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lunes, febrero 2, 2026

Extravíos / Dissent: sesenta años de una utopía para escépticos

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Pocos aniversarios tan inusuales y al mismo tiempo tan celebrables como el de la revista Dissent. Hace sesenta años un puñado de intelectuales neoyorkinos -Irving Howe, Lewis A. Coser, Henry Pachter, Mayer Schapiro y otros más- decidieron realizar una revista de análisis y comentario político, social, económico y cultural. Hasta aquí nada inusual tratándose de intelectuales y neoyorkinos ya que, como bien ironizó el mismo Howe, “cuando los intelectuales no pueden hacer algo más, inician revistas.”

El primer aspecto inusual, inusualmente audaz, fue que se trataba de abrir una revista de izquierda democrática en los años que Lillian Hellman llamó los años canallas, los años de las persecuciones macarthistas, pero también los años de la abulia liberal y el estalinismo realmente insistente.

En el primer número de la revista, correspondiente al invierno de 1954, los editores declararon sus intenciones. “El propósito de esta nueva revista está sugerido en su nombre: disentir de la sombría atmósfera de conformismo que prevalece en la vida política e intelectual de los Estados Unidos; disentir del apoyo tan notorio al status quo de parte de muchos antiguos radicales y socialistas; disentir de la terrible suposición de que una nueva guerra es necesaria o inevitable, y de que la única manera de vencer al estalinismo es por medio del suicidio atómico.”

Los editores también procuraron identificar la tradición intelectual en la que querían inscribir su proyecto: “El acento de Dissent será radical. Su tradición será la del socialismo democrático. Trataremos de reafirmar los valores libertarios del ideal socialista y, al mismo tiempo, discutir libre y honestamente que de la tradición socialista se mantiene vivo y que necesita ser descartado o modificado.”

En tanto procuraba participar en la plaza pública para dar un nuevo aliento a esta tradición de izquierda (rejuveneciéndola, repensándola) y combatir la ofuscación y mala leche que aportaban en dosis semejantes la paranoia y el anti-intelectualismo de la derecha, la autocomplacencia de los liberales y el sectarismo dogmático de la izquierda, Dissent era -y sigue siendo- más una empresa intelectual y moral que una propuesta partidista, más una decidida validación del pensamiento independiente que una guía para el activismo, más una reivindicación de la autonomía individual y la resistencia personal que una propuesta de política de línea de masas y, en fin, más una resuelta expresión de la convicción de sus editores de que la política es -o puede ser- una actividad decente orientada a edificar una utopía modesta, o en palabras de Howe, “una utopía para escépticos, una utopía firmemente democrática que quiere seguir diciendo que la dignidad es lo opuesto a la humillación.”

Lo suyo, entonces, ha sido participar en las diferentes batallas culturales que han tenido lugar en las últimas seis décadas, dando por entendido de que era indispensable que en esa zona de beligerancia, en esa zona donde las ideas entran en conflicto, la voz de los socialistas democráticos debería ser escuchada y tomada en serio.

El segundo aspecto inusual de esta empresa ha sido su permanencia. A lo largo de seis décadas Dissent se las ha arreglado para mantener la entereza, inteligencia y sensibilidad necesaria tanto para sobrevivir en un campo minado como lo es, por definición el de las batallas culturales, como para mantener vigente su temperamento disidente.

El paisaje político cultural de los Estados Unidos en las últimas seis décadas ha sido, en efecto, cualquier cosa menos plácido. De la lucha por los derechos civiles a la llegada de Obama a la Casa Blanca, de la guerra de Vietnam a las de Afganistán e Irak, del fin de las ideologías a la asimilación de la contracultura en el mercado, de la crisis del Estado de Bienestar a la quiebra económica de 2008, de la crisis de los misiles al colapso del comunismo, del activismo feminista al ascenso de la mojigata nueva derecha, por sólo mencionar un puñado de tópicos, en estos años se exigió una y otra vez tanto la toma de postura como el sostener una actitud reflexiva, sensata y, claro, disidente ahí donde era y es necesario.

En este sentido, y más allá de que se compartieran o no sus premisas o conclusiones, la trayectoria de Dissent ha sido ejemplar, esto es ha dado un lúcido ejemplo de lo que representa ser, en un país como Estados Unidos, lo que Michael Walzer llama una izquierda decente, responsable, reflexiva y sensible social y culturalmente.

Creo que detrás de este hecho explica, en parte, las insalvables distancias que Dissent ha tenido no sólo con la tribu de neoconservadores sino también con grupos como los escritores de la generación Beat -plenos de anti-intelectualismo y vitalismo narcisista- o la extrema izquierda que, desde los campus universitarios, ha pretendido hacer una revolución. En todo caso al transitar por las páginas del Dissent uno tiene la certeza de estar recorriendo una de las más honorables trayectorias no sólo del pensamiento de izquierda y liberal en Estados Unidos, sino de la historia cultural e intelectual de este país.

En febrero de 1963, en una breve nota donde celebraba los veinticinco años de la revista The Partisan Review, -revista con la que Dissent guarda varias semejanzas- Howe escribió que para una pequeña revista el cumplir un cuarto de siglo equivale a que un hombre sobrepase los cien años de la vida… “no importando -añadió- que tan  arrugado o curvado pueda estar ahora.”  Con estas escalas, es digno de celebrar que Dissent haya cumplido en estos días, 240 años y, además, que lo haya hecho sin verse arrugada ni doblada sino, más bien, lista para seguir nadando contra la corriente y mantener viva esa modesta utopía, ese tan necesario margen de esperanza que requiere la dignidad.

Nota de las fuentes. Las dos primeras citas de Irving Howe provienen de A Margin of Hope. An Intellectual Autobiography (Secker & Warburg, 1986), la tercera de su artículo PR publicado en The New York Review of Books, en la edición del 1 de febrero de 1963. La referencia de Walzer se encuentra en su ensayo Can There Be a Decent Left? publicado en Dissent, en el verano de 2002.

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