Cátedra
Aportaciones para la historia de la UAA Serie III-13
Semblanza del autor
ADIÓS, SENADURÍA. Si bien yo no era miembro de ningún partido político, tenía buenas relaciones con los directivos del PRI desde que Enrique Olivares Santana, gobernador del Estado, me invitaba a participar con alguna intervención en los actos cívicos y otras actividades que se realizaban, sobre todo en los municipios que es a donde me interesaba ir y que yo aprovechaba para actualizar la Geografía del Estado de Aguascalientes de mi padre con vistas a una nueva edición.
Menciono esto, porque fue cuando me enteré que el rector, cuya ideología nada tenía que ver con la de los estatutos del PRI, ya tenía asegurada la candidatura para el cargo de Senador por el Estado de Aguascalientes, pues había aprovechado muy bien su participación en la reunión masiva que los directivos de las instituciones de enseñanza superior habían organizado dos meses antes en apoyo a López Portillo al ser declarado candidato del PRI a la Presidencia de la República, que fue precisamente cuando le hizo la invitación para visitar la UAA cuando iniciara su campaña.
Por eso supe que, sin siquiera imaginármelo, había frustrado sus pretensiones políticas cuando denuncié, precisamente ante el candidato a la Presidencias de la República -que para rematar era profesor universitario y conocía perfectamente el contenido del concepto “autonomía”- las maniobras anti-universitarias que quiso utilizar el rector para fortalecer su imagen, cuando las dejé al descubierto en el mitin “académico” que tanto esfuerzo le había costado organizar.
LA VENGANZA. Pasaron los meses de diciembre de 1975 y enero de 1976 y el señor rector no daba señales de vida. Creímos que había aprovechado el tiempo de vacaciones para reponerse de la bilis, pero no. Después de devanarse los sesos sin encontrar la forma de vengarse a nivel local, tuvo la gran idea de ir a la ciudad de México a entrevistarse con dos altos funcionarios:
Uno de la Cadena de periódicos García Valseca para gestionar la destitución del director del periódico El Sol del Centro, por el delito que cometió al publicar el texto de mi discurso en el Suplemento Cultural del Domingo siguiente a la “sesión académica” de referencia.
La otra visita fue al Instituto Mexicano del Seguro Social para solicitarle a la profesora Griselda Álvarez, titular de la Jefatura de los Servicios de Prestaciones Sociales, el mismo castigo para mí por el hecho de haber pronunciado el discurso de referencia, si bien tuvo que reconocer que no lo pronuncié en mi carácter de responsable de los servicios de Prestaciones Sociales del IMSS en Aguascalientes sino como profesor de la Universidad, de la cual el rector era él.
Yo no sé cuál fue la respuesta final de la profesora, pero me la imagino porque vino personalmente a supervisar minuciosamente las actividades bajo mi cargo, regresándose muy complacida al comprobar la razón por la cual mi área de trabajo tenía una de las mejores calificaciones de la República; a mí no me mencionó palabra alguna sobre la visita del rector; de eso me enteré después. Como quién dice, “encárgate de tus asuntos que yo me encargo de los míos”,
Al ver que las maniobras ocultas no le dieron resultado, no tuvo más remedio que optar por las abiertas; no contra todos los que de una u otra forma manifestaron su rechazo, sino contra el más visible: el autor del discurso, a quien con golpes bajos porque no había fundamento legal alguno, le impidieron desarrollar sus actividades magisteriales al retorno de las vacaciones.
TRES DÍAS DE PLAZO. Y como no logró encontrar otra forma de vengarse, no tuvo más remedio que hacerle frente al problema como rector de la UAA y el día 7 de febrero de 1976 me hizo llegar una carta fechada día 6, en la que me daba un plazo terminante de tres días para que le diera una explicación de las razones por las cuales había pronunciado el discurso del 5 de diciembre. Dicha carta contenía también la firma del secretario general de la UAA, Guillermo G. G. Ballesteros G.
Es decir que después de no solo presenciar, sino de presidir oficialmente el acto en que pronuncié el discurso del día 5 de diciembre pero cuyo contenido no escuchó o no fue capaz de comprender ni allí ni en el transcurso de dos meses a pesar de contar con el texto completo publicado en el periódico -así como con la videograbación que la propia rectoría realizó de todo el evento, misma que hubiera utilizado yo como prueba en caso de que no la autosecuestraran- con una urgencia amenazadora me conminaba para que se lo explicara en el plazo perentorio de tres días.
Pero como yo no soy ningún genio ni nada por el estilo, al considerarme incapaz de hacerle comprender en tres días lo que no logró comprender en dos meses, simplemente dejé su misiva sin respuesta pues consideré que no tenía caso volvérselo a explicar.
DESTITUCIÓN EN PROCESO. Lógicamente, el secretario general Guillermo G. G. Ballesteros G. procedió a dar el siguiente paso al hacerme llegar un oficio fechado el 19 de febrero de 1976, con el que anexó “…la resolución dictada por el C.C.P. Humberto Martínez de León, rector de la Universidad Autónoma de Aguascalientes…” integrada en cinco hojas a renglón seguido plagada de calificativos sin sustento, con el título de ANTECEDENTES divididos en cinco apartados que, sin salir del capítulo Antecedentes, concluye resolviendo mi destitución de todas mis cátedras, sin especificar cuántas ni cuáles eran, por dos causas concretas:
1.- El haber pronunciado un discurso el día 5 de diciembre de 1975
2.- La publicación del mismo en el diario El Sol del Centro.
Ambas acusaciones, garantizadas como derechos ciudadanos por la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.
La semana próxima concluiremos esta lamentable etapa de la historia de la Universidad Autónoma de Aguascalientes, que algún día será debidamente juzgada.
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“Por la unidad en la diversidad”




