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jueves, febrero 5, 2026

Carta para mis alumnos abogados/ Así es esto 

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Desde que ingresan a la carrera, lo mismo estén en primero, quinto o noveno, ya son abogados. Estudian, interpretan y aplican la ley; luchan -literalmente abogan- por la justicia y la legalidad. También pues, el 12 de julio, es su día, y para celebrarlo me permito escribirles esta carta. Debería iniciar con alguna frase motivacional, tal vez los mandamientos del abogado de Couture: estudia, piensa, trabaja, lucha, sé leal, tolera, ten paciencia, ten fe, olvida y ama tu profesión… pero me parece que los conocen de sobra, son afiches de juzgados, adornos en despachos, lugar común de discursos; tal vez debería citar (siempre lo hago) lo que a su vez cita Molierac en su libro Iniciación a la abogacía: “Preguntaban un día a Paillet qué cualidades debía reunir un abogado para ser cabal: ‘Dad a un hombre, respondió, todas las cualidades del espíritu; dadle todas las del carácter, haced que lo haya visto todo, aprendido todo y recordado todo; que haya trabajado sin descanso durante treinta años de su vida; que a la vez sea literato, crítico y moralista; que tenga la experiencia de un anciano y el empuje de un joven, con la infalible memoria de un niño; haced, por fin, que todas las hadas hayan venido sucesivamente a sentarse al lado de su cuna y le hayan dotado de todas las facultades y quizás, con todo ello, lograréis formar un abogado completo’”. 

Pero no, no quiero festejar este día con elogios, valores o ideas de virtud y ética. Quiero hacer referencia a lo antagónico, a lo que piensan los enemigos de los que defendemos la justicia, de esos que nos ven como terribles ogros, leguleyos oportunistas, mercenarios al mejor postor, apóstatas de la justicia o mercaderes de la posverdad. Por ejemplo, en Los Miserables dice Víctor Hugo, respecto de los abogados, cuando Juan Valjean va al tribunal: “Es cosa que oprime el corazón ver esos grupos de hombres vestidos de negro, que hablan en voz baja a la puerta de la sala del tribunal. Es muy raro encontrar caridad y compasión en sus palabras; en cambio se encuentran condenas anticipadas. Tales grupos se presentan al que los observa como sombrías colmenas, o como espíritus zumbantes que construyen en común toda clase de edificios tenebrosos.”

 El jurista, como símbolo de muchas calamidades, durante siglos ha habido pesimismo por la ley. Contextualicémoslo, ahora, en nuestro país donde el mayor problema es la falta de un estado de derecho, el desánimo nacional hacía la legalidad nos impacta directamente a nosotros los abogados, entonces, si la opinión pública es que, hay corrupción y no impera la ley ¿De qué sirve luchar todos los días por una sentencia correcta? ¿Por un derecho humano? ¿Por una escritura que permita dar seguridad? ¿Por un servicio público que auxilie a los ciudadanos? ¿De qué sirve estudiar años y años derecho, si tenemos un presidente que desprecia la norma si no es a su contentillo? Como diría Paco Ignacio Taibo II, en su novela Desaparecidos Difuntos: “…ahora sé para qué sirven en México ocho años de estudiar derecho. Para nada. Para una puta, reverenda y celestial chingada”. Pesimismo ante el estado de derecho, desacreditación de la profesión, falta de profesionalismo público, claro, siempre hay abogados mercenarios. A esto se enfrentan y se enfrentarán en el ejercicio de su carrera.

No, no es desanimarlos, como nóveles abogados, es decirles que, a pesar de estos retos gigantescos, de los enormes molinos de viento que nos acechan, debemos seguir de pie como abogados que luchan por la legalidad y la ética, como quijotescos caballeros, a veces lidiando con el cliente, otras con los jueces, en ocasiones con los colegas (espero que las menos ¡con sus profesores!). Su pelea es por la legalidad y la justicia, por ello, quiero recordarles que su papel es de ser Sanchos del Quijote, fieles escuderos de los valores a que aspira el derecho; entonces, como dijo el caballero de la triste figura cuando partió su compañero a la Isla de Barataria, debo recomendarles que: “Si acaso doblares la vara de la justicia, no sea con el peso de la dádiva, sino con el de la misericordia”. Feliz día colegas. 

rubendiazlopez@hotmail.com

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