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miércoles, febrero 4, 2026

De política, una opinión / El debate en el PAN, ¿equivale a quiebra del partido?

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Hoy en día, encontramos todavía un aspecto de la apreciación de los partidos políticos que se sigue manejando en la opinión pública, alimentada por algunos medios de comunicación, igual a como se manejaba en la época priísta; el punto de referencia para estos medios, parece seguir siendo el PRI y la Presidencia de la República de los pasados tiempos políticos.

Los elementos fundamentales de aquella época eran dos: la unidad y la disciplina; ningún priísta, bajo estos dos principios políticos, podía disentir, o corregir, y menos contradecir, al presidente de la República (o en los estados, a sus gobernadores). Si no lo hacían en asuntos de gobierno, menos se lo permitían en asuntos internos del partido; quien lo hiciera, automáticamente era sancionado, y, si no corregía, era marginado y excluido.

Por lo general, las discusiones de los priístas eran totalmente encerradas y encubiertas, sin que trascendiera a los medios de comunicación; cuando los medios se atrevían a publicar conflictos internos del PRI, era porque el disenso había rebasado a los dirigentes del partido, y, consecuentemente, los medios manejaban la circunstancia como fractura o, en el peor de los casos, como quiebra del partido, presentando al disidente como inaceptable.

Es claro que tal disciplina, sencillamente era falsa y autoritaria, y no correspondía al desarrollo democrático de un partido político; también es claro que los medios de comunicación de la época “se acostumbraron” a aplicar esta forma de comportamiento a los otros partidos políticos, y, con ello, respondían muy bien a la utilidad de la falsa disciplina vivida en el PRI, que facilitaba la manipulación y el sometimiento de los militantes.

Es en este contexto –en que todavía algunos medios de comunicación siguen reproduciendo el anticuado criterio-, donde encontramos, en mi consideración, un importante valor del PAN –que también se observa en el PRD, aunque frecuentemente lo llevan al extremo de la anarquía-; después de la derrota de la elección del 1 de julio, el presidente Felipe Calderón habló de la necesidad de efectuar la refundación de su partido, a lo que respondieron algunos panistas contradiciendo tal afirmación.

Entre quienes se manifestaron en contra de la opinión del presidente, se encuentran dos senadores electos: Ernesto Ruffo y Javier Corral. Ruffo comentó que la petición de acelerar la renovación de la dirigencia nacional del PAN significa una asonada del calderonismo contra la estructura del partido y parece un abordaje de los derrotados que salen del gobierno (La Jornada, 5 agosto). Corral, a su vez, responde a Calderón que “muchas de las fallas que el presidente atribuye al partido fueron propiciadas por él” (La Jornada, 3 agosto).

Es aquí donde podemos apreciar que algunos comentaristas de los medios de comunicación hablan de la “quiebra” del PAN, como efecto del desastre electoral y la pérdida de la presidencia de la república; las opiniones del presidente de la república las ven y las exponen como el signo de la pulverización y desintegración del partido, y la pretensión de adueñarse de él (simultáneamente manejan que el próximo ex presidente saldrá inmediatamente del país, como si fuera posible hacer las dos cosas a la vez, al estilo del líder minero Urrutia).

El debate no significa, por lo tanto, fracturas o divisiones insalvables en un partido político; la existencia de grupos y corrientes de pensamiento político al interior de los partidos, es natural y también necesaria su existencia, no obstante que todavía, en algunos casos, les es difícil convertirlos en activos de la unidad partidista para el enlace con la sociedad.

Ante el escenario actual que vive el PAN, y entre varias preguntas-insumo del debate que sostienen públicamente, en el que participa el presidente Calderón, están dos: ¿cuáles fueron las condiciones que hicieron que el partido perdiera la elección? y ¿cuáles son los efectos naturales que tiene un partido que pierde la Presidencia de la República?

Es así, entonces, que discutir y debatir estas respuestas, y las de muchas otras preguntas, no significa, en un partido que vivencializa la libertad y la democracia, su destrucción o quiebra; la secuencia mostrada esta semana por los actores panistas de los dos puntos en discusión –si acelerar o no, tanto las conclusiones del diagnóstico de la derrota como la renovación de los mandos nacionales– la considero interesante en el sentido de superar los tiempos de la falsa disciplina autoritaria, emulada por el PRI y mantenida por algunos comunicadores como criterio para calificar partidos políticos, para poder pasar a desarrollar en nuestra cultura política la libertad para expresar puntos de vista y debatir abiertamente sobre ellos, sin que nos autodestruyamos.

La secuencia observada indica la evolución de opiniones que se van intercambiando para llegar a puntos de consenso y de acuerdo; “si la palabra ‘refundar’ está causando escozor, incomodidad o hasta división, la retiro (dice el presidente Calderón). Si el tiempo de la asamblea, que es necesaria, también está siendo motivo de división y hasta de conflicto, olvídense” (La Jornada, misma cita).

Es así como también se resuelve el alejamiento que muestran los partidos respecto de los ciudadanos; cuando las críticas de éstos –incluidas las de los comunicadores- son menospreciadas o pasadas por alto por los actores políticos, es natural el distanciamiento (el ejemplo extremo lo dio el gobernador panista de Jalisco, cuando “mentó la madre” a los ciudadanos que cuestionaron su apoyo a la iglesia, en lugar de haber buscado una explicación y un entendimiento).

Por lo pronto, las expresiones panistas para llevar adelante su cambio y reestructuración interna con la participación de los diferentes grupos, y su disposición para trabajar en el próximo Congreso de la Unión para sacar adelante reformas que requiere el país –aunque el PRI las haya bloqueado y ahora las proponga-, buscando alianzas para ello con cualquier partido, hablan de un buen nivel de debate y participación, que evitará el aislamiento como frustración de la derrota electoral.

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