas de 9 a 12, lo que, advirtieron, siembra dudas sobre la efectividad de una reducción real sin afectar el ingreso y sin abrir espacios a una mayor carga laboral.
La diputada Patricia Mercado puso énfasis en el punto que consideró más delicado: dejar los días de descanso sujetos a “negociaciones individuales”. En un mercado donde -recordó- alrededor del 90% de la fuerza laboral no está sindicalizada, esto “coloca al trabajador en una situación de vulnerabilidad frente al empleador”, al perpetuar una asimetría de poder para exigir el derecho. A ese diagnóstico, sumaron que la falta de claridad afectaría de manera desproporcionada a los segmentos más vulnerables: quienes perciben entre uno y tres salarios mínimos y, con frecuencia, laboran jornadas de hasta 60 horas, sin contar traslados que erosionan su calidad de vida.
Desde la oposición también se planteó que el esquema “5×2” -cinco días de trabajo y dos de descanso- sería el mecanismo más eficaz para recuperación física y mental, y que la gradualidad de la reforma hasta 2030 representa una demora excesiva.
Bolaños, por su parte, defendió la propuesta con un argumento de consenso. Aseguró que, a diferencia de otras iniciativas, ésta recoge un diálogo amplio -en línea con recomendaciones de la OIT- que incluyó sectores productivos, sindicatos, trabajadores organizados e independientes, academia y cámaras patronales. También afirmó que la reforma garantiza más tiempo libre sin reducción salarial y que el diseño del tiempo extraordinario eleva el ingreso por esas horas.
El funcionario añadió que, con base en datos del INEGI, la medida impactaría al 63.9% de las personas trabajadoras que laboran más de 40 horas. Para quienes ya están en 40 horas o menos -el 36.1%-, dijo, se mantendría la jornada, pero con nuevas reglas: el pago doble iniciaría a partir de la hora 41 y se acotarían las “horas triples” a cuatro por semana. La discusión, sin embargo, dejó claro que el consenso todavía no se vota: se disputa.




