El banquete de los pordioseros
Pierre Boulez
Hablamos de un músico muy adelantado a su época con un impacto incuestionable en el contexto de la música contemporánea. Pierre Boulez era un músico en toda la extensión de la palabra, director de orquesta, compositor, pedagogo, teórico musical, con ideas muy vanguardistas en cuanto a cómo hacer y entender la música.
Fue un niño prodigio, antes de terminar la primaria ya era un notable pianista, cantaba en el coro de la escuela y tocaba música de cámara con músicos de su pueblo natal, en las orillas del río Loira, en el centro de Francia. Como estudiante del Conservatorio de París, tomó clases de armonía con Oliver Messiaen, de contrapunto con André Vaurabourg, quien más tarde sería esposa del compositor suizo Arthur Honneger, y la técnica dodecafónica la estudió con René Leibowitz, pero más allá de su formación musical, desde el punto de vista académica y erudita, vale la pena considerar sus intereses musicales que son los que, finalmente, lo definieron como uno de los más importantes exponentes de la música contemporánea.
Como compositor resulta verdaderamente complejo poder definir su estilo, escapa a cualquier intento de clasificación, siempre explorando nuevas texturas musicales, llegando incluso a revolucionar la composición empleando técnicas como el serialismo integral, una técnica que surgió como consecuencia casi natural del dodecafonismo o música serial propuesta por Arnold Schöenberg a principios del siglo XX, y de este recurso llamado serialismo integral encontramos como máximos exponentes, además de Pierre Boulez, al compositor alemán Karlheinz Stockhausen, cuyo lenguaje musical también representó una de las más importantes revoluciones musicales en el siglo XX.
Entre las obras más destacadas de Pierre Boulez podemos contar Tres Salmodias para piano, una obra que generalmente se encuentra fuera del catálogo de sus obras, la verdad, ignoro la razón, y con esta misma suerte de estar fuera de catálogo encontramos sus Variaciones para Piano, estas dos composiciones son de 1945. Ese mismo año, y también fuera de catálogo, está el Cuarteto para Ondas Martenot, con evidente influencia de su maestro de armonía, Olver Messiaen, no sólo por el uso de las ondas Martenot, sin en general por el discurso musical que emplea en esta partitura.
Dentro de la música de cámara es importante mencionar la Sonatina para flauta y piano que el maestro compuso en 1946. En este mismo contexto de la música de cámara podemos mencionar también la Sonata para dos pianos con fecha de 1948 pero que posteriormente realizó una versión para cuatro ondas Martenot, revisión que está fuera de catálogo. Asimismo encontramos una obra que a mí me parece impresionante, Polyphonie X para 18 instrumentos solistas, igualmente, fuera de catálogo, y que fue compuesta a principios de la década de los 50.
En la música vocal son igualmente muchas sus composiciones, pero es importante mencionar Le Soleil des Eaux, para soprano, coro mixto y orquesta, se trata de dos poemas musicalizados del poeta René Char, por lo que podríamos considerar esta obra como una suerte de Lled con algunas modificaciones de acuerdo al concepto original del lied propuesto por Franz Schubert en pleno romanticismo musical en el siglo XIX.
También en la música vocal es importante citar Oubli signal Lapidé para doce voces, se trata de una obra que hasta este momento permanece inédita. Otra obra vocal es Le Marteau Sans Martré, o El Martillo sin Dueño, obra escrita para contralto, flauta, viola, guitarra vibráfono, xilorimba y percusión.
En lo que a música orquestal se refiere podemos citar algunas obras importantes en su producción, por ejemplo, Figures-Doubles-Prismes para gran orquesta, que el maestro compuso entre 1957 y 1958, con una revisión en 1968. También está Pli Selon Pli Portrait de Mallarmé, escrita para soprano, arpa, vibráfono, celesta, piano, percusión y orquesta que compuso en 1962 con una revisión posterior, fechada en 1989.
Finalmente, como buen músico contemporáneo e interesado en formas de expresión musical nada convencionales, tuvo algún acercamiento con la música electrónica, y en este contexto podemos citar Poésie pour pouvoir, una obra compuesta para tres orquestas y cuatro cintas magnéticas, obra que el maestro compuso en 1958, entiendo que este tipo de recursos musicales actualmente pueden resultar anacrónicos, considerando las posibilidades de la tecnología, pero estos avances tecnológicos definitivamente inhiben drásticamente el espíritu creativo. Cierto estoy de que la tecnología jamás podrá sustituir la magia de una ejecución musical, ni el muy humano proceso de composición.
Finalmente, como director de orquesta, quizás la actividad en la que es más conocido, quisiera destacar su trabajo realizado en la obra Perfect Stranger que Frank Zappa compuso y grabó en 1984 con el Ensamble Intercontemporáneo y la dirección del maestro Pierre Boulez, este trabajo es particularmente importante por el encuentro de dos grandes músicos del siglo XX que aparentemente están ubicados en aspectos musicales muy distantes, pero, como sabemos, la música a partir de los años sesenta se ha estrechado significativamente anulando todas las diferencias y acercando las distancias, así vemos cómo el rock, el blues o el rock se han acercado insistentemente a la gran música de concierto, o viceversa con resultados muy satisfactorios. En este caso del disco Perfect Stranger, obras de Frank Zappa que, si bien es un músico que ubicamos sin dificultad en el contexto del rock con tendencias muy experimentales, y obedeciendo precisamente a este espíritu experimental, es que invita a Pierre Boulez a dirigir su obra musical. Este trabajo también es conocido como Boulez Conducts Zappa, y es, como decíamos, el encuentro de dos gigantes de la música contemporánea, obra muy recomendable si no tenemos miedo de alejarnos significativamente del panorama convencional de la música. Hoy recordamos a Pierre Boulez a diez años de su muerte, el 5 de enero de 2016.




