Mucho se habla del extractivismo como una forma de explotación a gran escala hacia los recursos naturales con fines de agotarlos hasta su existencia. Sin embargo, esta forma de explotación también puede verse atravesada en la vida cotidiana de muchas mujeres: desde los hogares, en la repartición de tareas domésticas, el cuidado y el trabajo emocional.
¿Cómo se relaciona el extractivismo con la violencia machista?
Tradicionalmente, lo femenino está asociado con lo emocional, lo natural y la sensibilidad. Eso mismo ha permitido que el cuidado se piense como algo instintivo para las mujeres. Aunque la feminidad no es intrínsecamente algo que viene de forma natural, se nos ha hecho pensar que sí lo es, partiendo desde una socialización patriarcal.
Hay todos tipos de extractivismo: extractivismo minero, forestal, pesquero, epistémico, económico, emocional y machista. El extractivismo, por su naturaleza, ya es una actividad masculina y heteropatriarcal, por ende machista y violenta.
El antropólogo Hernán Palermo afirma que la actividad hidrocarburífera, una forma de extractivismo, reproduce una masculinidad específica que tiene consecuencias sociales más allá de la explotación de recursos, sino contribuyendo a la masculinización de los territorios donde opera.
La filósofa y ensayista, Susan Griffin, explica este fenómeno de manera más detallada en su libro Mujer y Naturaleza: El rugido en su interior, destacando el siguiente punto: “La cultura occidental aprendió a mirar la naturaleza y a las mujeres con el mismo lente. Si algo es naturaleza, entonces es recurso. Y si es recurso, entonces puede explotarse.”
¿Por qué es importante hablar del extractivismo machista?
Este tipo de explotación no se limita a los campos, las tierras o las industrias extractivas. Se infiltra en la vida cotidiana, en los hogares, en las relaciones interpersonales y en las dinámicas sociales, produciendo y reforzando un orden global heteropatriarcal.
El extractivismo machista también se puede ver así:
- La imposición de roles de género
- La precarización de derechos
- La falta de reconocimiento
- La invisibilización del trabajo doméstico
- La desigual repartición de actividades
La lucha contra el extractivismo machista empieza por politizar la vida cotidiana. Si hablamos de esta problemática como un asunto personal o privado, o como una simple “exageración” por parte de las mujeres, solo pasa a ser una violencia normalizada.
No es normal que se impongan jerarquías de poder asimétricas, ni que se agoten los recursos hasta agotar su existencia. No es normal que los cuidados los sostengan solo una parte, ni que las mujeres sean percibidas como un recurso para explotar. Eso es explotación, eso es extractivismo machista.




