El Banquete de los Pordioseros
El medio tiempo del Super Bowl
Tenía pensado compartir contigo, amigo melómano, algo sobre algunos de esos grandes discos de rock que se publicaron hace cincuenta años, en 1976, y proponerte un festejo por ese cincuentenario de algunos grandes discos que han definido el curso de rock, pero ya habrá ocasión de hacerlo, por lo pronto, hoy quisiera compartir contigo mi frustración y mi desencanto surgido a consecuencia de la conclusión de la temporada de football americano, el medio tiempo del Super Bowl, que se celebra este domingo 8 de febrero en Santa Clara California, es verdaderamente patético.
Siempre, al menos desde mi adolescencia, he sido un ferviente aficionado al football americano, es uno de mis tres deportes favoritos, junto con el tenis y el automovilismo, concretamente la Fórmula 1, y este juego tiene especial importancia para mí, juegan mis Patriotas, así que lo veré, y en el medio tiempo habrá ocasión de ir al baño, preparar la botana, y ocuparme de cualquier pendiente, cualquier cosa, lo que sea, es mejor que ver esta soberbia, majestuosa e inmaculada ridiculez, por decir lo menos, no entiendo qué hace ese sujeto ahí, me queda claro que es una muestra de la decadencia y pérdida de valores que padecen los tiempos que nos tocaron vivir.
Y créeme que intenté, hice lo posible por eludir el asunto, finalmente, ¿qué ganamos?, nada, absolutamente nada, las cosas no van a cambiar, muchos se han ocupado de este tema, han hecho críticas muy certeras y rebosantes de razón, ya sea desde el anonimato, o bien, desde tribunas con verdadero poder de convocatoria, pero ¿para qué? Nada va a cambiar, todo va a seguir igual, es parte de una agenda, de un plan perverso destinado a distorsionar, a desvirtuar toda nuestra estructura de valores con la intención de hacerlos ver como algo desgastado y obsoletos, imponiéndonos la idea de que si no nos integramos a este rebaño sumiso, somos intolerantes e irrespetuosos, porque sólo ellos tienen el derecho de ser intolerantes e irrespetuosos con quienes tenemos la osadía, no sólo de pensar diferente, sino simplemente de pensar.
Es contradictorio, nunca en la historia de la humanidad habíamos estado tan cerca de la información como ahora, tenemos acceso a todo, o casi todo, en nuestros dispositivos electrónicos, todos los libros del mundo podrían caber en un aparato que podemos guardar en el bolsillo del pantalón, y sin embargo, nunca como ahora estamos tan voluntariamente lejos de los libros, de la información útil, y con toda esa capacidad de nuestros dispositivos, mucha gente se contenta sólo con ver un video de una mujer bailando con poca ropa, o ante la posibilidad de acceder sin el menor problema a todo el imponente corpus sinfónico de Mahler, de Bruckner, del inmenso Beethoven, de las Cantatas de Bach, o de grabaciones como el Bitches Brew de Miles Davis, o la discografía de Return to Forever, entre una inmensidad de música para la cual no tenemos suficiente tiempo, muchos se conforman, porque esa es la palabra, conformarse, con un sujeto balbuceando sandeces que denigran a la mujer y que bien podríamos identificar como verdadera pornografía auditiva, y lo peor, con la complacencia y complicidad de muchas mujeres que bailan felices este aberrante sonidero, que no es música, y tristemente, este tipo de tendencias son las que están marcando el fluir de esta generación que se descompone y se infecta en eso que algunos necios llaman progreso.
Así sucede con estos pseudocantantes, y lo menciono con la más enfática intención peyorativa para referirme a esos que ganan un dineral por pretender emitir un canto, pero que están muy lejos de lograrlo, pero qué responder a un plan, a una agenda que pretende eso, desdibujar, desfigurar nuestro esquema de valores.
Me pregunto si alguien, en su sano juicio y con un verdadero conocimiento de causa, podría realmente pensar si personajes como Bad Bunny, hasta trabajo me cuesta escribir el nombre con el que se le identifica en el “show bussines” que no necesariamente está relacionado con el arte, tiene los méritos para ser invitado a participar a un evento como es el medio tiempo de un Super Bowl, o si realmente merece ganar un premio Grammy, ya sabemos que los Grammys no premian exactamente la calidad, sino a quien conviene premiar, pero lo cierto es que el Super Tazón había mantenido siempre un estándar de prestigio con artistas como Paul McCartney, The Who, Rolling Stones, U2, Madonna, bueno, hasta Prince o Michael Jackson, que en lo personal no me gustan, fueron espectáculos de primer nivel y dignos de estar ahí, pero este año las cosas han llegado a un extremo preocupante, porque no es sólo un exponente que carece en absoluto de calidad, sin el menor mérito para que eso que hace, que no es música, sea difundida, no sólo es un reconocimiento a la mediocridad y a la insensatez, y por insensatez entendamos necedad, falta de sentido o de razón, sino que es una imposición, nos están diciendo qué es lo conviene que consumamos, nos imponen modelos confiando que la mayoría ignorante deberá seguir sin cuestionar, y no sólo seguir, sino defender con ferocidad, nos pretenden imponer un tipo de sonido, insisto, que no es música, realizada sin instrumentos musicales, sólo con trucos de la tecnología, sin líneas melódicas, sin letras inteligentes, todo se reduce a balbuceos que reducen el sexo al contexto animal, es la celebración de la disonancia, el triunfo del facilismo mediocre sobre la música elaborada y la majestad de la poesía, es, en fin, la imposición de la decadencia como valor universal. Que Dios nos libre.




