México se prepara para recibir por tercera ocasión la Copa Mundial de la FIFA este año. En el papel, el logro es histórico: ningún país había organizado tres veces un mundial. Pero más allá del discurso oficial, la gran pregunta no solo es qué hará el Tri en la cancha, sino qué papel jugará México como anfitrión ante los ojos del mundo.
En lo deportivo, la expectativa es la de siempre: competir e ilusionar, aprovechar la localía y evitar otro fracaso como Qatar 2022, donde se cortó una racha de siete mundiales consecutivos avanzando a octavos de final. Sin embargo, el verdadero peligro parece estar fuera de la cancha.
A diferencia de 1970 o 1986, hoy cada error se magnifica en tiempo real gracias a internet y las redes sociales. La inseguridad, los bloqueos y los episodios de violencia no solo afectan la vida cotidiana del país; también impactan la narrativa internacional y cuestionan la capacidad de México como anfitrión. Aunque el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, reiteró recientemente que la sede se mantiene y que existen garantías, la percepción global refleja una preocupación real por la situación actual.
A esto se suma la preocupación por la infraestructura. A poco más de 100 días del arranque del torneo, la remodelación del Estadio Banorte (antes Estadio Azteca) sigue generando dudas. Ocho años han pasado desde que México supo que sería sede y, aun así, la obra no ofrece certezas sobre su conclusión. Las críticas no solo apuntan a los tiempos, sino también a decisiones de diseño y modernización que parecen quedarse cortas frente a los estándares actuales de estadios de clase mundial, como el Estadio Akron o el Estadio BBVA.

Por si fuera poco, el escenario se tensó aún más cuando la Federación Portuguesa manifestó su preocupación por la seguridad del país previo al amistoso frente a la selección mexicana, con el que se planea inaugurar el Estadio Banorte. Más allá de si el partido se juega o no, el simple hecho de que exista duda ya representa un grave daño reputacional.
Lo que tenemos claro es que México sabe organizar mundiales. Además, el pueblo mexicano y la afición siempre se han comportado a la altura; ya se demostró antes. Desafortunadamente, el contexto actual no ayuda. Hoy el desafío no es únicamente logístico; es de imagen, credibilidad y ejecución. Nuestro país no se juega solo un torneo, se juega su reputación ante millones de ojos que miran con preocupación su capacidad para llevar a cabo este evento.




